¿Qué es ser puto?

Desde Nos entendemos que es necesario continuar con esta propuesta de resignificar la palabra Puto, con el objetivo de seguir poniendo de relieve al monstruo de la discriminación, y mostrar varias de las opiniones de los lectores.  La discusión por la igualdad de los homosexuales es la discusión por esa diferencia. Al celebrar la flamante ley, asumimos que todos, Todos, somos y elegimos distinto. Al decir Puto, también podés elegir.  Contra la discriminación, enviá la resignificación de la palabra a : queesserputo@hotmail.com

El primer debate propuesto por Nos dejó una inquietud: ¿Puto es el homosexual o es una mala persona?

¿Las dos?

Bruno Rossi escribió para Nos:

“No es nada más que otra de las tantas características que hacen a una persona. Algunos son putos, otros no. Nada más para debatir”.

Fran Maresa eligió rematar:

“Puto = gente jodida”.

Para la RAE no es Puto el homosexual, sino quien se prostituye. Aquí acaba el debate formal. Pero se abre otro vericueto: al decir Puto a un homosexual, suponemos esa prostitución (al menos para la RAE). De nuevo, insultamos.

(Podría pensarse, también, que la prostitución no es un acto indigno y degradante; entonces, no es insulto).

Aquí proponemos una génesis: como insulto, Puta – en femenino- sí tiene un uso más discriminatorio que para definir una condición sexual. De hecho: a las mujeres que gustan del mismo sexo, las llamamos “lesbianas”, no Putas.

¿Y qué son, entonces, las Putas?

Sí: el asocie perpetuo es con la prostitución.

Entonces: la acepción y relación de Puto con la homosexualidad, viene de aquí, sería “quien se hace coger por un hombre”. También derivan otras acepciones: hijo de Puta, lo que es, hijo de cualquiera, hijo huérfano de padre.

El diccionario también acepta Puto como persona maliciosa y despreciable. En este sentido nos dirigimos: ¿Es Puto ya un vocablo singular y separado de su relación con la homosexualidad?

Así, poco importa qué diga el diccionario: son palabras argentas, con resignificaciones propias y singulares según el contexto.

Al hablar de Puto, indistintamente podemos asociar: cobardía, homosexualidad, suerte, molestia, dificultad, fragilidad, debilidad, orgullo…

Belén García, convocada por Nos, comentó al respecto:

“Obvio que el referente en el esquema comunicativo le da sentido a cualquier mensaje. Se enseña en sexto grado. Pero los chicos de Nos plantean deshacer el prejuicio, y para hacerlo, creo que hay que correrse de esa cosa progre de “te digo Puto pero con cariño”. La revista no plantea el debate en ese marco referencial, me parece. Si no entendí mal, a eso se refiere la convocatoria. A analizar la frase en su sentido jodido… No está bueno faltar el respeto, trivializando o subestimando el fuerte contenido discriminatorio de la palabra”.

Sí y no.

La intención y no el contexto determina la acepción que usemos. Pero, como dice Belén, tampoco es cuestión de menospreciar el origen y valor de las palabras.

Ése es el debate que propone Ari Smok, al decir:

“En la ultima Barcelona ponen una foto de Videla y dice día del hijo de puta, en referencia a su cumpleaños.
En este caso para Barcelona es peor ser puta que ser un asesino”.

Aquí, Barcelona quiso decir: “Día de la mala persona”. Pero, estrictamente hablando, usó Puta como un insulto.

¿En qué vereda nos paramos, entonces?

Incluso la invención de palabras no cesa… ¿Es de esperar, entonces, que los vocablos se anclen en una definición, en “su” definición?

¿Quién dicta la norma?

¿La RAE?

En España, el asocie directo de Puto refiere a algo estupendo y de buen gusto: “Esta pizza está de puta madre”.

La RAE incorpora palabras cada año, e incluso acepciones de las que ya existen. Los hablantes, entonces, toman la posta.

¿Pero a quién le importa el diccionario?

Juan Scalise opinó para Nos:

“Hoy en día, tratar de buscarle un sólo significado a la palabra puto creo que sería algo vacío, incompleto; ya que en sus mil facetas, infinitas posibilidades la palabra puede englobar un sin fin de connotaciones discriminatorias o no. No me parece mal analizar cada una de ellas, si justamente la idea de la convocatoria es abstraerse de la discriminación a la que la palabra puto nos lleva y poder resignificarla. Creo yo, que si no se lo hace desde todos sus significados, es desmerecer a la palabra, dejar el trabajo inconcluso”.

Quizá los insultos no deban tomarse al pie de la letra: son reacciones o pulsiones que carecen de sentido gramatical: sólo buscan una reacción.

Bien podemos decir Puto en el mismo sentido de Cagón, y no estamos, aquí, haciendo un rastrillaje de por qué Cagón se utiliza como insulto.

Pero sí vale la pena preguntarse:

¿Qué es ser un “Negro”, por ejemplo?

Alejandro Pairone ensayó su respuesta:

“La palabra en si misma no discrimina ni descalifica; en todo caso lo hace el  sentido que se le de en su contexto. Incluso hasta son pasible de resignificaciones para apropiarse del término pero con otro sentido. Así fue con “cabecitas negra”, “indígenas”…”. s”, “indìgenas” u otras palabras originalmente descalificadoras

Pero los insultos no son porque-sí.

Por un lado, son producto natural de la dinámica del habla. Los insultos se renuevan tanto más que otras palabras.

Hoy es ofensivo hasta que te digan “gato”.

Gato es a quien se cogen dentro del calabozo. La jerga carcelaria es uno de los semilleros de insultos más relevantes aquí en Argentina. Y el caso de Gato, se mueve igual que en el de Puto.

Pero Gato, cotidianamente, no es el homosexual sino el “gil”, el “boludo”. Las acepciones se desvían… Y aquí es donde entra el juego de las moralidades.

Puede que hoy digamos Puto y no en referencia a la homosexualidad. En todo caso, es producto de una historia que marginó a las prostitutas y condenó la diferencia. Es la historia que prohibió el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La discusión por la igualdad de los homosexuales es la discusión por esa diferencia. Al celebrar la flamante ley, asumimos que todos, Todos, somos y elegimos distinto.

Al decir Puto, también podés elegir.

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