Ser prostituyentes es ser puto

El prostituyente, ese ser que paga por tener relaciones con una mujer cual objeto de mercancía, no está sometido a una condena social como sí la puta. María Galindo, del movimiento colectivo feminista Mujeres Creando, explica: “La prostitución es un pendiente de todos los sistemas políticos e ideologías de cambio social. La sociedad patriarcal reconoce el derecho de prostituir como un privilegio masculino y el hecho de prostituirse como una culpa femenina”. Y sentencia al prostituyente: “Es el sujeto el que tiene que ponerse en cuestión a sí mismo, como lo hace la puta”.

Ellos prostituyen y eso está bien, yo me prostituyo y eso está mal.

Con esa frase, María Galindo y Sonia Sánchez titulan uno de los capítulos de su libro Ninguna mujer nace para puta que pone en jaque al prostituyente. ¿Qué rol ocupa dentro del circuito de la prostitución? ¿Por qué no cae sobre él la misma condena que sobre las putas? ¿Está bien prostituir un cuerpo? Éstas son algunas de las preguntas que se hacen, que nos hacen, y que desde Nos interesa refrescar.

María Galindo se define boliviana y feminista; integra el colectivo Mujeres Creando que desde hace 20 años se dedica a “construir un espacio heterogéneo de indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas”, según ella misma. Otras voces dicen que se dedica a armar quilombo.

En las calles de Bolivia, María y sus hermanas salen a interpelar a esa sociedad machista. En pleno centro, llegaron a pintarles el miembro a hombres desnudos. Las reacciones incluyeron de todo menos aplausos. La actividad lanzó la pregunta a esos machos que, finalmente, lograron que la policía llevara detenidas a las activistas femeninas: ¿qué dirías, vos, hombre y boliviano, si acá en vez de machos desnudos, hubiese mujeres?

Otras frases, pintarrajeadas a lo largo y ancho de La Paz, rezan:

De hacerte la cama, de hacerte la cena, se me fueron las ganas de hacerte el amor

El príncipe azul no existe, el macho violento sí

No quiero ser la mujer de tu vida, quiero ser la de la mía

No hay nada más parecido a un machista de izquierda, que un machista de derecha

Desobediencia, por tu culpa voy a ser feliz

María nos regala estas respuestas, que no cesan de preguntar.

¿Por qué existe ese vacío de discusión en torno al prostituyente? ¿Qué historicidad le da cabida a no condenarlo y sí a las prostitutas?

Es un vacío que tiene mucho que ver con el hecho de que la prostitución es un pendiente de todos los sistemas políticos e ideologías de cambio social, porque todos tienen un componente patriarcal y una lógica patriarcal que no se ha superado y que no se rompe por ningún lado. La sociedad patriarcal reconoce desde “la cultura” el derecho de prostituir como un privilegio masculino, y el hecho de prostituirse como una culpa femenina.

¿Qué rasgos se desprenden de esa concepción “patriarcal”?

Esta conexión tiene varias capas políticas, que derivan sobre el concepto del cuerpo de la mujer como objeto de intercambio en una sociedad. Es que el tema de la prostitución no puede ser recortado y aislado del análisis del conjunto de relaciones sociales en una sociedad. No es un tema aparte el de las putas, tiene el poder de poner en cuestión muchas cosas al mismo tiempo.

¿Cuáles?

El consumo de la prostitución es una relación prostituyente-prostituta, que tiene el poder además de dibujar la relación varón-mujer en una determinada sociedad. No es una relación directa prostituyente-prostituta, sino que es un contrato prostituyente-proxeneta, igual que todos los contratos sexuales en la sociedad patriarcal son contratos entre hombres sobre el intercambio de los cuerpos, la fuerza de trabajo y la vida de las mujeres. La interlocución y el poder es hombre-hombre y no hombre-mujer, la mujer es la mercancía no la interlocutora, ni la contraparte.

¿Y ese hombre, entonces, cómo se define?

La sociedad patriarcal le permite transitar de prostituyente a padre, a marido, a hermano con permisividad, con impunidad y, muchas veces, con cinismo; esto no significa que el prostituyente salga sin marcas de una relación de consumo del cuerpo de “la otra”.

El prostituyente no sale intacto del consumo de prostitución. Su cuerpo ha pasado por un proceso también. Un proceso que no es racional, por eso no es suficiente el justificativo social que cotidianamente recibe para consumir prostitución. Sabe que el vínculo de consumo que crea es un vínculo degradante y por eso necesita él mismo legitimarlo.

María nos deja pensando.

¿Existe, entonces, un prototipo de prostituyente?

La pintada sobre la pared habla que no:

No hay nada más parecido a un machista de izquierda, que un machista de derecha..

El 18 de octubre de 2004, el sociólogo francés Saïd Bouamama presentó una investigación sobre los prostituyentes, que originó una encuesta de opinión pública que incluyó 150.000 cuestionarios – envíados vía correo postal e Internet-, de los cuales fueron respondidos 13.000.

El psicoanalista Juan Carlos Volnovich, autor del libro Ir de putas que ensaya un análisis psicológico del prostituyente, comenta sobre la encuesta: “Dato significativo fue el reconocimiento que, más allá de la diversidad de respuestas contenidas en los 13.000 cuestionarios, las concepciones que sostienen las mujeres se superponen con la de los varones. Es probable que las mujeres reconozcan más enfáticamente el carácter inaceptable de la prostitución, que la condenen más severamente que los varones, pero ambos (varones y mujeres) coinciden en que la prostitución es una fatalidad inevitable y una necesidad ineludible de los varones”.

Dato no-menor. El machismo, también entre las mujeres.

La encuesta concluyó que la mayoría de los prostituyentes hombres tienen edad entre 35 y 50 años y viven en pareja. Entre ellos, el 55% tenía uno o más hijos. El análisis de esos escalofriantes datos esgrimió cinco prototipos de prostituyentes:

  • Los prostituyenes que justifican su afición a las prostitutas acusando abstinencia sexual y soledad afectiva.
  • La segunda excusa, según porcentaje, acusa a la “desconfianza, el temor y el odio” que le inspiran las mujeres. Volnovich apunta: “Es interesante observar que en éste nivel se agrupan los varones que culpan a la sociedad por el protagonismo y el poder que las mujeres están logrando. Son varones que responsabilizan al feminismo por la pérdida de los valores tradicionales al tiempo que añoran las épocas en que los hombres dominaban y ellas se sometían delicada y dulcemente a sus deseos”.
  • Una tercera categoría lo explica porque sus mujeres los someten a una vida sexual insatisfactoria; la salvedad – para qué aclarar, si oscurece- habla de “un vínculo sensual donde nada de lo cariñoso está presente. Esto es, una relación en la que la corriente erótica no ha de verse sacrificada en su totalidad a raíz de su proximidad con la corriente cariñosa”. Sería el consumo del cuerpo como mercancía pura.
  • El 43% de los entrevistados adhirió a la postura de “pagar para ahorrarse los problemas de las relaciones afectivas”, es decir, cumplir con el imperativo de una sexualidad sin el compromiso afectivo.
  • La quinta categoría reúne a los adictos sexuales.

Como se desprende, la tipología está construida sobre las fundamentaciones que dan esos prostituyentes. Que son europeos, lo cual puede que signifique una diferencia en el marco de la prostitución en Latinoamérica.

En todo caso, nos quedamos pensando.

María y la encuesta no son respuestas a las preguntas antes formuladas.

En todo caso, dirá Galindo:

“No vamos a asumir el papel de educadoras, no vamos a asumir eso como nuestra tarea política, justo porque partimos de un hecho fundamental: es el sujeto quien tiene que ser capaz de ponerse en cuestión a sí mismo, como lo hace la puta”.

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