No son crímenes pasionales, son femicidios

En el primer semestre del año, 126 mujeres fueron asesinadas por la violencia de género. En 2008 hubo 207 víctimas fatales, y en 2009 la cifra ascendió a 231. La violencia se acrecienta. La desidia de un Estado ausente, también.

Mirta Alejandra Arias tenía 37 años y vivía en la localidad cordobesa de Sacchi. Era madre de cinco hijos de 18, 17, 15, 11 y 5 años. Hace ya unos años, estos niños se quedaron sin mamá. Rolando Gaitán Juncos era su pareja. La obligaba a vestirse mal para que nadie la mirara. No le permitía que se encontrara con amigas. La golpeaba hasta dejarla con moretones en la cara y en las manos. Mirta no contó con protección para poder frenarlo.

El lunes 16 de marzo del 2008 Juncos la asesinó en un descampado. El hombre la golpeó en la cara con un bloque de cemento y cuando volvió les dijo a sus hijos: “No la llamen más porque la maté”. Antes de irse, secuestró a Sofía, la hija más chica de Mirta. Después de cinco días de búsqueda el cuerpo de la niña fue encontrado en un pozo de cuarenta metros de profundidad en el que habría sido arrojada viva.

Este relato tiene a Mirta como protagonista. Pero su nombre podría ser Verónica, Noelia, Sandra, María o el de cualquier víctima mortal por causa de violencia y mal trato doméstico. En Argentina casi el 80% de las veces los homicidios son cometidos por hombres contra mujeres. En el primer semestre del año, 126 mujeres fueron asesinadas. En 2008 hubo 207 victimas fatales, y en 2009 la cifra ascendió a 231. Los números se acrecientan. La desidia del Estado también. Y de los medios de comunicación, desinformantes cuando eufemisan aduciendo “crímenes pasionales”.

Pero,  ¿de que pasión hablan?.

Por pasión, culturalmente, entendemos un marcado sentimiento o entusiasmo por ciertas prácticas o disciplinas. Mediante el lenguaje organizamos nuestra realidad interna, pensamientos y sentimientos. “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, dijo alguna vez Ludwig Wittgenstein, filósofo austriaco conocido por sus aportes en materia lingüística. De esta forma queda en evidencia que cuando se acepta esta terminología para hacer referencia al homicidio se está soslayando una práctica aberrante.

Mientras tanto las organizaciones feministas continúan en la lucha por la igualdad y sostienen que este es el lenguaje del patriarcado. La violencia de género y los eufemismos con los cuales se disfraza, oculta, pervierte, no tienen otro objetivo que el control. Nuria Varela, escritora idónea en la violencia de género, en su libro Feminismo para principiantes, asegura que “no es una violencia pasional, ni sentimental, ni genética, ni natural. La violencia de género es la máxima expresión del poder que los varones tienen o pretenden tener sobre las mujeres”. La periodista Zula Lucero, reafirma el concepto: “El patriarcado, desde el comienzo nos ha oprimido y a determinado roles claros dentro de la sociedad: madres, esposas, cuidadoras, putas, consumidoras etc. y dentro de estos roles ha construido estereotipos: madre abnegada, la puta en la cama, la puta de la esquina, la esposa fiel, la esposa sumisa, entre otros. Los medios han colaborado para reforzar estos roles/estereotipos construyendo una realidad social, donde nosotras las mujeres no formamos parte de la agenda de los temas importantes, salvo, claro, desde una mirada patriarcal”.

En marzo del año pasado se sancionó en el Congreso la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres. Tal como lo prevé su primer artículo, la ley tiene como objeto trabajar para erradicar la violencia contra las mujeres en el ámbito familiar y las relaciones interpersonales y brindar asistencia integral a las víctimas. La nueva norma propone crear una línea telefónica nacional para denunciar y pedir ayuda frente a la violencia doméstica, la creación de refugios para que las víctimas puedan salir del encierro, la prioridad para recibir créditos y empoderar a las mujeres que buscan salir de situaciones de vulnerabilidad, entre otras medidas. Y también avanza en enmarcar la violencia institucional, obstétrica, mediática y sexual y reproductiva contra las mujeres.

A pesar de esto, no hay una política nacional que prevenga, erradique y sancione este flagelo. La autora del proyecto, Marita Perceval, admite que se necesitan protocolos de atención unificados a las víctimas para que la revictimización no sea pan cotidiano para las mujeres. “Muchas veces el trayecto entre el lugar donde la mujer hace la denuncia y el trabajo o la casa es la autopista de la muerte”.

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