Shell vs. Resto del Mundo

La millonaria multinacional expandió su campo de influencia en Nigeria adentrándose en relaciones políticas tan densas y oscuras como el petroleo. La vorágine de la extracción del oro negro arrasó con comunidades originarias y activistas sociales, para dejar atrás una irreversible contaminación rodeada de un silencio aún más aterrador.

¿Cuántos barriles de petróleo vale la miseria de una población? ¿En cuánto se cotiza la ejecución de militantes sociales?, y ¿en cuánto, obtener el silencio internacional ante la impunidad de una multinacional?

Ken Saro Wiwa fue un activista social nigeriano. Su meta era demostrar a la comunidad mundial cómo la gigantesca Shell estaba destruyendo la vida económica y social de su región natal: Ongoniland, en la rica zona del Delta del Níger, Nigeria. A su vez, su lucha no solo era contra este emporio del crudo, sino también contra el gobierno dictatorial de aquel país, que, con tal de proteger a las empresas extranjeras, dejaba hacer y deshacer a placer.

Wiwa fue arrestado en mayo de 1994 acusado con engañosas pruebas de haber sido partícipe del asesinato de cuatro jefes locales de la región. Dos de los testigos presentados durante su proceso judicial reconocieron más tarde haber sido sobornados con dinero y puesto de trabajo en la Shell para acusar a Ken y a los demás[1]. Luego de diecisiete meses de cárcel, torturas de por medio, fue fusilado, junto a otros ocho compañeros. Él fue el último en caer. Tenía que presenciar primero la muerte de sus camaradas.

Los nueve abatidos por el gobierno de facto africano, en connivencia con la petrolera, son hoy en día íconos del activismo ambiental, de la denuncia y boicot contra la impunidad y la corrupción. Sin embargo, el accionar del monstruoso anglo-holandés Shell no se acabó con esta masacre.

Las relaciones entre la empresa y el gobierno militar siempre fueron estrechas, mientras que el primero le dotaba de petrodólares que los cabecillas podían gastar sin rendir cuentas a nadie, el segundo ofrecía total protección contra posibles movilizaciones y manifestaciones por el daños que pudiese realizar en el afán de más y más beneficios. De esta manera, razzias (incursiones militares violentas), amenazas y ejecuciones se hicieron frecuentes en el Delta del Níger. Por ejemplo, en 1987, la Shell llamó a la brutal Fuerza Policial Móvil (MPF, por sus siglas en inglés) para acabar con una manifestación pacífica del pueblo Iko. El resultado: cuarenta hogares destruidos, trescientos cincuenta personas sin dónde dormir[2]. Tres años más tarde, el turno de sentir el rigor fue para los miembros de la sociedad Etche. Luego de una movilización no violenta fue atacada por la MPF a pedido de la multinacional. El saldo: ochenta muertos y quinientas casas destrozadas[3]. La transnacional, a su vez, tuvo que reconocer la entrega de armamento a las fuerzas armadas, como también a la policial, entre los que se destaca el envío de armas de fuego, lanchas de patrulla, munición y hasta la cesión de un helicóptero para una de las operaciones[4].

Pero, ¿por qué se mueven, actúan y pelean los pobladores locales sabiendo el destino –cubierto de plomo- que pudiera caer sobre sus cabezas? La vida allí es literalmente infernal. Es una región rica, llena de petróleo y gas natural que otorgan el 50% de los ingresos estatales[5], que, sin embargo, se encuentra sumida en la pobreza y la contaminación. La explotación de la angloholandesa allí es de un millón doscientos mil barriles de crudo a diario[6].

Algunas cifras:

-para 1997, el nivel de hidrocarburos en el agua corriente era 360 veces mayor que el permitido en la Unión Europea[7].

-el 95% del gas natural extraído es quemado, enviando la polución directamente al medioambiente. En Estados Unidos, solo sucede con 0,6%[8].

-Desde 2006 hasta hoy ha habido 2.400 fugas de crudo. Desde 1958 Shell ha sido responsable de verter 40.000 toneladas de petróleo al año en las aguas nigerianas.[9]

Sintetizando, y en palabras del Consejo Ecuménico de Responsabilidad Corporativa, el accionar en el Delta muestra “fallas operativas (…) según standards sociales y ecológicos, severa polución en el agua, tierra y aire, inadecuada inclusión de las poblaciones en las decisiones”.[10]

Para cuando termine el día de hoy, los pobladores habrán terminado su cena de pescado empetrolado, agua tóxica y dando una buena bocanada de aire contaminado se irán a acostar en sus miserables chozas. Shell habrá facturado ciento dos millones ochocientos mil dólares en solo 24 horas.


[1]http://www.globalgovernancewatch.org/ngo_watch/seeds-of-ngo-activism-shell-capitulates-in-sarowiwa-case

[2] remembersarowiwa.com/wp-content/uploads/life_death_ksw.pdf

[3] http://www.essentialaction.org/shell/issues.html

[4] http://www.guardian.co.uk/world/2009/jun/08/nigeria-usa

[5] http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20100210/53888189821/el-delta-del-niger-como-paradigma.html

[6] http://www.corpwatch.org/article.php?id=13121

[7] http://www.essentialaction.org/shell/issues.html

[8] Idem 7

[9] http://www.publico.es/ciencias/322129/los-vertidos-que-no-salen-en-la-tele

[10] http://www.businessgreen.com/business-green/news/2257943/shell-improve-environmental