Barbarie y capitalismo

Muere una nena. Muere un anciano. Muere un joven. Muere una mujer. Ni casualidad ni desgracia. Ni mala suerte ni accidente. Crimen organizado y hambre. Imperialismo y explotación. Colonialismo y exclusión. Barbarie y capitalismo.

El cólera hace estragos en Haití. Los focos infecciosos se multiplican y el número de víctimas crece cada día. Más de mil trescientas personas pierden la vida a manos de la epidemia explosiva. Nadie sabe hasta dónde llegará el número. La gran prensa cataloga de incontrolable la desgracia y simula afligirse. No le molestaría que se batiera el record de decesos con tal de vender más y más. Las potencias salvan bancos irlandeses y dejan morir seres humanos: es evidente que se sienten más cómodos construyendo burbujas financieras que justicias terrenales.

Los paladines del imperio enseñan sobre libertades y democracias que no existen. Hablan de multipartidismos para no tener que asumir su responsabilidad en la miseria que horroriza. Sentencian sobre derechos humanos para evitar explayarse en el modelo de salud para privilegiados que defienden. Predican sobre mercados para silenciar los millones que destinan al asesino armamento nuclear. Diseñan bloqueos para que no se ponga en cuestión la lógica individualista y deshumanizadora del hombre. Construyen mentiras hegemónicas para tapar los agujeros que deja un sistema perverso.

Hinche es una ciudad que queda en el centro de Haití, en el centro del cólera y en el centro del corazón de la Brigada Médica Cubana. Desde la llegada a la Argelia liberada en 1963, el compromiso con la condición humana y la solidaridad internacionalista que revoluciona las conciencias empuja a los médicos cubanos a destruir las barreras que inventa el terrorismo mediático. Casi treinta mil integrantes tienen en la actualidad los grupos que riegan de salud desinteresada los pueblos de este planeta. No es fácil combatir los laureles invisibles que ofrece un mercado salvaje. No es fácil, tampoco, pelear contra las consecuencias materiales de un mundo que pretende naturalizar las desigualdades. La convicción martiana de sentir como propio el golpe dado en la mejilla de cualquier hombre del planeta asoma como la bandera con la que caminan por las calles haitianas los integrantes de la Brigada. Sin celulares ni plasmas que funcionen como estímulos, la solidaridad cubana que salva vidas aparece como una muestra más de que construir un mundo más justo es posible.

Comments are closed.