Siglo XX Cambalache minero

Cien años no es nada. Resultó muy poco tiempo para dignificar las condiciones laborales de miles de mineros chilenos que siguen deshaciéndose día a día, más cerca de la explotación colonial que del progreso del siglo XXI.  Los 33 mineros chilenos son hoy las víctimas para todos, pero también para la resaca mediática de una explotación histórica

“Estamos bien en el refugio los 33”. Esa frase leyó el presidente Sebastián Piñeira,  y la fiesta se desató en Chile. La carta la habían escrito los 33 mineros que trabajan en la Mina San José, cerca de la ciudad de Copiapó, a unos 800 kilómetros de Santiago, y a los que casi todos daban por muertos. La sorpresa fue total: estaban vivos, después de días de angustia. El país del cobre era pura fiesta. De ahí en más, todo se supo de esas 33 almas que sobreviven a 700 metros de profundidad, esperando ser rescatados para poder pasar la Navidad con sus familias. Todo, o casi todo.

“Una semana antes del derrumbe – cuenta Ángela Ancalipe, esposa de Osman Araya, uno de los 33- me dijo que había tenido una discusión con el señor Pinilla, que es como el gerente. Le dijo que no estaba dispuesto a arriesgar su vida, y si querían echarlo, debían pagarle una indemnización. Pero no lo echaron para no pagársela”. La minería es una parte central de la economía chilena, desde hace ya dos siglos. Según los datos de 2009, la actividad minera aporta un 15% del PBI del país, y es tal la importancia que hasta existe un Ministerio de Minería. Primero el auge fue el salitre, hasta el primer cuarto del siglo pasado. Ahora, el boom es el cobre. Pero lo que mutó es sólo el producto a explotar, no las condiciones de vida de los obreros: la probabilidad de accidentes laborales es altísima, no pueden ver la luz del sol, las jornadas de trabajo sobrepasan las ocho horas, y todo es a una temperatura agobiante.

“El día del accidente – narra Margarita Lagos, madre del minero Claudio Yáñez Lagos- me dijo que iba con mucho sueño. Yo le dije: ‘vuélvete’. Y él me contestó: ‘No, que son 35 mil pesos que nos quitan por día’”. Según los datos del año pasado, hay 62.101 obreros trabajando en minas de cobre, oro, hierro, manganeso, arcillas, carbonato de calcio, cloruro de sodio, compuestos de boro, compuestos de litio, compuestos de potasio, diatomita, feldespato, nitratos, pirofilita, pumicita, recursos silíceos, rocas fosfóricas, rocas ornamentales, sulfato de cobre, sulfato de sodio, talco, turba, yeso, yodo, carbón, petróleo. Y todos bajo las mismas condiciones. No son sólo 33. Ni todos tienen la suerte de poder contar por cadena nacional los accidentes de trabajo, como en este caso. En la San José, que produce oro y cobre, se trabaja en turnos de 12 horas durante siete días, y luego se descansaba otros siete. Aunque a muchos los llamaban para trabajar horas extras, que solían aceptar en los días de descanso porque les pagaban el doble que en una jornada normal.

“Era representante sindical –dice la mujer de Mario Sepúlveda, otro de los mineros sobrevivientes- en otra mina de la misma empresa. Nunca se fió de esta mina y por eso nosotros contamos con un seguro particular. Me solía decir que si una noche no volvía, reclamara todos nuestros derecho”. Todos sabían que cada vez que iban a trabajar podían no regresar. En la San José, en 2004 murió Pedro González. Y en 2007, Manuel Villagrán. Los trabajadores la llamaban “El Matadero”. El gremio logró que se cerrara durante 2008, pero después se reabrió.

“El Pedro – otro de los 33- perdió un dedo en la mina hace un año y desde entonces la empresa lo subió a una máquina para que se callara y no hiciera escándalo”. Marcelo Kemeny es el presidente de la Compañía San Esteban, la encargada de explotar San José. En 2004 fue premiado por la Sociedad Nacional de Minería (Sonami). Cinco meses antes, en un derrumbe en esa mina, había muerto González. ¿Por qué, entonces, el reconocimiento? “Por su aporte al sector y a su trayectoria, según dijeron desde el Sonami. Mucho aseguran que los colapsos de las minas de la empresa tiene un factor común: el método productivo. Vincelot Tobar, experto en prevención de riesgos explica: “En San José no se hicieron medidas fundamentales para afrontar emergencias como la que vemos hoy. Mientras más producción exigía el gerente más accidentes teníamos”. Además de la producción, crecían las multas. En seis años, la Dirección de trabajo multó a San Esteban 42 veces. A fines de 2006, Fernando Contreras, un chofer de camiones, falleció aplastado por un derrumbe en la mina San Antonio, de la misma empresa. A principios de 2007, murió Villagrán en la San José, a raíz de una explosión de roca. En julio de ese año, un trabajador identificado como Yino Cortés sufrió un grave accidente donde perdió una de sus piernas, pues mientras se desplazaba a almorzar, un planchón le cayó encima. Nada de nuevo tienen los accidentes fatales en las oscuridades de las minas, pero sí es una gran historia para contar la de los 33 mineros que sobreviven bajo tierra. Esa sí, esa la conocen todos.

“El día anterior al 5 de agosto –dice Yésica, pareja de Arturo Segovia, un minero atrapado en la San José- me avisó que la mina estaba a punto de asentarse y que no le gustaría ser uno del turno de trabajo cuando llegara el derrumbe. Pero necesitábamos la plata. Le ofrecieron horas extras y nadie se niega a las extras, porque te pagan el doble”. El 21 de diciembre de 1907 más de dos mil obreros fueron masacrados sin piedad por orden del entonces presidente Pedro Montt en la ciudad de Iquique. Todavía eran tiempos del salitre, pero ya eran épocas de condiciones indignas. Los obreros se habían declarado en huelga, pero Montt y compañía intuían que la empresa salitrera iba a ser el camino hacia el progreso, hacia las inversiones extranjeras (ver De cuando la riqueza condenó a Chile). Hacia lo que hoy, gracias al cobre, sigue siendo Chile. Al cobre que extraen de las minas y al sudor que extraen de los mineros. Inversiones extranjeras, empresas europeas que llegan para explotar el suelo sudamericano y vender al Viejo Mundo los minerales. Entre Europa y Asia se llevan el 80% del cobre producido en Chile.

“Un mes antes del derrumbe –cuenta Liliam, la mujer de Gómez, un minero de 62 años que hace 7 años perdió tres dedos por un explosivo y ahora está a 700 metros de profundidad en el refugio- le dijo a su jefe que por qué no buscaban una vía de escape, porque un día se iban a quedar enterrados en la mina. Mi marido tenía idea de por dónde podían hacer una vía más rápida. Y el jefe le dijo que le hiciera un dibujito. Pero al final todo quedó en nada”. Todo quedó en nada, pese a los avisos. Como viene ocurriendo con los mineros hace ya más de un siglo. Ya no es el salitre, ahora es el cobre. En Chile, hace más de 100 años mataban a 2 mil trabajadores en una plaza por pedir condiciones un poco más dignas. En Chile, hoy, hay 62 mil obreros que entran a cumplir su trabajo en la mina sin saber si volverán a salir. Es en Chile, donde están de fiesta por el milagro de los 33.

Notas relacionadas:

De cuando la riqueza condenó a Chile

Fuentes:

http://www.latercera.com/noticia/nacional/2010/08/680-287299-9-ministro-golborne-anuncia-creacion-de-superintendencia-de-mineria-tras-accidente.shtml

http://tiempo.elargentino.com/notas/habla-hija-del-minero-futbolista-cada-dia-es-una-loteria-nos-decia

http://www.elmostrador.cl/noticias/negocios/2010/08/24/todos-los-premios-de-la-minera-san-esteban/

http://www.laalternativa.org/noticias/5730

www.archivochile.com

http://fortunaweb.com.ar/la-minera-chilena-san-esteban-primera-esta-al-borde-de-la-quiebra/

http://www.minmineria.cl