Ellas y su camino en el África negra

Nos juntamos con una de las especialistas en África más reconocidas de nuestro país para hablar del lugar de la mujer en ese continente tan heterogéneo. Los roles de la colonización y del machismo occidental, y las deudas que la descolonización tiene en el saldo de pendientes.

Es uno de esos raros días soleados de fin de invierno, por un lado le dicen a uno que el verano ya está al caer, pero a la primera brisa nos señala que el frío aún tiene algo que decirnos. Nos encontramos con Marisa Pineau, profesora de Historia en la Universidad de Buenos Aires (UBA)[i], como también docente de la misma carrera en la Universidad Di Tella, nos contará sobre el rol de la mujer en África, el impacto de la colonización sobre su posición dentro de la familia, su participación en la descolonización y su actualidad. Todos estos temas tan pocos sabidos, tan poco tratados y a la vez ignorados como el mismo continente, cuna antigua del hombre.

-El África pre-colonial se caracterizó por albergar variadas formas de organización social, por lo que la posición de la mujer también era muy diversa según cada pueblo. Sin embargo, con la conquista del continente por parte de los europeos a fines de siglo XIX ¿le significó a la africana quedar atada a un rol secundario tal como lo tenía el género femenino en la familia occidental?

-En general todos estamos de acuerdo que el papel de la mujer africana fue bastante peor durante el colonialismo que en la etapa anterior. Tiene que ver con varias razones, pero más que nada porque el poder colonial privilegió la organización económica a partir del varón. Es desde ese lugar que la mujer estuvo en una posición de sometimiento, ya que por ejemplo el que pagaba los impuestos eran los varones y no las mujeres, así que se convirtió en el organizador de la familia. Ese patriarcalismo africano, que en algunos lugares ya existía, se vio reforzado. Entonces bajo la figura femenina recayó el mantenimiento de las economías domésticas cuando el hombre se iba a realizar alguna actividad asalariada.

-¿Hubo participación femenina en las economías de las ciudades, ya sea como obrera o como miembro de la administración?

-Mirá, como proletaria no. Y como miembro de la administración diría que fue ínfimo. Como trabajadora urbana las vemos como trabajadoras domésticas, así también con participación en los mercados, lugar a donde llevaban su producción para vender. En buena parte de África -África Occidental y Central- son las mujeres el motor de la economía familiar.

-Pero, si ellas sostenían económicamente a la familiar, ¿su rol no tendría que haberse visto fortalecido?

-Tendría que haber sido así, pero no lo fue. Como te decía, el hombre fue quien ocupó una posición central, donde además traía a la economía doméstica eso que la mujer no podía, debido a su vinculación con el otro mundo, el mundo colonial opresor.

En el bar donde nos encontramos, el bullicio y la charla de todos los presentes se hacen escuchar, ese sin fin de voces que tratan sobre la vida cotidiana. Sin embargo, las palabras de Marisa se elevan por sobre todas, explicando y reformulando cada concepto que no hace más que echar luz sobre el problema en cuestión.

-Y en el período colonial, ¿se pudieron observar resistencias africanas ligada a una lucha por la igualdad de género?

-El lugar donde hay más organización de mujeres es en Sudáfrica, donde más tempranamente aparecen organizaciones femeninas, ya en la década de los 50’. Entonces sí se organizan para pedir por sus derechos, pero por sus derechos en tanto mujeres, que viene de la mano, cuando el gobierno sudafricano del Apartheid quiso regular, por medio de pases, la circulación de personas, que ya existía para los hombres y a los que en los 50’ sumaron también a las sudafricanas[ii].

Su reclamo va acompañado del discurso de que ellas son quienes sostienen la economía, y es muy interesante porque la primera marcha que realizan, lo hacen a la tarde, después del horario laboral y de recoger a los niños de la escuela y dejarlos en el hogar, logrando así que las mujeres, tanto blancas como negras, puedan ir.

Sin embargo, la participación de la mujer en la política sigue siendo uno de los temas pendientes, aún hoy en el siglo XXI. En el período de descolonización, siempre vemos padres de la independencia, no se hace mención de mujeres. Donde hubo un poco más de presencia es, como ya vimos, en Sudáfrica, en Argelia y en Angola y Mozambique, pero no mucho más.

– Luego de la descolonización podemos dividir tres caminos que siguieron los gobiernos: los que adoptaron –de palabra- el marxismo-leninismo como en el caso de Angola y Mozambique, luego los del llamado socialismo africano, como en Tanzania o Ghana, y finalmente el sector que se alineó con el liberalismo occidental como Nigeria. En los dos primeros casos, que ideológicamente tenderían a preocuparse más por la igualdad de género, ¿hubo realmente una intención de eliminar la subordinación femenina al dominio del varón?

-En el caso de Mozambique fue donde hubo más casos, ya que aparece la reivindicación feminista durante el proceso de liberación nacional, se forman destacamentos femeninos que tienen gran relevancia. Con esto se ponen a pensar que tienen que hacer algo para modificar las relaciones patriarcales en la familia.

En el caso de Angola no hay un desarrollo así, pero no, no se intentó. En Tanzania también, pero no fueron muy felices los resultados. Y creo que la prueba de todo esto es la poca participación política en el continente. Son muy pocas las mujeres que aparecen en escena pública, sin embargo, las pocas que hay son muy relevantes, con puestos muy importantes. Pese a esto, repito, la participación política de la mujer es una deuda pendiente de la descolonización.

La mujer africana parece salir de ese olvido, ese injusto olvido de la memoria colectiva mundial y continental. Y despierta, nos aparece a cada frase y respuesta de Marisa. Cafés de por medio, poco a poco la entrevista va menguando, mientras contrariamente, ya el sol en lo alto ilumina el recinto con todo su esplendor.

– Frente a la explicación, muy aceptada, dada por Federic Engels de la victoria universal del patriarcalismo luego de la división de género, ¿coincide con esta postura, o, en África, en cambio, había organizaciones igualitarias?

-Creo que habría que hacer una lectura histórica, saber mucho más qué pasaba en cada sociedad y en qué momento, si no se convierte en un concepto inamovible y un proceso que no pudo ni puede ser cambiado. En ese sentido me parece que en el patriarcalismo africano había ciertos grados de negociación que con la llegada de los europeos crearon elementos para que ese patriarcalismo se agudizara y se diera de manera, llamémoslo, más brutal.

– En el ámbito académico, ¿África ha comenzado a estudiar a las africanas?

-Ahora aparece más en la agenda académica. Sabemos mucho más sobre las mujeres actuales y sobre las precoloniales ya que se las ha empezado a buscar en los archivos, así que hay mucha más información. Se empieza a hacer un poco de luz y justicia para la participación de la mujer.

-Por último, hoy en día, por parte de los gobiernos africanos, ¿se ve una intención de comenzar a tratar la cuestión de género?

-En algunos aparecen y en otros no. Entonces se ve en las cumbres internacionales, o plurinacionales, pero no se baja todavía al funcionamiento cotidiano. Por ejemplo, si uno ve las tasas de alfabetismo son mucho más importantes entre los varones que en las mujeres.


[i] Marisa Pineau es Jefa de Cátedra de las materias Historia de Asia y África contemporáneas y de Historia de la Colonización y Descolonización de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

[ii] La Ley de Pase, prohibió el simple desplazamiento físico de los negros desde las zonas rurales a las ciudades. Para ello se requería permiso previo de las autoridades. En caso de que un negro tuviera un pase de visita, su estadía en la ciudad estaba limitada a tres días, a menos que en ese lapso de tiempo consiguiera un trabajo.