Contra las cuerdas

La Federación Argentina de Boxeo (FAB) le quita ganancias a los deportistas y las repartes en manos de grandes empresarios. El ex boxeador, Sergio Palma, lo denuncia y va por todo en busca de la ley de este deporte de guantes.

Durante años sus peticiones no fueron escuchadas. Los golpes duros generaban knock-outs y seguían sin darles una mísera respuesta. Las peleas transcurrían y siempre era el mismo resultado: todos los beneficios para unos pocos y queda prohibido repartir equitativamente. Un proyecto de ley que busca una nueva reglamentación más igualitaria para los deportes de contacto para así frenar los abusos económicos de quiénes manejan el boxeo como si fuese un negocio y no un deporte. Una idea que busca, fundamentalmente, que se logren cumplir derechos tan importantes para cualquier deportista, para cualquier persona: salud digna y obligatoriedad de educación.

 Se los ve desde lejos como tipos humildes, duros y férreos. Como si nunca necesitaran una mano, una ayuda para sortear sus problemas, que siempre van a poder por si solos. Pero hoy sí la necesitan. Desde la creación de la Federación Argentina de Box (FAB), en ningún momento se les garantizaron todos los derechos a los boxeadores. Un deporte que se volvió más para los empresarios que para los deportistas, un deporte que encontró al socio indicado para callar estas injusticias dentro de la misma organización que debiera ampararlos y que necesita de una implementación de una ley para impedir que siga sucediendo.

 “Es vital que salga para frenar los abusos de estafa en los contratos. Al boxeador lo acostumbraron a no tener derechos, a que no se pueda asesorar ni participar de las ganancias, a no cobrar bolsas. Si alguno se lesiona no tiene ni una ART que lo cubra, ni que lo indemnice, ni él ni su equipo de trabajo”, denuncia la abogada Miriam Peral, abogada y escritora del proyecto para la Ley para el deporte Argentino. Una idea que surgió hace tres años, que hace dos está inscripto en la Dirección Nacional del Derecho de Autor y que no ha recibido respuesta alguna por parte de los legisladores de la Nación. “Nadie se preocupó ni para que se ponga en estudio en la Comisión de Deportes de la Nación y sea analizado, pero tenemos el apoyo total de los boxeadores, falta ahora el de los políticos”.

 El proyecto cubre todos los aspectos para lograr una mejora en las condiciones de trabajo de los deportistas. Desde obligar a que la relación laboral del deportista sea en blanco, hasta cuestiones educativas, desde cambiar la forma en que es distribuído el dinero generado por el boxeador, hasta obra social y aportes jubilatorios para todos los que trabajan con el deportista, sean técnicos, preparadores físicos o cualquier otro aparte que necesite.

 Uno de los asuntos fundamentales que toma ley es el derecho de explotación comercial de imagen. Actualmente, los boxeadores son víctimas y son utilizados de forma abusiva, dejándoles un vacío económico notable, en relación a todo lo que producen. “Existen convenios entre las empresas que transmiten en las cuales el deportista debería recibir el dinero por cada aparición, como por ejemplo cada vez que hay una repetición de cualquier pelea. Esto no impediría que su representante y la FAB reciban un porcentaje mínimo de los mismos, pero lo que busca es lograr que éstos últimos dejen de ser los que más reciben”, dice Peral. La ley también atendería el “derecho de sponsor”, pero establece que el  contrato debe estar regulado para que él sea el protagonista y maneje las condiciones del convenio, aunque obviamente su representante o la FAB, tengan derecho a recibir pequeños porcentajes.

Sergio Victor Palma, ex boxeador, actual entrenador y uno de los precursores de la ley, encuentra en los managers y los empresarios gran parte de los responsables de que suceda esto. Pero también lo ve mucho más claro en una institución que debería ser la aliada más condicional de todo boxeador: en la FAB. Denuncia que no actúa de forma correcta y que no es imparcial, ya que busca tener una remuneración económica. “Está funcionando como una entidad deforme, porque es juez y parte. Termina siendo presidente un capo mafia y como tal no puede regir, tiene que repartir”.

Palma, apodado “el boxeador culto” en su época de los combates del Luna Park, se escandaliza con la forma en la que les roban a sus colegas. “Piensan que somos todos boludos, el sindicato de los boxeadores lo crearon para tener un quisco para obtener subsidios del Estado con el pretexto de utilizarlo para el bien nuestro”. Actualmente allí funciona la obra social OBARA pero que el boxeador encuentra como insuficiente y utilizada para otros fines: “Dicen que tiene once mil afiliados, pero ninguno es boxeador, lo utilizan para otros asuntos raros. Son unos hijos de puta porque les pedís un favor y te buscan cualquier excusa para no darte importancia”.

Actualmente, la FAB no es la única institución que rige en el boxeo. A raíz de las imperfecciones e incoherencias del establecimiento más importante de este deporte surgieron nuevas que intentan dar los beneficios que les son negados. Su poder es mínimo comparado con el que otorga y resulta casi insignificante. El ex boxeador y actual periodista y poeta encuentra también allí una solución más drástica: “La actual comisión directiva debiera renunciar. La cúpula completa lo debe hacer para que la FAB no muera, de lugar a elecciones y que se forme un nuevo grupo de conductores del boxeo, unificado y sólido”.

Otro de los temas fundamentales de los cuales trata la ley y que no ampara la actual, es en el traspaso del supuesto amateurismo al profesionalismo. Supuesto porque los propios integrantes de la AIBA (Asociación Internacional de Boxeo Amateur), reconocieron desde hace varios años que ya no existe más el boxeo amateur, porque sus reglas son muy diferentes a las de los grandes combates, porque nunca se lo reglamentó como oficial y porque fundamentalmente no ampara derechos necesarios para un joven que aspira a boxear toda su vida. “Es una etapa imprescindible porque la enseñanza de una técnica deportiva no es la mecanización de muñequitos a cuerda, sino que se debiera tratar de aplicar una educación mucho más formal para crear ciudadanos, más allá del ámbito deportivo”, remata Palma.

“La idea es copiar lo que pasa en Cuba y tratar de generar deportistas con cierto nivel de cultura, con una buena educación y el secundario obligatorio en cualquier caso”, menciona Peral. Palma, cansado de que lo llamen el boxeador que se interesa por lo que sucede, el único que lee o se interesa por la realidad social, va por el mismo lado que la abogada: “Estoy harto que me digan ‘el boxeador culto y esas cosas’, es hora de primero dejar de lado ese prejuicio que los otros deportistas no son inteligentes y empezar a crear desde las bases jóvenes pensantes y laburantes”.

Es una ley que quiere salir. Es una ley que merece salir. Pero no lo hará hasta que no se masifique el mensaje, hasta que los legisladores se den cuenta de la forma en la que tratan los empresarios a los boxeadores y a los futuros deportistas. La abogada Miriam Palma es optimista, pero es realista de las condiciones actuales para realizarlo: “La idea es que empiecen a pensar en los intereses del deportista y no de los empresarios. Vamos en buen camino, tardará, pero va a salir”. Y saldrá.