“El fútbol es el deporte que más retrocedió”

Con el fútbol como eje central de conversación, Mauro Navas habla sobre los problemas que tiene el mundo de la pelota hoy. El rol de los entrenadores. La presión de los dirigentes. La tristeza por el alejamiento de Cappa de River. “Ser entrenador no tiene sólo que ver con sentarse y dibujar piezas en un pizarrón”, aclara el ex entrenador de Chacarita. 

“Me da mucha tristeza. No sólo se trata de un amigo, se trata de un hombre con el que uno coincide con su visión del fútbol y de la vida”. Sentado en un bar, conversando sobre el ocaso de la pelota, Mauro Navas habla de Ángel Cappa. De un maestro, de un amigo como César Menotti. Debajo de su mano abraza el contorno de un libro de Eduardo Galeano y, en eso, no se queda sólo con el placer de entender las palabras del escritor uruguayo, sino que entiende a cada uno de los textos como parte de su aprendizaje como entrenador. No es casual. Cuando tenía 19 años y recién arrancaba en el mundo del fútbol, algo así le mencionó Cayetano Rodríguez, entrenador de inferiores, cuando preguntándole si quería volverse un mejor jugador le recomendó que leyera El hombre mediocre de José Ingenieros. Luego de su paso como director técnico por Chacarita, empezando a estudiar ciencias políticas en la universidad y analizando detenidamente las estructuras del fútbol argentino, Navas no duda en afirmar: “En Argentina, el fútbol es el deporte que más retrocedió”.

Mauro, ¿dónde se puede ver con mayor claridad ese retroceso del que hablás?

El fútbol es un terreno tan amplio que puede observarse esto desde un montón de lugares. El primero, es el ámbito de los clubes, que han abandonado su esencia, aunque no todos, y han perdido contacto con la sociedad. Es bastante extraño todo eso porque hay instituciones como Chacarita que desde su fundación tienen una vinculación con el mundo de lo político y lo social. Fueron creados con esa óptica. Pero hoy las cosas cambiaron y hay muchas actividades que se podrían hacer, incluso más de las que pensamos, que no se hacen y se limitan solamente al fútbol profesional y a lo que sucede dentro de la cancha. Hay un vacío, directamente, desde la información que manejan los jugadores sobre el club, sobre la historia del mismo, sobre las grandes figuras. Algo que les serviría muchísimo. Pero eso necesita de una política y hoy parece que la política es una mala palabra, algo que asusta. Entonces los jugadores, que quizás no se dan cuenta del rol central que ocupan en la sociedad, no participan y se pierden de algo realmente importante.

A veces pareciera que el fútbol funcionara por fuera de las necesidades de la gente, por fuera de los valores sociales. Como si todo estuviera permitido dentro de una cancha.

Es que es así. Cuando arranca un partido todo se transforma. Nada es como sería fuera de la cancha y es para peor. El medio parece legitimarlo todo. Que a un jugador lo insulten. Que alguien pueda agredir a otro. Que un tipo por perder la pelota se convierta en un hijo de puta. Que un entrenador sino gana tres partidos es un fracasado. Y el mayor problema de todo eso es que los jugadores, que son, siempre, lo más honesto que tiene el fútbol argentino, entran en eso y después, obviamente, se angustian. Porque no es fácil. Este deporte se ha convertido en algo realmente difícil, complejo, feo. Sin dudas, es el fútbol es el deporte que más retrocedió en los últimos años.

¿Cuándo comenzó ese retroceso?

La década del noventa para este país fue nefasta. Los jugadores no quedaron fuera de eso y hoy el futbolista parece una moneda de cambio. Tenemos que formar un proceso legislativo que defienda que nadie puede ser dueño de nosotros. Yo tuve un dueño, es una cosa impresionante.  Y eso ha complicado mucho, también, el desarrollo de todo en cuanto a la pelota. La técnica. El talento. Hemos quedamos un paso atrás de todos los otros deportes, del avance que han marcado el rugby, el hockey. Futbolísticamente, Argentina era un país desde donde salen cracks de todos lados y ahora parece que no hay tantos jugadores: cada vez hay menos espejos de donde mirarse. Que alguien explique cómo se hace teniendo a Diego Maradona, a Alfredo Di Stéfano, a Lionel Messi, a tantos grandes jugadores, un juego puede haber perdido tanto.

¿Y en tu profesión dónde ves ese proceso negativo?

En el trabajo y en la formación de los entrenadores. Mourinho y Guardiola, que son los dos entrenadores que más puntos sacan en el mundo,  están totalmente preparados, estudian, fueron a la universidad. El portugués escribió en su libro que lo que aprendió como entrenador lo sacó la mitad de la experiencia y la otra mitad de la universidad. Es mucha diferencia. Acá nosotros tenemos muchos déficits como formadores de jugadores, no pensamos su entorno, no los cuidamos, no les enseñamos a tener una vida saludable. Hay preparadores físicos que no le explican a los tipos a los que entrenan por qué trabajan cada uno de los músculos. Por qué corren. Nos preparamos muy poco y deberíamos tener un nivel cultural mucho mayor para poder ejercer nuestro trabajo. 

¿Cómo entendés que se debería dar el proceso de formación de un entrenador?

Pareciera que como comienzo hay que hacer el curso. Que es cierto. Pero se arranca desde el momento en que uno es jugador y tiene que mirar todo lo que hace. Después, hay que leer mucho, de lo que sea, poniéndose como objetivo, siempre, entender la esencia de los jugadores. Del entorno. De la sociedad. No sólo pensando que ser entrenador tiene que ver con sentarse y dibujar tipos en una pizarra, que es un laburo que también hay que hacer, pero que se piensa como único. Y, después, como con todo, hay que estar muy encima de la práctica, hay que sentarse a conversar con mucha gente, mirar fútbol, mucho fútbol. Yo, hasta que Ángel se fue de River, iba mucho a ver los entrenamientos para aprender, para encontrar variantes. Para entender. Más allá de mi ideología futbolística y de mis gustos personales sobre tratar bien a la pelota, ponerla en el piso, me parece destacable que los entrenadores dediquen muchas horas a trabajar, a mejorarse, a profesionalizar esto. Pero, a la vez, se vuelve algo muy difícil porque, ya trabajando, los dirigentes, por miedo o por cautela, no dejan a los directores técnicos tranquilos. 

¿No te parece una contradicción que si un dirigente lleva a un entrenador para que se haga cargo de un equipo, teniendo en cuenta que es el tipo que más sabe para asumir ese cargo y que más entiende de fútbol, no se lo deje trabajar tranquilos?

Si no te dejan trabajar tranquilo no se puede. Creo que el caso de Ángel en River es paradigmático en ese sentido. Los entrenadores no tenemos por qué renunciar si perdemos, salvo que no se den las condiciones generales. Cappa estaba entero para seguir: había sacado el cincuenta por ciento de los puntos, bastante más, si no me equivoco, que lo que había sacado el equipo en el torneo anterior. Es algo muy triste que lo echen. Ángel me parece que es de los mejores entrenadores del fútbol argentino y que nos enriquece a todos. Pero como se vive en un vértigo total, los dirigentes escuchan a la gente y toman decisiones apresuradas. No se ve un entrenador en 13 fechas, aunque algunos estén obsesionados con demostrar lo contrario. Claro está, no es lo mismo que pierda Ángel a que pierda otro, y los medios en eso tienen un papel totalmente predominante. Al punto de terminar generando una duda o un debate sobre si hacer, como hace Marcelo Bielsa, hablar individualmente con los periodistas o hacerlo sólo en conferencia de prensa, o declarar todo el tiempo y someterte a la balanza de los medios, que nunca para y está todo el tiempo en el aire. 

¿Por qué te parece que Ángel es de los mejores entrenadores?

Creo que porque tiene la capacidad, principalmente, de poder convencer a los jugadores de su idea. El mayor logro que puede tener un director técnico es convencer a un jugador. Pero no es nada fácil hacerlo en poco tiempo y, además, sostenerlo. Hay tipos que llegan a un club y en dos segundos hacen entrar a los jugadores en una idea, pero después no es tan fácil que puedan seguir en la misma línea. El fútbol argentino hoy es un espacio muy complejo, realmente difícil, las personas que entran, que aparecen, como Ángel, y le explican algo distinto a un jugador, le enseñan, lo entienden, marcan la diferencia, se transforman en los mejores. Ganen o no ganen.

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