Sahara Occidental, la causa

Algo de lo que nadie habla: La nación Sarahui jamás pudo quitarse el mote de sometida. Marruecos, como antes España, hoy día ocupa el territorio que pugna por la independencia. Charlamos con Salem Bachir, embajador en Argentina del frente que reúne el deseo popular de libertad. Empecemos a hablar

Bar Casablanca, embajador saharaui y una entrevista para una revista argentina. Sigamos haciendo relaciones. Argentina ve como los recursos malvinenses son apropiados por los conquistadores británicos y sus aliadas multinacionales. La República Saharaui está conquistada y sus suelos y aguas drenados por un colonizador, Marruecos. Los marroquíes practican un régimen de terror según las prácticas que les legaron los franceses. Argentina sufrió en su última dictadura incontables tormentos utilizando las teorías francesas de Guerra Sucia utilizadas por primera vez en Argelia en los 50’ y 60’. Argentina, treinta mil que no están y no sabemos dónde. Quinientos treinta saharauis tampoco están y no se sabe dónde buscarlos. El Río de La Plata alberga cuerpos echados desde el cielo por los militares. Las costas saharauis también. En un caso la ONU no evitó el derramamiento de sangre. En el otro tampoco lo evita.

No es la globalización quién parece unir estos dos confines del mundo, tan distantes, Atlántico de por medio. Es su historia y su presente. Tal vez la diferencia sea que si preguntásemos quién conoce un país llamado Sahara Occidental, nadie respondería afirmativamente. Y menos de sus tormentos. Ya casi nada de su lucha por existir, por su reconocimiento y por su dignidad.

Nos encontramos en pleno centro porteño y frente a nosotros se erige la figura de Salem Bachir, representante del Frente POLISARIO para la Argentina. ¿Qué es el Frente? Nacido en 1973, es el movimiento de liberación nacional saharaui, que durante décadas utilizó la vía armada para la emancipación de su pueblo de la conquista extranjera. Primero española, luego marroquí. Desde hace ya casi dos décadas que ha depuesto las armas y ha optado por la vía pacífica. Hoy en día, la ONU la considera como el único portavoz válido su pueblo. También ha logrado controlar parte del territorio, aunque su mayor extensión –y como era de esperar-, la zona más rica, siguen manos de su amo colonizador, Marruecos.

Salem arranca con todo: “es un gusto y una oportunidad poder hablar de esta cuestión, muy olvidada no solo en la Argentina, sino también en otras partes del mundo”. Y ya sin preámbulos nos narra la historia de su país. Apropiado por los ibéricos en 1934, fue siempre tierra de disputas: antes entre Francia y España, luego entre esta última y Marruecos y actualmente, entre los marroquíes y los propios saharauis. Sin embargo, un punto clave en la vida de la región, fue dado con la retirada española, primero parcial y luego total. Proceso dado entre 1975 y 1976, con la agonía del régimen franquista.

“La región fue abandonada en los últimos días del régimen de Franco, fue aprovechado muy bien por el difunto rey marroquí, junto con un complot internacional, en el que participó Francia y el tristemente famoso Kissinger, entonces ministro de exteriores de Estados Unidos. En un acto, no solamente contra la voluntad del pueblo saharaui que tenía derecho universalmente reconocido a la autodeterminación, sino también contra la voluntad internacional que desde el `64, empezó a aprobar resoluciones apoyando el derecho a la autodeterminación en la ONU”.

Marruecos –tal como Israel en Gaza- mantiene un velo por sobre el territorio evitando la filtración de las duras condiciones de vida de la nación. Aquí nos comenta el entrevistado que “la población sufre las torturas todos los días, pero está lejos de ser esto reflejados por los medios de comunicación”. Y si establecimos una comparación con la opresión israelí sobre Palestina, también hay un muro que separa a la población saharaui en dos zonas: la ocupada y la libre, en manos del POLISARIO. De la dichosa muralla, nos dice que tiene “dos mil setecientos veinte kilómetros. El muro más largo, minado y olvidado del mundo. Son millones de minas que provocan víctimas todos los días, personas y animales. Este muro separa a las familias saharauis. Fue construido para evitar el avance del Frente para liberar el país. Apoyado también por Estados Unidos, Israel y la Sudáfrica del Apartheid”.

Segregación suele venir de la mano de la opresión, y este caso no es la excepción: la policía, los militares y actores paramilitares mantienen a la sociedad civil en un régimen de terror donde las manifestaciones han sido prohibidas, por lo que todo debe realizarse clandestinamente, con los riesgos que ello implica. Las personas –relata Salem-, “no pueden manifestarse. Hay quinientos veintiséis desaparecidos saharauis. Marruecos utilizó un sistema de torturas sofisticado, hasta el punto que copió de la Argentina el sistema de vuelos de la muerte, con alguna modificación: a las víctimas se las pintaba vivas con material para que no saliesen del fondo del mar y no pudiesen ser observables. Esto fue confirmado por un ministro marroquí que lo reconoció y participó en al menos treinta y seis de éstos vuelos”.

Todos estos mecanismos de dominio, confabulación internacional, silencio de los medios comunicativos nos lleva a la pregunta principal del por qué, qué tiene esta región, cuyos suelos son desiertos y solo el 0.02% es cultivable. Claro, la magia se esconde bajo la tierra y en sus aguas mediterráneas: primer exportador de fosfatos del mundo, también se augura un bello porvenir petrolífero y de gas natural, clave para un futuro de escasez de hidrocarburos. Más, su salida al mar le permite el acceso a los bancos marinos más fértiles del mundo. Como redujo Salem, todo se deriva de una cuestión económica (Ver Explicaciones del colonialismo 2.0).

La República Saharaui es aceptada por 82 países, dentro de los cuales la Argentina no aparece. El gobierno actual, en particular, se ha manifestado en más de una oportunidad por la soberanía de los pueblos y contra la violación de territorios por potencias. Sin embargo, del dicho al hecho hay un gran trecho, y aún hoy mantiene su imperturbable neutralidad “más cerca del Diablo que de Dios”, como nos dijese el entrevistado. A su vez profundiza sobre la negativa del reconocimiento: “Son veintisiete países de América y el Caribe que nos han reconocido, pero Argentina todavía no. El gobierno nacional mandó una nota en la que justifica el no reconocimiento saharaui, declarando que esta postura beneficia tanto a Marruecos como a la República Saharaui, lo que no es verdad. Lo justifican anunciando que tienen oficiales en los cascos azules que están en el territorio. Pero Uruguay también tiene oficiales. Salvador también tienen oficiales, muchos más que los argentinos, y apoyan a los saharauis. Son argumentos que no son muy convincentes. También dijeron que tienen intereses económicos con Marruecos”. La relación comercial entre Marruecos y Argentina “parece más una compra económica marroquí de la postura, más que comercial”.

Tan legítimo el pedido argentino por las Malvinas que la de los saharauis por su territorio. Esta lógica, sin embargo, ha sido olvidada por todos los gobiernos desde el retorno a la democracia, incluyendo al actual.

Terminada la entrevista, solo nos viene a la mente los legados de opresión y muerte que deja el interés económico a su paso. Como también hay sociedades que tienen que día a día construir sus vidas en la condiciones más infrahumanas, mientras la comunidad internacional mira para otro lado.

Notas relacionadas:

Explicaciones del colonialismo 2.0

Declaración de solidaridad con el pueblo saharaui