H.I.J.O.S. e hijos de puta

El represor Luis Abelardo Patti comenzó a ser juzgado junto a dos militares y su jefe policial, por delitos de lesa humanidad. Sus hechos, imperdonables. Ellos, impresentables. Aún se sostienen sobre un pedazo de madera. Bastones, vastos de mierda. Se pudren, la mierda los come. La caída es inminente. El piso, se empieza a infectar.

El tren sale de Retiro, a paso lento, camino a José León Suárez. Cientos de casas lindantes a las vías del ferrocarril Mitre se sostienen sobre pedazos de madera. Pueden caerse, hoy, mañana. En fin, resabios de la dictadura.

Se sostienen sobre un pedazo de madera. La caída es inminente. Se mesen. Se pudren. Se pisan entre sí. Y se van al piso. Por siempre.

En Suárez comenzó un juicio, esperado, ansiado. La utopía, ahora, es real, tangible, visible. Y puede sentirse. Por siempre.

Ellos, todavía ahí. Tres hombres trajeados, avejentados, encorvados. Sentados, se sostienen sobre un pedazo de madera. Bastones, cruentos. Otro, yace en una madera horizontal, devenida en camilla. Los cuatro son juzgados por sus pasados, en el presente, por el futuro. Por siempre.

Manuel Gonçalves es hijo de Gastón Gonçalves, secuestrado, torturado y asesinado. Al ex subcomisario Luis Abelardo Patti le imputan ese delito, como la privación ilegal de la libertad de otras ocho personas, de las cuales seis fueron torturadas. “Estos cuatro cobardes van a empezar a pagar y se va a acabar la impunidad. No pasará ni un año más”, vocifera Manuel, memorioso, nostálgico, y feliz, prosigue: “Mi hija estuvo pegando los banderines que colgamos hoy. Así que una generación ya sabe”, cuenta Manuel, orgulloso.

“Es un momento histórico, en el país hay trece juicios abiertos a genocidas, más el de (Emilio) Massera en Italia. Era parte de lo imposible, y se hizo posible”, explica Giselle, de la agrupación H.I.J.O.S (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). Esta organización nació en 1995, en la mitad de una década menemista lejana a la memoria. Y nació con más fuerza, entonces, para luchar contra esa corriente de olvido, para exigir justicia, con la necesidad de reconstruir historias, vidas, privadas de su identidad.

“Patti es un personaje particular, que difiere al resto de los genocidas por haber sido electo para diputado nacional, en 2005, pese a haber hecho público homicidios, y seguir siendo consecuente al aparato represivo”, argumenta Giselle, luego de la kermesse organizada por la organización el pasado lunes 27 de septiembre, en el comienzo del juicio. En el Auditorio Hugo del Carril de José León Suárez, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín comenzó a juzgar a Patti, junto a Reynaldo Bignone, el ex general Santiago Omar Riveros y el ex jefe de Patti en la comisaría de Escobar, Juan Meneghini, por allanamientos ilegales, secuestros, tormentos y un homicidio, todos delitos cometidos en la megacausa Campo de Mayo.

Frágiles como casas de naipes, las casillas de madera que rozan la estación de Retiro están al caer. Son secuelas de la dictadura militar, que la indiferencia general, se encarga de mancillarlas, más.

Ellos, son la dictadura. También se sostienen sobre un pedazo de madera. Sobre bastones, vastos de mierda. La caída es inminente. Se mesen, la mierda los encorva. Se pudren, la mierda los comió. Se van al piso. Se caen. El piso, se empieza a infectar.

Victimario

El disfraz que luce Luis Abelardo Patti en la clínica donde está internado revela su real estado de salud. Y desnuda la puesta en escensa que intenta mostrarlo como víctima, yacido en una camilla, en el inicio del juicio en el cual es juzgado por delitos de lesa humanidad.