La mujer y el cambio

Por la redacción de Historia de Nos Digital

Atada desde indecibles milenios a un rol inferior, al del género masculino. Ligada al trabajo doméstico por la división sexual del trabajo. Ocultada de la vida pública, delegando esa tarea al jefe de familia, al hombre. Este proceso, lejos de acabarse, mutó hacia nuevas formas, como todo lo que sucede al ser humano en la historia. A cada paso, la sociedad cambia, pero a cada cambio, ¿se augura un mundo mejor? De modo global, desde la separación entre productores y no productores, lo últimos apropiándose del trabajo de los primeros –para algún desprevenido, a esto es a lo que se llama explotación-, allá hace aproximadamente cinco mil años con la división del campo y la ciudad en la Mesopotamia, el destino general de la humanidad ha estado marcado por diversos modos de explotación.

Entonces, con un poco de atención, podemos ver que la mujer ha padecido, y hasta hoy padece, de una doble explotación, tal como lo marcara el filósofo Federic Engels: por un lado, explotada por el sistema, y por el otro, explotada por el hombre.

Todo esto podrá sonar muy teórico, hasta abstracto e irreal; sin embargo, sucede ante nuestros ojos, día a día, sin que tal vez nos percatemos. Veamos: en el mundo, el 70% de los pobres son mujeres. A su vez realizan el 65% del trabajo, pero recibiendo apenas el 5% de la riqueza generada. A lo que se le debe sumar que el 70% de los contratos temporales están ocupados por mujeres que trabajan mayoritariamente en los sectores más precarizados de la economía percibiendo una paga aproximadamente 30% más baja que los varones por el mismo trabajo[1].

Ahora, bajemos un poco y miremos a nuestro continente: Latinoamérica. Los últimos datos se pueden obtener de un estudio realizado a fines del año pasado, según el bendito y poco querido Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según éste, la mujer percibe un salario menor, por el mismo trabajo que su congénere, de entre un 17% y un 18%[2]. En la Argentina, esa cifra desciende al 14,2%, y en el trabajo informal, a 18,2%. Y por su lado Brasil, es quien posee la mayor disparidad alcanzando a casi el 30%[3].

Natural sería pensar que tales diferencias son características de los países subdesarrollados. Pero, veamos ahora que sucede en países como España y Suecia, países del llamado “Primer Mundo”. En la península ibérica, según la empresa de trabajo temporal Manpower, el género femenino cobra un 34,7% menos[4]… ¡dos veces más que en la cifra para América latina! En el segundo caso, el del primer país en aprobar una ley contra la discriminación de género en el mundo del trabajo, hace treinta años, mantiene una diferencia del 18%, según datos oficiales suecos[5].

La conclusión que podríamos sacar de todas estas estadísticas es que, inclusive en el 2010, la mujer debe seguir luchando para lograr la igualdad en el ámbito económico. Con esto, no querría ignorar en absoluto los siglos de lucha de incansables políticos y políticas, de trabajadoras o amas de casa por la causa femenina. Ese feminismo que apareciera en el siglo XIX en los círculos socialistas, como necesidad de debate y acción: Eleanor Aveling, Paul Lafargue y hasta los mismísimos Marx y Engels pusieron en escena esta problemática milenaria. Más tarde lo continuarían personajes como Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai y Nadezhada Krupskaya.

Sería la Revolución Rusa durante la década del 20 –es decir, antes de la consumación del poder estalinista por sobre el bolchevique- quien impulsó las reformas para alcanzar este viejo anhelo de igualdad, legalizando el aborto gratuito y universal, junto con largas campañas por la liberación de la mujer del lecho doméstico[6].

Ya en los 60’ y 70’, otro impulso sería dado junto con la Revolución Sexual y el auge del feminismo, no solo ya en como movimiento político, sino como eje de análisis para las ciencias sociales.

Para concluir, me será necesario parafrasear a Vladimir Lenin, quien diría que la liberación del ser humano de la explotación, nunca sería total si la mujer, primero que nada no se liberara del yugo patriarcal.

Entonces, frente a lo visto en estas líneas, ¿es insensato pensar que el fin de la desigualdad de género solo llegará una vez que ya no haya más desigualdad entre los mismos hombres?

 


[1] Fuente: Centro de Estudios para el Cambio Social (CECSO): http://cecsodeargentina.wordpress.com/2010/08/09/mujeres-trabajadoras/

[2] Si tomamos en cuenta lo analizado por la Confederación Sindical Internacional, esta brecha ascendería a al 26%…

[3] Fuente: Clarín: http://articulos.empleos.clarin.com/?p=2350

[4] Fuente: Eroski consumer: http://www.consumer.es/web/es/economia_domestica/2005/01/24/115621.php

[5] Fuente: http://www.sweden.se: http://www.sweden.se/sp/Inicio/Trabajar-vivir/Igualdad-de-oportunidades-/-Cuesta-arriba-en-las-diferencias-salariales/

[6] Es irónico ver como hace 90 años los revolucionarios rusos se propusieron tomar estas medidas, las cuales hoy recién se están discutiendo como válidas a lo largo y a lo ancho del mundo. Otro ejemplo, es el de los derechos a los homosexuales, tan en boga hoy en nuestro país.