“Hay regulaciones muy estúpidas del Gobierno”

Pety, cantante de Riddim, recuerda los orígenes de la banda, los momentos que lo marcaron, difunde el mensaje del reggae de amor, paz, unidad y respeto, hace un balance de ser independiente o firmar con un sello, se pregunta cuáles son los fines de algunas clausuras de locales y anticipa el próximo videoclip.

Riddim, nombre surgido del patrón rítmico del reggae, fue la consecuencia de una respuesta. El Pety, fanático de Sumo, antes de un recital, le pidió a Luca Prodan que tocara más reggae. El pelado, fiel a su estilo, lo paró en seco: “Si querés reggae, hacete una banda vos”.  “Y me quedó acá”, recuerda señalándose el medio de la frente.

Después de muchos recitales, a fines de los ’80, “la época dorada del Rock Nacional”, hicieron una banda de amigos que tocó un par de veces en vivo y se disolvió. A principios de los ’90, bajo la influencia de las bandas de Reggae que llegaron a la Argentina, formaron otra en la que Pety tocaba la batería y hacían temas de Sumo y Bob Marley. Finalmente, en 1996, post viajes a Jamaica y Londres, se formó Riddim y se subió al escenario por primera vez.

Fueron marcados a fuego por una situación que les tocó: La hermana de Jorge García Barrera, seguidor de la banda que fue asesinado de gatillo fácil por defender a su novia de la policía, leyó la letra de Remando, una canción del disco homónimo, a todo el pueblo:

“…Puedo pararme sin temor a caerme

Puedo mirar fijo a los ojos que me juzgarán

Luz que me guías mantenme firme en este mar

Muchos se bajan, pero yo voy a continuar.

Lejano horizonte

Seguiré remando…”

Se meten en más temas complicados y opina que Cromañón hundió al rock y lo llevó hasta el segundo subsuelo, que el de las bengalas no es el mensaje que hay que dejarle a la juventud, sino el de “amor, paz, unidad y respeto”, principio fundamental del Reggae.

¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando pensás en Reggae?

Cada cual lo interpreta como quiere. Algunos toman sólo el ritmo. Otros, el ritmo y el mensaje. En su época dorada, tenían un mensaje muy positivo, hablaban del rastafarismo. Hay quien se identifica y quien no. En un principio entrás por la música, pero después traducís las letras y te atraen. No hablan de palmeras, sino de cosas copadas. Eso es lo que nosotros intentamos hacer con Riddim. No cantar giladas. Hablar de amor, paz, unidad, respeto.

¿Te acordás de los primeros ensayos de Riddim?

En esencia la banda es la misma. Hay integrantes que ya no están, que siguieron su camino porque quizás no se bancaron nuestra forma de laburar, lo de ser independientes. Pero todos los que pasaron son exitosos en lo que hacen ahora de Reggae: Hugo Lobo es el trompetista y líder de Dancing Mood, El Mono Alejandro Avellaneda es baterista ahí mismo, Cebolla Paradisi. Todos se abrieron camino en la música. Nos cruzamos en los shows y está todo bien.

¿Qué relación tienen con otras bandas de reggae locales?

Buenísima. Todos somos muy amigos. Tocamos con todos los que te imagines. Es una gran familia. Al principio, unas bandas eran público de las otras. Somos amigos, como de Guillermo Bonetto de Los Cafres, que sabe muchísimo del género. Logró algo buenísimo que es transformar la forma de cantar en español, que por la métrica es muy difícil. Él, como muchos otros, no aflojó ni bajó los brazos cuando el reggae era un círculo muy chico.

Hablabas de no romper las raíces del reggae. ¿Cantar en español no es quebrantarlas?

En esta época, siendo blancos, estamos haciendo todo al revés. Es como los japoneses que hacen tango. Sin embargo, uno hace lo que hace con mucho respeto. Tratamos de seguir los patrones que tiene esta música para componer y sobre todo para decir cosas. El reggae es folklore jamaiquino, como el Ska, Caliso, el Dub, el Mento, el Rocksteady.

Acá te enseñan a tocar como Spinetta, no como Chinna Smith. Los músicos tienen que escuchar cómo tocan unos, cómo tocan otros. Creemos que está todo inventado.

Te mostrás reacio a mezclar géneros.

Eso es una apreciación personal. A veces se me cataloga de purista. El reggae nació en los ‘70 y es uno sólo. Para mí. No mezclaban ritmos. Es un recurso muy facilista. Todo el mundo quiere ser Mano Negra. Yo escucho siempre reggae porque me hace feliz. Descubro cosas nuevas, pero en el reggae. Es como cuando vas a una pizzería y pedís siempre napolitana porque es la que te gusta.

¿Creés que cambió el mensaje?

Evolucionó todo. Algunas cosas se bastardearon y hasta perdieron musicalidad. Me pueden catalogar de tipo cerrado, pero es lo que me gusta. Ni siquiera lo jamaiquino de los años 2000 me gusta. Absorbieron mucha de la porquería del Sur de Estados Unidos. Son otras culturas y cambió. Ya no hay bandas con la forma de componer de los ’70. Teclados al frente, melodía de los vientos y coros, bajo y batería poderosos. Ahora los bateristas ya ni tocan en los discos, usan máquinas.

Hasta el 2008 fueron independientes. Después firmaron con un sello. ¿Qué beneficio le ves?

Sonar en las radios. Riddim nunca había sonado más que en alguna independiente.

¿Y perjuicios?

Cedés tu arte. Tu disco es de ellos. Tienen control de cómo moverlo, cómo elegir quién graba tu video.

Pero nosotros ya tenemos 6 trabajos en la calle. Se hace difícil componer, ensayar, tocar, y además reponer discos, reeditar… Ellos tienen la estructura para eso. No le podemos pedir al manager que nos consiga combis, que reúna a todos, busque fechas y a parte se ocupe de la venta. Tampoco nos gusta hacer eso. Nosotros queremos componer y tocar.

¿En lo artístico cambió algo?

Sigue siendo Riddim. Y va a seguir siéndolo.

¿Cuándo sale el video que compusieron?

Dicen que a fines de diciembre. Lo filmamos en Villa Paranacito, Entre Ríos. Siempre tocando… pero no lo quememos, esperemos a que lo vea la gente.

El 16 de octubre tocaron  en el Pepsi Music. ¿Qué rescatás de la fecha?

Fue mucha gente a ver exclusivamente reggae. Compartís cartel con otras bandas locales. Dimos lo mejor en esta fecha como si hubiéramos ido al circo de San Justo. Lo disfrutamos a full porque había mucho público, pero la energía aparece y se va porque el tiempo es muy acotado. Cuando te querés acordar, estás abajo del escenario mirando a otra banda.

¿Del día que telonearon a The Wailers qué recordás?

Fue como jugar un picado antes que juegue Maradona. Los ves arriba del escenario con 60 años y sigue con la misma energía, la misma cadencia, la misma vibra.

¿Qué fechas se vienen?

El 23 de diciembre cerramos el año en La Trastienda, que suena muy bien, es muy íntimo. Es uno de los dos o tres lugares copados de Capital para tocar.

En el último mes, músicos se movilizaron a la Jefatura de Gobierno para pedir que no se cierren más locales. ¿Coincidís?

Coincido en que hay regulaciones muy estúpidas. Ya no existen lugares para 150 personas. Nosotros sufrimos eso en una época, después de Cromañón, porque no llegábamos a 500 personas. Tocábamos en El Dorado y lo cerraron porque la terraza tenía piso de madera. El Gobierno tampoco le da lugar al arte. No hay festivales al aire libre en plazas.

Nosotros no estamos afiliados a ninguna organización, pero sí estamos interesados en que se abran más lugares para tocar, que solventen a las bandas y haya más recitales al aire libre.

Para escuchar y estar al tanto de las novedades:

www.riddim.com.ar

www.myspace.com/riddimreggae