Con la polémica y el talento, Lola Mora

Repleta de conjeturas y misterios, la vida de Lola Mora marca un hito histórico en la figura de la mujer en el ámbito del arte.  Pocas son las certezas que se encuentran en la historia de una artista de este calibre. Lola Mora, dibujante, pintora y por sobre todas las cosas, una reconocida escultora argentina.

La vida de Lola Mora refleja un complicado rompecabezas. Su nacimiento es una de esas piezas perdidas; su acta de bautismo fija el 22 de abril  de 1867 como el día de su nacimiento. Sin embargo, personas allegadas a la  artista aseguran que la fecha correcta es el 17 de noviembre de 1866. Su pueblo natal tampoco es certero, aunque todo apunta a que nació en Trancas, ubicado en el norte de Tucumán que limita con la provincia de Salta. A esta serie de secretos se le suman grandes obras perdidas, que jamás fueron recuperadas.

A pesar de este pasado inconcluso, su nombre esta inscripto en la historia mundial de las bellas artes. Su lucha por el reconocimiento comienza desde la muerte de sus padres, cuando decide comenzar a tomar clases de pintura con su primer maestro Falcucci. Gracias a un apoyo económico estatal logró viajar a Europa para ser alumna de reconocidos artistas europeos como Francesco Paolo Michetti y Giulio Monteverde. Este último fue quien le propuso a la joven argentina dedicarse exclusivamente a la escultura, área en el cual es mundialmente reconocida.

Su descripción hecha por la prensa suele ser repetitiva: “una mujer sencilla, de larga cabellera oscura, al igual que sus ojos vivaces”. Pero, lo que más llamó la atención de las grandes familias aristocráticas, tanto de Argentina como del Viejo Continente, fue su vigor y su lucha a pesar de los impedimentos. Nunca aceptó un nopor respuesta  gracias a su “voluntad rebelde, inquebrantable y pertinaz”, según la descripción de su maestro Falcucci. 

Los rechazos recibidos a lo largo de su carrera fueron infinitos hasta el día de su muerte. Hasta el día de hoy es que su figura encuentra opiniones polarizadas, pero jamás una de indiferencia. Lola logró entablar amistad con la destacable familia del embajador Moreno en Italia, el cual fue de gran ayuda para lograr su reconocimiento. Realizó importantes obras que hoy residen en varias provincias de Argentina. Entre ellas, se destacan la fuente de las Nereidas, que actualmente se encuentra en la Costanera Sur, la estatua de Avellaneda, el busto de Saenz Peña y la estatua de la libertad situada en la provincia de Tucumán.

La polémica la acompaña a lo largo de su vida. En 1909, a los cuarenta años se casa con uno de sus discípulos: el veinteañero Luis Hernández Otero, del cual se separa ocho años más tarde. Un año después su carrera empieza a tomar un rumbo difícil de remontar, donde remueven la Fuente de las Nereidas, instalada anteriormente en la Avenida Leandro Alem. La razón de muchos impedimentos fueron la desnudez de sus obras, las cuales sorprendían y descolocaban a los tradicionalistas de la época. 

Asimismo, una cadena de abandonos dan por terminada su carrera. Las mujeres anarquistas -quienes en un momento festejaron su desafío al convencionalismo y la hipocresía burguesa- le dan la espalda asegurando que “para nosotras está muerta. Ya que el destello de las monedas la arrastrará a un falso culto”; su condena se enfocaba en las amistades entabladas con personalidades políticas de la Argentina. Además, fue rechazada por sus colegas que se encontraban en desacuerdo de su lenguaje estético.

Un triste final recorre su historia. El mundo le dio la espalda a la misma mujercita que años atrás aplaudían en su lucha por ser la primer escultora argentina reconocida en Europa, y por ser considerada pionera del feminismo. Lola Mora muere el 7 de junio de 1936, la obra y su persona continúan vigentes.

“Cada uno ve en una obra de arte lo que de antemano está en su espíritu; el ángel o el demonio están siempre combatiendo en la mirada del hombre. Yo no he cruzado el océano con el objeto de ofender el pudor de mi pueblo(…). Lamento profundamente lo que está ocurriendo pero no advierto en estas expresiones de repudio -llamémosle de alguna manera- la voz pura y noble de este pueblo. Y esa es la que me interesaría oir; de él espero el postrer fallo”

Lola Mora

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