Mujertística

Hablar de la mujer en el arte es antes que nada hablar de la multiplicidad de enfoques del proceso creativo. Es, en términos históricos, hablar de la musa, de la forma, del tema, de la artista. Pero es, sobre todo, también hablar de la disputa de un espacio de poder desde el cual manifestar una visión propia.

Si podemos o no hablar de distintas creatividades en torno al género es un debate extenso y confuso. Lo que sí podemos señalar es que, en la construcción del discurso hegemónico respecto de lo artístico, la mirada femenina ha sido ampliamente dejada de lado.  Salvo excepciones, la representación de la mujer ha corrido a cargo de artistas masculinos, reflejando ciertos tópicos como aludir más a sus rasgos sexuales y físicos que a los intelectuales, existe una asociación más a lo biológico que a lo cultural.

A partir de allí, una breve apreciación muestra al menos dos transformaciones básicas. La primera es la de la mujer como inspiración a la mujer creadora. Allí se abandona el rol pasivo como objeto de deseo y se configura como deseante. La historia del arte es, sin duda, la historia de un deseo. Y en segundo lugar, el nacimiento y la mayor exposición de una mirada propia sobre el mundo. El reemplazo de los signos de un universo que era vivido y sentido con ojos de hombre.

Quizás entonces, la madre de las reivindicaciones sea la creación de un nuevo sistema de valores artísticos en torno a criterios inclusivos respecto de la mujer. Un nuevo espacio desde el cual mirar y valorar el arte y los artistas. El pintor dominicano Fernando Ureña Rib lo ilustra: “Ahora la frontera sexual, o sexista, se diluye. Lo que marca e identifica la labor de la mujer (artista, crítica, o curadora) es la innegable calidad, trascendencia y competitividad que ellas alcanzan”.

Es en estos desplazamientos de espacios (y en otros tantos), que se construye el relato de la mujer en el arte. En este devenir incesante que seguramente le dará forma y sentido en el futuro a nuevas formas y espacios de representación. Mientras tanto, el rol de la mujer continuará con aquello que le da sentido: el de la construcción de una identidad propia. El de la mujer que al crear, se está creando.