Arte en movimiento

Alumnos del IUNA y secundarios de arte en busca del cambio. El Estado Nacional, el Gobierno de la Ciudad, el Ministerio de Educación y Liliana de Maio – rectora del IUNA- eligen cursar las asignaturas oídos sordos y promesas sin cumplir, frente al reclamo del estudiantado.

No da para más. Estudiantes del Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) siguen con la toma de las sedes hace más de veinte días, en reclamo de un derecho que se les niega hace años: la educación pública en condiciones dignas.

Enseñar a amar el arte. Se organizan, crean talleres y arman debates en busca de una respuesta que nunca llega. Sus pedidos son simples y claros: un lugar donde puedan formarse artísticamente sin correr el riesgo de derrumbe y que se encuentre acondicionado de acuerdo a la cantidad de alumnos que estudian la carrera; además, un presupuesto que cubra los materiales necesarios.

“Nosotros nos tenemos que encargar de comprar kilos y kilos de material para poder trabajar. No hay ninguna facilitación por parte de la institución”, asegura Alejo –quien prefirió no dar su apellido por miedo a represalias-. Alejo es estudiante de artes visuales en el IUNA y es uno de los que lleva a cabo esta lucha.

Es importante recalcar que las clases se siguen dictando a pesar de los aprietes. “Nosotros planteamos la toma con clases, pero tanto las autoridades a cargo de las sedes como los gremios se encargar de crear impedimentos para que no se realicen. Ya que su objetivo es querer dividir al estudiantado, y así poder correr el eje de discusión”, confiesa Alejo.

Además de acampar día y noche en las instituciones en busca de una solución inmediata, los alumnos organizan un festival con actividades varias como: conciertos de bandas, talleres, pintadas, entre otras. Esto como parte del plan de lucha en reclamo al Ministerio Nacional de Educación.

“Desde el 2005 el IUNA está declarado en emergencia edilicia ante el Ministerio”, se indigna Leonardo, quien cursa en el área Trasdepartamental de Folclore. Un informe elevado por los alumnos de esta sede deja constancia de los problemas edilicios que sufren. Además de ser un edificio diseñado con un fin industrial y sin haberse realizado reformas de reciclaje para satisfacer las necesidades del uso actual, se destacan: la falta de acondicionamiento acústico y de metros cuadrados en las aulas para los 1200 alumnos que cursan allí. El incumplimiento de las normas de seguridad e higiene establecidas: puertas que abren para adentro, baños con grietas -que no son correspondientes con la cantidad de alumnos, y que son prestados por el Departamento de “Arte en Movimiento”, ya que en la sede de Folclore no hay baños. Ascensores clausurados, falta de ventilación, tableros eléctricos y cañerías a la vista. ¿Respuestas recibidas? Ninguna.

Las autoridades del IUNA cumplen un rol fundamental en esta vergüenza educativa. “La rectora Liliana de Maio hace tres años que no presenta los balances de lo que hace con el presupuesto –que a pesar de ser deficitario ella acepta- que se le asigna a la institución”, añade Leonardo. Además, un sentimiento de división ronda en las sedes. “La Decana del Departamento de Artes Dramáticas Sandra Torlucci, Carmelo Saitta –de Artes multimediales- y Oscar Traversa – de Crítica de Arte- no quisieron que se den clases en la sede de Dramatización –la única que no está tomada- para que los alumnos de la misma vayan a quejarse con sus compañeros por la toma de las demás sedes, echándoles la culpa de no poder continuar con las clases”, denunció Leonardo. Por suerte, esto llevó a que los chicos del departamento de Dramática fueran a informarse en boca de sus compañeros, por lo cual algunos decidieron apoyar la toma. “Este reclamo no es sólo con el IUNA. Esto es en carácter nacional en defensa de la educación pública”.

 Los más chicos también reclaman

A este reclamo, se le sumaron también los colegios secundarios de arte como el Fernando Fader y el Rogelio Yrurtia. El primero sigue tomado en apoyo a una mejora total de los colegios, en cambio el Yrurtia estuvo tomado pero actualmente se encuentra en la dulce espera de lo prometido. Problemas de infraestructura y de insumos los unen.

“Acá existe una empatía de los alumnos con la escuela. La sienten y defienden como su casa”, asegura el vicedirector Ricardo Ajler. Los pedidos son recurrentes: una heladera para las viandas, sillas, mesas, el arreglo de los baños, extractores, estufas, cerraduras, y en especial un edificio más grande debido a la concurrencia de alumnos (unos 200 chicos por turno). “La toma la levantamos porque daba la impresión de que estaban haciendo algo. Esta sensación duró dos o tres días donde nos trajeron un par de cosas pedidas”, continúa Ajler. Sin embargo, el cumplimiento cesó y la escuela se encuentra a la espera de que se cumpla con lo prometido. Se les otorgó hace tiempo un predio a cambio del reclamo por el escaso espacio que tiene la escuela, pero resultó ser un baldío que obviamente no está en condiciones. El vicedirector anticipa que si el reclamo no avanza “los chicos van a seguir con la protesta y seguramente volverán a tomar la escuela”.

Por otro lado, en el Fernando Fader la toma no cesa. “Es uno de los colegios donde se empezaron a discutir con más fuerza ciertos temas como la reforma edilicia”, asegura Tomás, alumno de sexto año. A pesar de que su escuela tiene licitación y empresa, la obra estuvo detenida a fin del año pasado y a principios de este. “Logramos que se continúe con la obra y nos planteamos una articulación con otros colegios. Ya que hay que empezar a tomar al estudiantado como una unidad. No es sólo por una cuestión de solidaridad. Es un sentimiento de identidad para reconocernos como sujetos de cambio”, confirma Tomás. El Fernando Fader fue remodelado por sus alumnos; quienes realizaron pintadas de aulas y murales, crearon debates y talleres durante las tomas. Sin embargo, por parte del Gobierno de la Ciudad, la única obra que se realiza está en manos de un grupo de solamente 30 obreros.

Lamentablemente algunas cosas no cambian. Los materiales para educarse dependen de los alumnos. El esfuerzo, la lucha y el cambio también.