En la Tierra de la Libertad

Están a 600 metros, pero pueden estar más cerca… ¡Se vienen!. Los afiches no anuncian un ataque extraterrestre. Hablan de Carlitos, y su barrio, Tierra y Libertad. Son las 6 cuadras de diferencia entre el asentamiento, que resiste por la fuerza de los vecinos desde hace más de dos años y medio, y la Ciudad Evita urbanizada, en donde muchos otros vecinos imploran por el desalojo de las más de 250 familias. Son las 6 cuadras de la indiferencia. Agarradas de las manos, a caras descubiertas, quinientas personas resistieron hace un par de meses un nuevo intento de destierro. Enfrente, misma cantidad de policías saciados de represión. Se tuvieron que ir. Aunque la intención, es regresar. Carlitos, luchador, asegura: “Si venís acá en 10 años, me vas a encontrar”.


Las 6 cuadras de la diferencia

Había una vez Carlitos, un viejito simpaticón de 50 años, dos hijos, indigente. Dice que intentó hacer las cosas bien, pero no lo dejaron. Su memoria recuerda aquel terreno en González Catán que compró hasta el fin de los días y que duró una mentira. A Carlitos lo estafaron, pero no le importa. Ahora está bien, dice. Ahora está y mañana no sé, pero está bien.

Carlitos vuelve de dejar a sus hijos en el colegio, vuelve de Evita, vuelve a pie. A un pie. Carlitos maniobra su muleta en medio del barro, y va, y llega. Lote 10, manzana 1, barrio Tierra y Libertad.

Están a 600 metros, pero pueden estar más cerca… ¡Se vienen!

Los afiches no anuncian un ataque extraterrestre. Hablan de Carlitos, de su nuevo barrio. Son las 6 cuadras de diferencia entre Tierra y Libertad y el resto de Evita. Son las 6 cuadras de la diferencia.

En esa otra Evita, hace ya diez viernes los vecinos cortan los accesos para pedir por el desalojo. Para (volver a) dejar en la calle a Carlitos y otras 250 familias.

¡Se vienen!

Carlitos saca chapa: yo estuve en la toma de la 21 y Cristian Díaz, dice, ahí tomamos siete veces y las siete nos sacaron. Volvía a la calle. Su memoria (su dignidad) saltea esos dos años, y sigue: un día, un muchacho me dice que se estaban vendiendo unas tierras usurpadas. Que eran fiscales y un tal Pulido las había hecho propias. ¿Por qué no vamos y las tomamos?

 

Primer día

Vinimos y entramos por una calle de atrás, por un caminito, fue el 15 de febrero del 2008… Medí a ojo los terrenos y pensé que sólo entraban 70 familias. Más de eso no. El sol se ponía, eran las 19, éramos 50.

Carlitos (su memoria) respira. ¿Qué llevabas ese día? Una mochila, nada más. ¿Y en la mochila? Frazadas, algún cuchillito, un cepillo de dientes.

Pero pará.

Eran las 19, te decía. Al ratito nomás apareció el hijo del dueño, gritando. Tengo papeles de estos terrenos, dijo.

¿Sí?

¿A verlos?

Se fue. Al rato volvió con cinco tipos con escopetas y revólveres, y empezó a tirar.

¿Al aire?

Algunos al aire y otros no tan al aire. Pero pará. Le puso un revólver a una chica en la cabeza y rompieron una pancarta que decía Barrio Tierra y Libertad.

¿Ya tenían el nombre?

Sí, ese primer día ya lo teníamos. Pero dejá que te cuente. Después uno de los tipos tiró un escopetazo y ahí reaccionamos. Lo agarramos del cogote y se fueron. Al ratito siguieron llegando familias. Para la 1 de la mañana ya habíamos anotado como 90.

Segundo día

El domingo llegó el secretario del fiscal. Nos dijo que teníamos que irnos porque eran tierras privadas. Pero eso era mentira.

Ese domingo a la noche tuvimos una balacera de aquellas. Hirieron a un muchacho en el hombro y a otro lo rozó una bala.

¿Quién tiraba?

El hijo del dueño.

Esa noche contamos 129 familias.

Primera semana

Tuvimos como seis balaceras más. Los tiros llegaban hasta el fondo, teníamos que tirarnos sobre el piso. Nos salvó que al tipo este le hicieran un allanamiento. Ahí pararon los tiroteos.

¿Y el desalojo?

El desalojo era cosa de todos los días.

¿Ya se habían asentado?

Ya habíamos diagramado las calles, medido los terrenos y colocado a todas las familias.

Carlitos no lo dice. Él midió y colocó a sus vecinos. Se asignó el último terreno, al fondo.

Después, cuenta, el que estaba acá, lote 10, quiso ir para allá y me lo cambió.

Ahora Carlitos vecina con el espacio cultural que Evitá el Tupper y otras organizaciones gestionan los fines de semana.

 

Presentimientos

Viste cuando vos tenés un presentimiento…

Yo venía notando que los que tramitaban el desalojo y hablaban con los abogados se movían de otra manera.

¿De qué manera?

Decían que estaba todo tranquilo, que el desalojo estaba parado…

Un día de octubre, creo que fue el 5, fui a la fiscalía a leer la causa. Yo estaba imputado y podía.

¿Imputado por qué?

Por usurpación de tierras. Pero pará. Fui a la fiscalía, pido la causa, la leo, y veo que para el 15 de octubre está firmado el desalojo.

Yo no dije nada, viste. Quería ver qué hacían los que venían manejando todo. Al otro día, era jueves, resulta que llaman a una asamblea. Y anuncian esto del desalojo.

Yo me puse loco: ¡ustedes saben esto desde septiembre y no dijeron nada!

Me dijeron traidor, que como iba a desconfiar de los que iban siempre a la fiscalía… Sí, iban siempre, pero yo que fui una vez ya sabía todo.

El desalojo fechaba el miércoles próximo. Esa semana los vecinos de Tierra y Libertad marcharon hasta San Justo, entregaron un petitorio al municipio y otro al juez, y decidieron resistir.

Carlitos seguía loco: yo he estado en desalojos, dice, y cuando ves toda esa cantidad de policía, con perros, balas de goma, gases y topadoras… ¿qué vas a hacer con una piedra?

Pero esa tarde vino Dios.

 

Internas

 

Era domingo, faltaban 3 días.

Me llama entonces un muchacho paraguayo de la Gauchito y me dice, literal, venir-señora-acá-mandar-a-organismo-tener-ayuda-para-acá. No sabía hablar, pero se entendió.

La Gauchito es otro asentamiento tomado en 2003, un tanto más grande que Tierra y Libertad. Su nombre original es Gauchito Gil. Completan la zona otras dos urbanizaciones conocidas como Un techo para todos y la 22 de Enero, con más de 26 años en Evita.

Pero pará. Cuando voy para allá una señora me dice que a ellos los había ayudado Tierra y Hábitat, un organismo de La Nación. Yo te voy a contactar con Javier Pereyra, me dijo, que quedó en venir el lunes a la mañanita.

Pero nunca llegó.

¿Qué pasó?

Resulta que la gente de acá del barrio que manejaba las cosas legales, había vendido la toma.

¿Cómo “vendido”?

Claro, ellos se salvaban y nos desalojaban al resto. A ellos los reubicaban. Por eso dijeron siempre que estaba todo tranquilo. Porque habían vendido la toma.

¿Vos te diste cuenta de esto?

Era así. Después me entero que estos tipos habían mandado a decir en la Gauchito que yo había dicho: son todas mentiras, qué nos van a ayudar; si nos desalojan, vamos y tomamos la Gauchito.

Entonces los de la Gauchito que me habían contactado con Tierra y Hábitat se enojaron. Y llamaron a Pereyra para que no venga.

¿Por eso ese lunes no fue?

Claro, viejo. Después me di cuenta de todo esto.

El día lunes recién fui a ver por qué no había venido. Y ahí me cuentan esto. Yo lo desmentí. Yo quiero vivir ahí, les dije, ¿vos me querés dar una mano y yo voy a hablar mal de vos?… Entonces yo le conté: creo que el desalojo está vendido.

Y ahí adelante mío llamó a Tierra y Hábitat, y quedamos en ir al otro día.

 

Cuenta regresiva

Faltaba un día.

Éramos diez los que fuimos a Tierra y Hábitat. ¿Vos sabés que jamás me atendieron tan bien en un organismo de La Nación? Nos sentaron con el abogado, el subsecretario, y nos dijeron que iban a tomar la causa.

Me acuerdo que abrieron un plano y nos dijeron: ustedes están acá, ¿no? Nosotros tenemos un poder sobre estas tierras. Entonces llamaron al fiscal Russo.

Cuando volvimos al barrio convocamos una reunión: señores, hemos parado el desalojo.

¡Sabés la alegría de esas 200 familias!

Carlitos sonríe por primera vez en la charla.

Empezar de nuevo

En noviembre de 2008 el Instituto de la Vivienda (IVC) pidió que se presentara un proyecto de barrio. Con la ayuda de un maestro mayor de obra trazaron los planos y dimensiones. El barrio Tierra y Libertad comenzaba a tomar forma.

Eso significaba que nos estábamos acomodando, Carlitos, queríamos tener agua, luz, que no nos jodan más con el desalojo. Cuando lo presentamos dijeron que se iban a reunir el 6 de abril.

El 6 de abril dijeron que el 29, el 29 que el 6 de mayo, y llegó noviembre sin novedades.

Ese noviembre las tomas volvieron a crecer. Unas familias tomaron unos terrenos de más allá, señala Carlos, y dieron el nombre de este barrio como que eran de acá. Pero nosotros nos habíamos comprometido a no extendernos más del plano que presentamos. Yo estaba imputado por esto.

¿Por qué voy a dar la cara por esa otra gente que recién llega?

El enemigo

Pero Carlitos es más bueno de lo que parece. De lo que parece esa frase. En Tierra y Habitat sugirieron complementar esas nuevas tomas, “porque si desalojan a ellos, después van por el resto”. Carlitos ahora admite: había gente que lo necesitaba…

Carlitos: nos unimos: armamos una mesa de trabajo, se sumaron organismos como Un techo para mi país, Evitá el Tupper, estábamos con todo.

A fuerza de petitorios, recursos y ayudas de organizaciones, lograron irse defendiendo de las denuncias de la clase media de Ciudad Evita, que seguían augurando la invasión extrarrestre:

Están a 600 metros, pero pueden estar más cerca… ¡Se vienen!

Encontraron, entonces, el pelo en la leche. A unos pocos metros de estos asentamientos hay inexplicablemente una reserva forestal. Las nuevas tomas se acercaban a este cordón de árboles intocable para el municipio. Y los del Foro de Seguridad de Ciudad Evita, a la cabeza del desalojo, denunciaron.

Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Matanza, explica: “La reserva ecológica se respetó, las familias que estaban allí se corrieron pacíficamente, pero la denuncia fue tomando forma igual. No era un problema legal sino político, y lo tenían que atender quienes estaban en función. Primero, porque la gente que llega ahí llega por una necesidad; segundo, porque el pedido de desalojo se hace por una denuncia por otras tierras y se utiliza eso para este barrio que no tiene nada que ver”.

El desalojo estaba fechado para el 10 de junio del 2010.

10 de junio

 

Estaba toda la policía, recuerda Carlitos, había canales de televisión. Todo parecía inminente. La única forma de no salir lastimados era hacer un cordón humano, tomándonos de las manos.

Eran las 9 de la mañana. Ahí fue Pimentel y los abogados a negociar con el fiscal…

¿Qué le dijiste al fiscal, Pimentel?

Le dije que iban a cometer un hecho totalmente ilegal, que lo íbamos a hacer analizar por las instancias superiores, porque están usando esto como instrumento porque no se bancan la presión de los vecinos acomodados de Ciudad Evita. Entonces el intendente decidió avanzar sobre esta gente humilde a cambio de estar bien con esa otra, y se vio cómo se hacía judicialmente para sacarlos.

¿Se logró parar el desalojo?

Sí. Se resistió en forma pacífica, a cara descubierta, agarrados de las manos. Éramos 500 personas e igual cantidad de policías. Lo que reinó fue el sentido común, y el fiscal, al ver que no iba a pagar tan alto costo político, ordenó irse.

¿Qué recordás vos, Carlitos?

Los policías venían a dar palos, ¡y se fueron re calientes!

Persona no grata

 

Los del Foro se tomaron una anónima revancha.

El 4 de septiembre, Ciudad Evita amaneció con afiches que declaraban a Pablo Pimentel “persona no grata de la ciudad”.

Otra vecina de Evita, que vive a algunas cuadras del barrio y prefirió no dar su nombre, también certifica estas amenazas: “Nos han sacado fotos a escondidas, amenazándonos con que nos iban a hacer mierda a los que apoyábamos el asentamiento, a través de Facebook o panfletos, a los que concurríamos a la asambleas”.

¿Por qué estos afiches, Pablo?

El enojo mayor es que resistimos el desalojo y se dobló el brazo a estos tipos que creían tener todo el poder de “vecinos exclusivos” que podían digitar el accionar de la justicia y la política. Ésa clase media que dice que se le desvaloriza su propiedad o que aumenta la delincuencia por estas tomas, miente: Ciudad Evita hace más de 30 años está rodeada por más de 40 asentamientos. Es una clase media y alta que se olvidó de sus orígenes, porque Ciudad Evita es el primer barrio obrero, hecho por la Fundación Eva Perón, allá por la década del 40.

Como si tuvieras sarna

Los del Foro y esos vecinos dicen que se les devalúa la propiedad, pero nosotros estamos a 600 metros y no nos ve nadie. Necesitamos lo que tienen ellos, sigue Carlitos, el colegio, pero porque no nos lo dan. Necesitamos la salita, pero porque no tenemos.

Entre Tierra y Libertad, la 22 de Enero, la Gauchito Gil y Un techo para todos, no hay ni un colegio ni una salita de salud. Entre los cuatro asentamientos reúnen casi 3 mil familias, esto es, entre 10 mil y 15 mil personas. De ellas, 4 mil son niños.

En palabras de Carlitos:

¿Vos viste lo que es entrar acá con el barro? No podés pasar, padre. Buscan la pobreza para que nos puedan manejar, buscan la ignorancia. Al no haber colegios, muchos chicos no van porque es lejos, se embarran, los días de lluvia no podés ni caminar. Quieren la ignorancia de los chicos, para mañana poder manejarlos como quieren hacer con nosotros. Y a los que asisten, los discriminan. Para que los tomen en el colegio tienen que poner otra dirección, no podés decir que sos “de la nueva toma”. Es como si tuvieras sarna.

Carlitos espera, piensa. Prosigue: el año que viene quiero anotar a mi nena. Qué va a pasar, no sé.
¿Qué dirección vas a poner?
Lote 10, manzana uno, barrio Tierra y Libertad.

Qué va a pasar
La causa acaba de estrenar fiscal: José Luis Maroto, que hasta el cierre de esta nota aún no había recorrido el barrio. Carlitos lo conoce: este no tiene problemas en mandar el desalojo. En la toma de Nicole – barrio desalojado en Virrey del Pino-, los sacó de noche, sin avisar y tiró casas de material.
El terreno que ocupan las 11 manzanas del barrio pertenece al Instituto de Vivienda de la Ciudad, que no se pronunció al respecto ni pidió el desalojo. Incluso hubo un tanteo de fijar un marco regulatorio y de protección a los vecinos, que en principio se haría a nombre de la asociación Un techo para mi país. Estas semanas, los vecinos están leyendo y firmando las intermediaciones.
¿Carlitos, qué va a pasar?
Si venís acá en 10 años, me vas a encontrar.