Hacia el más allá de la mujer

La mujer hoy vota, canta, baila, actúa, trabaja, ríe, llora, es independiente y llega a presidenta.

Años de lucha y represión para que llegue el hoy. ¿Hasta dónde hay aceptación? ¿Qué cuentas pendientes hay desde la ciudadanía, el Estado y uno mismo? ¿Qué rol cumple hoy la mujer en la sociedad y para los hombres? ¿A qué se puede apuntar?

Las libertades y logros son notorios, es posible que la mujer hoy esté en un lugar impensable de hace no muchos años atrás.

La contraposición al aprovechamiento de las libertades nunca tarda en aparecer. La constante venta de productos del mercado acompañada con mujeres esteriotipadas y esas ventajas que poseen quienes tienen o compraron un cuerpo bien dotado; son la contraposición mencionada.

Televisión infestada de primerísimos primeros planos de culos, donde probablemente la más zafada, expuesta y conventillera, logre más minutos de cámara, más rating, más aparición en programas y más plata.

Entradas gratis a boliches y desfiles de mujeres dentro de los mismos, clara conciencia de beneficios económicos que trae aparejados.

Cuerpos “photoshopeados” buscando el cuerpo perfecto, sin defectos, sin humanización; el ejemplo a seguir, el que va a vender.

De esto surgen nada más que preguntas, sensaciones encontradas. ¿La mujer que actúa de esa manera está yendo en contra de los ideales feministas? Al fin y al cabo, está disponiendo de su cuerpo libremente, tal como claman aquellos ideales. ¿Es la tele entonces quien violenta? Pero la televisión no hace más que un uso conveniente de la mercadería que adquiere, a su debido valor. Un valor que a su vez no existiría sin una audiencia televisiva, compuesta también por mujeres. ¿Han encontrado estas mujeres un rol que les devuelve la seguridad que daba el hogar? ¿O simplemente gozan de manera plena de su liberación sexual y ocupan un rol dominado como pueden ocupar uno dominante? Tal vez simplemente sean reaccionarias, o naturalicen la situación. No hay una única respuesta y preguntas se abren a cada instante.

Si consideramos las últimas apariciones de algunos personajes masculinos en el programa más visto de la TV de aire, hasta podríamos pensar que no es la mujer si no el género humano el que se nos presenta en la pantalla como un mero objeto de deseo. Si observamos la situación de abandono frente a la autoridad en que se encuentran tantas personas, tantos barrios, sólo atendidos por oportunismo o conveniencia, podemos pensar entonces en el humano no ya como objeto donde depositar deseo, sino ya como mero objeto.

Eso se plantea desde espacios donde se expresan el pensamiento y los intereses hegemónicos. Difícilmente se pueda dar una única respuesta, una consigna. Ninguna más que la dignidad humana. Esa dignidad que se imprime en todo lo que hacemos y que se le contagia a los demás.