Presente de lucha, el futuro es nuestro

Cansados del ninguneo y la ausencia de un Estado deficiente, hartos del presupuesto irrisorio destinado a la educación, los estudiantes de la Ciudad de Buenos Aires pararon la pelota. Alumnos secundarios y universitarios pusieron el grito en el cielo. Unificaron sus voces y, mediante diversas medidas de fuerza, dijeron basta. La escuela Liceo 12 es una de las más de treinta instituciones que dieron y continúan dando batalla en esta coyuntura que atraviesa la educación pública. Presente que entusiasma y promete un nuevo horizonte de lucha conciente, solidaria y colectiva.


 

Primero fueron los docentes porteños que consideraron “insuficiente” la propuesta de aumento salarial. Luego fue el turno de los estudiantes que se levantaron producto del descontento con las autoridades y la situación edilicia. A partir de allí se efectuaron cortes de calle, piquetes, marchas y protestas, conjuntamente con la toma de instituciones universitarias y secundarias.

El escenario está mutando en América latina. Y Argentina no es la excepción. La recomposición y articulación de los actores del campo social es tan paulatina, como auspiciosa. El neoliberalismo no sólo fue cambio y asentamiento de un nuevo modelo económico. Fue una revolución político-cultural que atentó contra la participación soberana, y entonces, el tejido social quedó devastado. Ese modelo cumplió sus objetivos, aunque dejó grietas.

En el tiempo se fueron gestando algunas fisuras por donde hoy, el estudiante –como actor social determinante y como símbolo de lucha social- logró filtrarse. No como individuo aislado, sino como participante de un colectivo que promete dar batalla.

La revolución neoliberal naturalizó la ineficiencia estructural del Estado. El sentido común, poco a poco, hizo cotidiano la decadencia de lo estatal. La escasa participación política del conjunto de la sociedad contrastó con el compromiso de las décadas del 60´ o 70´.

Pero hace pocos días una nueva película se echó a rodar. Alumnos secundarios y  universitarios reaccionaron y dijeron ‘basta, hasta acá llegamos’. Cansados de estudiar en condiciones infrahumanas, pretenden una situación edilicia digna. No quieren sufrir del frío del invierno por falta de calefacción. Se anticipan al inminente verano, y al estado de las aulas, a las que se le niega un ventilador. Luchan por no acostumbrase a lo que los gobernantes, los instan a naturalizar.

Los alumnos del Liceo 12 no son la excepción. Emplazada en el centro de la Cuidad, en el barrio porteño de Caballito, el Liceo 12 es una de las más de treinta instituciones que se sumó a la protesta, poniéndose a la vanguardia de la lucha estudiantil. Sito sobre la calle José María Moreno al 300, la escuela vivió una situación particular. A diferencia de otras entidades más politizadas, se organizó a partir de la necesidad de dar apoyo al resto de los establecimientos que se habían puesto al frente de la lucha.

Mauro, alumno del Liceo 12, cuenta que en su paso por el colegio Lenguas Vivas dio sus primeros pasos como actor político, y comenzó a tomar conciencia de que mediante asambleas, donde se intercambian voces, ideas y opiniones, la realidad se puede transformar. “Ante esta problemática que afectaba a los colegios secundarios, urgió la necesidad de organizarnos para decidir qué hacer, aunque no quisimos que la primera votación sea en una asamblea, porque creímos que sería poco inclusiva. Entonces pasamos curso por curso durante los turnos mañana y tarde, y a escuchar qué opinaba la mayoría. Así se decidió, el Liceo estaba tomado”, explicó Mauro.

Camila, estudiante de quinto año, se sumó a la charla: “Fuimos alrededor de veinticinco, si mal no recuerdo. Nos dividimos para ir a nuestras casas a buscar cosas y a la noche hicimos una vaquita para los ingredientes y comimos pizza que nos hizo el casero del colegio. Levantamos la toma el 16 de septiembre para ir a la marcha de la Noche de los Lápices y armar una semana de concientización con juegos, charlas y debates. Nos salió bastante bien: logramos tener en las posteriores reuniones, posiciones totalmente desencontradas, y así y todo llegar a un acuerdo”. En la marcha en memoria a los siete alumnos desaparecidos por la última dictadura militar, se reflejó la lucha genuina de los alumnos: “Fuimos sesenta alumnos del Liceo, cuando hacía dos semanas en la primera marcha éramos diez. Ese fue, creo, nuestro mayor logro: actuar en base a lo que pensamos, y no a lo que nos dicen que tenemos que hacer. Y no por hacernos los rebeldes, sino porque nosotros vamos al colegio a estudiar, a escuchar, a pensar, a hablar, y también a hacer política ¿por que no?”, afirmó Camila.

La batalla del Liceo 12 no está aislada del resto de los secundarios. Cada colegio, con o sin Centro de Estudiantes, organiza sus asambleas y elige a sus delegados. Estos llevan la voz a la CUES (Coordinadora Unificada de Estudiantes Secundarios), espacio de reflexión, debate y construcción.

Es un bloque, no hay fisuras. Los delegados representan la voz de la mayoría. Y con las voces de esas mayorías, se toman todas las decisiones.

Con ese compromiso y participación como estandarte, el 16 de septiembre, a treinta y cuatro años de la Noche de los Lápices, el estudiantado atiborró la plaza de los Dos Congresos, frente al Congreso de la Nación. Una multitud dijo presente por convicción y compromiso.

Es interesante resaltar lo que planteaba Eduardo Aliverti, en su editorial del lunes 13 de septiembre pasado, en el diario Página 12, cuando proponía un brindis por el proceso que atraviesan los estudiantes: “¿No es emocionante haber descubierto estas reservas insurrectas en la manga de pelotudos y víctimas que dábamos por sentada? ¿No hay que festejar que hay vida rebelde donde sólo aparecían unos tarados yermos?

Y lo que Aliverti observa desde arriba, Camila lo ratifica también en palabras, pero desde abajo: “No nos vamos a quedar sentados charlando de lo que no cumplieron los señores funcionaros, tenemos actividades para organizar esta semana para incluir a los vecinos, docentes, padres, profesores. Esta es nuestra lucha”.

El escenario político de principios de esta década plantea una realidad distinta a la de años anteriores. No hay más siga siga. En esta vía, el futuro promete y se muestra alentador.

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