La memoria que aplasta al horror

Haroldo Conti  fue desaparecido por la dictadura militar no por la brillantez de su escritura excelsa sino por el mensaje de sus palabras. En la ex Esma un centro cultural lleva su nombre. Ernesto Conti, uno de sus tres hijos, expresa: “Que lleve el nombre de mi viejo es más un significante que otra cosa. Podría ser el nombre de mi viejo como el de las otras treinta mil personas”.


En la sede de la Secretaría de la Gestión Pública, en la avenida Roque Sáenz Peña 511, nos encontramos con Ernesto Conti, hijo de Haroldo, escritor  desaparecido en 1976. Nos atiende en el primer piso de las oficinas: hace años se encarga de la comunicación institucional y política del Gobierno, aunque admite haber trabajado muy poco en los medios, como productor de radio. En la ex sede de la ESMA, la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, donde se calcula que cinco mil personas fueron torturadas, se emplaza un centro cultural de la memoria que lleva el nombre de su padre. El otrora espacio del horror, hoy es arte, literatura, cine, teatro y memoria. “No es simbólico, es revindicatorio: hace treinta años teníamos la escuela de formación de la doctrina militar, con todo lo que eso implicaba y ahora tenemos un centro cultural donde se piensan políticas culturales y sociales”, comenta Ernesto.

 

-¿Qué te genera caminar por lo que fue la ESMA sabiendo todo lo que pasó dentro?

-Es fuerte. Se puede estar charlando con alguien sobre un proyecto cultural y político que puede llegar a la sociedad y hace treinta años lo único que se escuchaba eran gritos que no escuchaba la sociedad: una moraleja. Una vez, por circunstancias de laburo, cuando tuve que ir con Juan Cabandié, recorrimos toda la zona de lo que eran las celdas, uno de los tramos de los anexos. En un momento, Juan dice: “Acá nací yo”. Había en las paredes grabados de las personas que estuvieron ahí detenidas, una de ellas era su madre. Lo primero que se te viene a la cabeza es la imagen de hace treinta años. Es muy fuerte, creo que es muy fuerte. Yo estuve en varias oportunidades, la última vez fue el 24 de marzo cuando se inauguró el Centro Cultural Haroldo Conti. Me parece que es todo un símbolo que la democracia pueda recuperar un espacio que antes no representaba.

-¿Qué significa que lleve el nombre de tu viejo?

-Que lleve el nombre de mi viejo es más un significante que otra cosa. Podría ser el nombre de mi viejo como el de las otras treinta mil personas que pelearon. Es un centro cultural y pusieron el nombre porque estaba muy ligado con la figura de la cultura. Para mí es un honor y un orgullo, pero no como título personal. Es muy importante que este gobierno que dio una política frente a la recuperación de la memoria haya pensado en la figura de mi viejo a través de Eduardo Jozami (director del centro cultural).

-¿Cuál es tu postura respecto a las banderas que levanta el gobierno nacional sobre los Derechos Humanos?

-Yo creo que no son solamente banderas, lo sustentan los hechos. Hay que poner en distintos planos: primero, el gobierno a impulsado una serie de debates y acciones políticas respecto a la recuperación de la memoria; y segundo, que se haga justicia. La recuperación de la memoria se solidifica haciendo justicia. Se da dentro de un proceso histórico del cual el gobierno es responsable políticamente de eso. No es quien juzga ni quien derogó las leyes, sino que promueve políticamente ese debate y esa acción política. Como consecuencia, el Parlamento deroga las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y por otro lado se da persecusión a los juicios: dos factores clave. Con las leyes que garantizaban la impunidad a todos los genocidas no se podía tener la resolución jurídica. No fue que se tomó de un día para el otro, fue todo un proceso con una lucha previa dentro del periodismo, desde las agrupaciones de Derechos Humanos, desde sectores del gremialismo, universitarios que siempre han levantado estas banderas. El gobierno le dio forma a esa lucha.

-¿Cuál es tu opinión del rol de los periodistas que opinan que se cierre el pasado y se mire adelante?

– Yo no lo voy a poner a título personal, si bien existen contradicciones con muchas cosas que se están haciendo públicas. Yo creo que hay que ubicarlo en un contexto, hay una gran confusión, no en la posición que se asume, sino en la que no se asume. Hay tipos que por derecha y por izquierda mantienen una línea de coherencia. Y hay tipos que, viniendo del progresismo, la reivindicación de determinadas banderas, de la lucha por los Derechos Humanos, hoy están en plena contradicción respecto a sus postulados. Serán ellos los que tienen que dar explicaciones a la gente. A mí me da mucha lástima, mucho dolor. Lacera la memoria histórica porque, en pos de constituirte como un paladín de la Justicia y ser un garantista de los derechos individuales o de las garantías institucionales, te sumás a un discurso contradictorio por el solo hecho de ser contradictorio, pero estás mancillando contra las cosas que defendiste diez años atrás, entonces no se puede sostener eso. ¿De dónde lo sostienen? ¿Están convencidos de lo que sostienen? Yo no creo que estén convencidos. No sé, que lo expliquen. Sin embargo hay gente que hace veinte, treinta años que militan en la causa y siguen de la misma manera.