Sala tomada, también en lucha

No es nuevo ver a los estudiantes poniendo en jaque la política educativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Desde hace poco más de un mes la Sala Alberdi del Centro Cultural Gral. San Martín está tomada por alumnos de teatro. Para el gobierno, “los chicos no quieren escuchar”. Mientras esperan una sentencia firme que les devuelva su espacio, cuentan cómo es defender lo público. Crónica de una resistencia.

Para llegar a la Sala Alberdi las primeras dificultades que hay que atravesar son las edilicias. Sólo uno de los  ascensores funciona y alberga a apenas cuatro personas. Poco para un edificio de once niveles al que diariamente concurren alrededor de mil personas entre personal administrativo, personal político, maestranza, profesores de los talleres y en mayor cantidad que todos los anteriores, alumnos y público en general. El estado del resto del centro no difiere mucho de los ascensores. Paredes revocadas, grietas, mampostería improvisando divisiones, vidrios rajados. Un verdadero edificio municipal a la vieja escuela.

Lo segundo es entender la burocracia que la rodea. La Sala Alberdi está en el Centro Cultural General San Martín pero no depende del mismo. Sino de la DGEART (Dirección General de Enseñanza Artística) de la que además dependen el Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla”, el Conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires “Ástor Piazzolla”, la Escuela de Arte Dramático, el Instituto Vocacional de Arte “Manuel José de Labardén” y el Instituto de Investigación en Etnomusicología. La sala funciona allí por un decreto de la década del 60 donde se le cede ese lugar a falta de otro mejor para su desarrollo. La falta de espacios adecuados para las actividades artísticas no es nueva en la ciudad.

Cualquier decisión sobre su funcionamiento, uso y/o traslado no es sencilla. Marcelo Birman, es quien está a cargo de la Dirección General de Enseñanza Artística. Consultado sobre la situación de la sala, confirmó que “la intención es reubicar la sala Alberdi” para que  “quede a disposición del plan de obras del Centro Cultural” y que éste es anterior a la gestión actual de gobierno.

Respecto de la situación de toma, Birman manifestó que el centro cultural San Martín está en obra y por lo tanto “no puede haber una sala en esa ubicación porque complica el sistema de evacuación”. Sin embargo, como bien recuerdan los alumnos, “la sala lleva más de 20 años en funcionamiento en ese espacio”.

Además de la falta de acuerdo con los alumnos y de los fallos a su favor, al momento de la inscripción de este año, los alumnos se iban enterando que la sala Alberdi se iba a cerrar y que habían sido derivados a cuatro sedes distintas a lo largo y ancho de la ciudad. Una queda en Chacarita, otra en Cufré y Estado de Israel, otra en Perú y Belgrano y la última, la sala Leiva del complejo Los Andes. Birman aseguró que “está en perfecto estado para ser utilizada”. “Cuando no aceptamos el traspaso de esta hermosa sala a la italiana para 400 personas a una sala de diez metros cuadrados que no cumple con ninguna de las características de este teatro, nos trataron de exquisitos” afirma Julián. Allí se comenzó a gestar la toma.

La fecha de la toma es simbólica en sí misma. Luego de una movilización desde Corriente y Paraná hasta la puerta del centro cultural se decide tomar la sala el 17 de Agosto, natalicio del prócer del cual lleva el nombre. Sin embargo, los motivos se remontan a 2006 cuando llegó una carta de desalojo por parte del Gobierno de la Ciudad. La sala dictaba más de 30 cursos superando los 400 alumnos y contaba anualmente con 45.000 espectadores que seguían su programación. A partir de ese momento se comienza a recortar la oferta cultural de la sala y ya en 2009 el gobierno decide quitarle la programación con la consecuente merma en la cantidad de público.

Frente a la posibilidad cierta de perder la sala, los estudiantes presentan un recurso de amparo que se define a favor de la continuidad de la escuela de teatro y de la programación que llevaba a escena el trabajo de sus alumnos y profesores. El fallo es apelado por el gobierno que vuelve a sufrir un revés por parte de la justicia cuando nuevamente se dirime a favor de la permanencia de la sala. El gobierno vuelve a apelar. Hasta que en Septiembre de 2010 la jueza Fabiana Schafrik le da 30 días para que haga los arreglos correspondientes y devuelva a la sala Alberdi su funcionamiento anterior. “No solo desoyen la voz de la jueza sino que lo usan como excusa para sacarnos de la Sala”, sostiene Julián.

Entre tanto, en 2008 el director de la Sala Alberdi fue obligado a renunciar después de una marcha por reclamos edilicios. Y se modificó la formación de actores que constaba de 5 niveles más un año de programación para exponer su pieza teatral reemplazándolo por tres niveles y dos seminarios sin el año de programación.

La solidaridad entre los estudiantes se hizo sentir enseguida. “Lo que se exige es la ejecución de un presupuesto ya aprobado para la refacción de la Sala y el acatamiento del fallo judicial” afirman los chicos, que recibieron adhesiones de estudiantes del IUNA y de otros jóvenes de la escena porteña. “Esto también es educación pública” afirma Julián, que asistió con sus compañeros a las reuniones interestudiantiles. “Escuchamos que los chicos de los secundarios decían: queremos que nos arreglen la escuela. Nosotros sentimos lo mismo, queremos que nos arreglen la sala con el presupuesto que nos corresponde”. Los canales de comunicación abiertos por el gobierno parecen insuficientes. Según el funcionario, “los alumnos no están dialogando.” Más allá de las obvias coincidencias que permitió a los alumnos compartir las experiencias, Birman fue categórico sobre la relación entre los estudiantes de teatro y las de los colegios públicos en la ciudad: “No veo ninguna relación entre los alumnos de la sala y los estudiantes secundarios”. Otras adhesiones fueron las del Teatro San Martín, la Asociación Argentina de Actores, Asociación gremial docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD-UBA) y los legisladores porteños Maria José Libertino y Juan Cabandié.

Durante la entrevista los alumnos manifestaron que varios de ellos estaban con causas legales iniciadas por el gobierno a raíz de la toma. Consultado por ese tema Birman manifestó: “Eso es falso, nunca hubo una denuncia contra los estudiantes” y agregó “lo que hubo es una presentación prejudicial porque el gobierno tiene una responsabilidad en la seguridad del público que participa de las actividades que se realizan allí”.   

Lo que, varias gestiones ineficientes en materia cultural después, parece haberse destruido es el círculo virtuoso donde la calidad de los espectáculos coincidía con la cantidad de espectadores. En sus buenos años, gran parte de los recursos con lo que se agrandó la sala y se hicieron refacciones provenía de un cooperadora que funcionaba con la colaboración de los alumnos y lo recaudado de la programación.

En la sala donde se hacían funciones económicas y hasta a la gorra para toda la familia hoy se hacen actividades los fines de semana y se organizan milongas para fomentar el espacio tomado. La sala que albergó a miles de actores hoy sólo cuenta con nueve cursos y menos de 100 alumnos. “Este es un espacio publico, gratuito, de educación popular” aclara Julián. Los estudiantes esperan para los próximos 15 días la sentencia firme para devolverle su vida a la sala Alberdi.