El hombre que echó a Bielsa

Segovia es el nuevo presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Chilena. Su llegada hizo que Bielsa renunciara a su cargo. Potencializando la privatización de la pelota, este empresario tiene un enorme curriculum en el mundo de los negocios.

Jorge Segovia bajó de su avión en pleno Santiago de Chile y empezó a lanzarse con voracidad frente a todo lo comestible para el mundo de los negocios: la educación, el fútbol y la privatización de los clubes. Ahora el que lo sufrió fue Marcelo Bielsa, quien tuvo que renunciar luego de conseguir la mejor campaña en los últimos 50 años del país trasandino, luego de que las políticas que impulsa el empresario español se impusieran por sobre el deseo del pueblo.
El empresario español Jorge Segovia fue electo como presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) de Chile por seis votos de diferencia. Como ya había anunciado días antes, Marcelo Bielsa renunció a su cargo de director técnico de la Selección Chilena al no poder seguir con la conducción que tan buenos resultados, tanto deportivos, sociales y económicos, había conseguido para ese país de la mano del anterior mandatario, Mayne Nicholls.
Las políticas privatistas chilenas se empezaron a ver por el 2006 cuando el por entonces senador y hoy presidente Piñera, impulsara la conversión de los clubes en sociedades anónimas. El impacto fue tan profundo, que el negocio se posó por encima del sentimiento y de la pasión, que generó que el fútbol chileno se rodeara de empresarios que tenían la intención de comprar equipos completos.
Marcelo Bielsa revolucionó al fútbol chileno, sin lugar a duda. De clasificarse últimos en las eliminatorias para el mundial de Alemania 2006, a lograr un segundo puesto histórico posándose por encima de Argentina. Sin escalas. Junto con su dirigencia hicieron un trabajo serio, de formación y construcción de estadios y transparencia. El Loco Consiguió que se hablara de su equipo en  todos lados, que tuviera una digna participación mundialista, nunca renunciando a su idea e ideología de juego vertiginoso, pero cayendo frente al campeón del mundo y con Brasil.
Pero para el mundo de los negocios no importó esta mejoría notable. No interesó porque no fue reelecto el presidente que multiplicó por cuatro el valor de la ANFP, Mayne Nicholls, ni que más del 80 por ciento de los chilenos quisiera la continuidad del loco, ni los banderazos ni los pedidos de los jugadores. El negocio de las asociaciones anónimas siguió su rumbo, y con Segovia a la cabeza, lograron aplastar el sueño, como lo venía haciendo antes de este desenlace.
En la elección ocurrida, Segovia  y Mayne Nicholls tuvieron la misma cantidad de clubes que votaron por cada uno de ellos: 16. Pero luego de la reformulación chilena, los votos de los equipos de primera pasaron a valer doble, y al tener doce equipos de primera Segovia, se impuso por sobre el anterior mandatario, que obtuvo 10 de la segunda.
Segovia llegó a Chile hace diez años como empresario de la educación, según se hacía llamar, donde quería invertir en ese tipo de políticas. Su entrada al mundo del fútbol llegó de la mano de la “ley Piñera” de 2006, donde los clubes pasaron a ser sociedades anónimas y en donde encontró el hueco para negociar.
Allí, empezó a adueñarse de clubes. El primero fue en mayo de 2008, Unión Española. Luego le llegó el turno a la Organización Internacional SEK, que posee universidades y colegios en varios países. Su asesor para todo este tipo de actitudes es un viejo conocido, el presidente del Real Madrid: Florentino Pérez, con quien se reúne habitualmente para discutir de negocios.
Piñera fue de los primeros en aprovechar la maniobra de las sociedades anónimas, se adueñó de Colo Colo, y lo convirtió en Blanco y Negro S.A. Siendo presidente, anunció, a su vez, el “compromiso” de su gobierno para remodelar el estadio donde juega el Everton y Wanders, casualmente dos clubs que votaron por el opositor a Bielsa, mientras que diputados opositores le siguen denunciando que no se desprendió del 12 por ciento de las acciones aun después de ser electo y que su  consuegro posee el 24,5 por ciento.
 Segovia dirigirá el fútbol chileno hasta el 2014, aunque la ANFP está discutiendo una modificación de sus estatutos para extender a cinco años los períodos de sus directorios. A tal punto el negocio formaba parte de sus venas de este empresario, que litigó en España con su padre para poder explotar la marca familiar, llegó a pedir que lo declaren loco.
Bielsa había firmado hasta 2015 luego de la buena labor durante el mundial de Sudáfrica, pero los clubes grandes, las sociedades anónimas que tienen como accionistas a los empresarios más importantes de Chile, aseguraron que iba a haber un cambio estructural y que el vencedor iba a ser Segovia y así fue.
No importó tampoco que durante la gestión de Mayne Nicholls se ordenaran las finanzas del fútbol chileno, se organizaran las competencias femeninas, se mejoraran las de series menores y se construyeran o remodelaran nueve estadios, había que hacer ese tan ansiado “cambio estructural”.
 Bielsa, siempre siendo leal a una causa, afirmó que no podría trabajar junto a Segovia, cuyo programa incluye lograr realizar en Chile el sistema “draft”, que se utiliza en México para negociar jugadores, que según el Loco denigra a los jugadores. Fiel a sus principios también lo criticó por descalificar a los hinchas que lo apoyaron, argumentando que, como ellos no votan, sus argumentos no sirven.
Ese es Segovia. Ese es Bielsa. Dos hombres que van por caminos muy diferentes de la vida: uno elige el negocio, otro resalta los valores de la igualdad y el compromiso. Por eso El Loco se fue, por eso no pudo aguantar seguir estando en el lugar que tan feliz lo hacía de dirigir y tan contento dejaba a los miles de chilenos que en vez de disfrutar viendo pasar billetes, festejan el buen juego de su equipo.

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