Perseguir para entender al ídolo

Sonia Budassi escribe un libro distinto, una crónica, sobre distintos aspectos de Carlos Tevez. Lo difícil de insertarse a un mundo deportivo muy machista, la realidad del “jugador del pueblo”.

Incómodas conferencias de prensa, persecuciones en boliches, discusiones y ninguneos de un representante incomprendido, millones de notas periodísticas, vallas que aplastaban en el predio de Ezeiza, encuentros con Piola Vago en Fuerte Apache y algunas pequeñas palabras que daban esperanza. Todo esto pasó la escritora Sonia Budassi durante un año para lograr su objetivo: conseguir una entrevista personal con Carlos Tevez, prescindiendo del aparato de prensa. En el camino se topó con un obstáculo que no preveía: un machismo exacerbado y un espacio que no dejaba lugar a una extranjera del mundo del deporte, que logra realizar una crónica periodística y literaria que se aleja de las convencionalidades y que nunca pierde el humor, para tratar de entender al jugador que nunca pierde la alegría. La aventura podría continuar…

Carlos Tevez. Tevez. Apache. Carlitos. El jugador del pueblo. El jugador de barrio. La humildad. El chico que tiene todo y no olvida su pasado. Se trata, sin lugar a dudas, del jugador del Manchester City de Inglaterra y de la Selección Argentina. El de la garra, el que nunca da por perdida una pelota, el que deja todo en la cancha. Budassi lo sabía, pero quería llegar más allá de ese mote de jugador popular, del querido por todos, para conocerlo y entenderlo.

“Cuando termina, se acerca. No hay nadie más alrededor. Breve efecto de intimidad. Se acerca más y más, con la contundencia de un elefante y ojos de búho. Mira a los ojos”.

Apache (en busca de Carlos Tevez), de Editoriales Tamarisco -que la propia autora gestiona- es un perfil atípico del jugador construido a través de su tenaz modo de no estar nunca disponible para la nota. Es una fiel crónica de un desencuentro, como si fuese una historia romántica dividida por capítulos que van relatando los avances y retrocesos en la relación, hasta su momento cúlmine. Durante un año la escritora se sumergió en este mundo. Un lugar en donde la discriminación primaba, pero en donde también había lugar para la emoción y la alegría.

-¿Qué le llamó la atención de Carlos Tevez para realizar el libro?
-Me llamó la atención él como personaje, sin ninguna finalidad específica. Viendo el mundial de Alemania 2006, me parecía que tenía un montón de características increíbles, en un nivel hasta superficial, que lo distinguían mucho del resto. De a poco lo fui siguiendo, me fui interiorizando de qué iba sucediendo en su carrera, cómo era su historia y en 2008 me di cuenta que tenía un deseo de escribir algo sobre él. Fue todo muy intuitivo, empecé yendo a Fuerte Apache porque quería rastrear los mitos y las leyendas urbanas que circulaban alrededor de él y ahí me empezó a interesar la idea de entrevistarlo, con un pensamiento en principio muy ambicioso y fantasioso de lograr varios encuentros porque nadie me corría en el tiempo para hacerlo rápido. Es más, para la revista para la cual estaba trabajando, y en donde propuse realizar la nota, les planteé hacer un perfil, porque me interesaban más los fallidos de la vida de Tevez que los hallazgos. Ese año (2008) lo habían expulsado dos veces, casi consecutivas, en la selección (Colombia y Paraguay) y había puesto en escena cosas que me parecieron muy interesantes.

Le interesaba la parte no convencional del jugador
– Exacto. La parte mediática también me interesaba, pero para analizarlo. En el medio me sucedieron cosas que no preveía. Nunca había imaginado que me iba a ser tan difícil acceder a él, más teniendo en cuenta que quería hacer varios encuentros, pensé que era posible. Me encontré con esas barreras que uno no se imagina, que forman parte de esa cosa de ser “una estrella mundial”, del lugar del futbolista hoy en día.

– En sus descripciones del futbolista se nota una prosa muy literal y comparaciones de movimientos de él con los de animales, al punto que dijo que era como un “animal mitológico”. ¿Por qué esa definición?
– Porque encierra muchas historias en sí y encarna muchos poderes. Representa ciertos elementos tan fuertes como los que tenían los dioses griegos. En él está la atribución de la garra, la voluntad, la pelea, parece como si fuese Marte. Tiene asociados tributos que ya están como cristalizados. Más allá de su fisonomía, que me parece muy interesante para trabajarla y porque me parece que en los relatos, donde abunda lo machista, se podía lograr una mejor definición desde otro punto de vista: el literario.

– El machismo en el periodismo deportivo es algo que se nota simplemente al ver cualquier conferencia de prensa. ¿Por qué se da esto? ¿Cómo la trataron cuando quiso acercarse al jugador?
– Fue algo muy interesante porque el fútbol es un campo en donde se puede ver amplificado el machismo que existe en la sociedad. Esas cosas naturalizadas que tenemos todos que son totalmente patriarcales, discriminatorias y misóginas. Ahí se ve como condensado de una manera muy fuerte. En general, me pasó lo mismo que en un punto le puede pasar a cualquiera que se quiera meter en un campo extranjero, en un campo al que no pertenece. En mi caso se hacía como muy difícil de clasificar porque yo no soy periodista deportiva, soy escritora. Había muy pocas mujeres casi siempre en los entrenamientos, a su vez compartía el mismo espacio con periodistas que están hiper valorados por alguna razón. Me lo tomé con humor porque fue bastante divertido ver la incomodidad que generaba esa imposibilidad que tenían de encasillarme ni como fan ni como periodista deportiva. Lo más fácil era colocarme en el lugar del objeto tonto para gastarlo y después sí, obviamente no todos eran así y había gente solidaria, pero fue divertido. Incluso con el representante de Tevez creo que me jugaba en contra el hecho de ser mujer al lanzarle la propuesta de los encuentros, arrancaba con él en menos diez (risas). Es rarísimo que sea todo tan retrógrado, que no se asimile que una mujer pueda estar ahí. Lo más curioso es que muchos de ellos no lo hacían “a propósito”, me decían “no, como voy a ser machista”, pero al mismo tiempo no pueden tejer otra relación que no sea la del levante o la del menosprecio.

– ¿Logró entender a Tevez?
– No, creo que no. Hay cosas que sí entiendo mejor, pero quedaron como un montón de hilachas. Hay muchas cosas que no puse en el libro, pero creo que pude tener un acercamiento distinto y que para mí, en lo personal, fue bastante iluminador, pero tampoco creo que el libro sea conclusivo.

– En el prólogo mismo anuncia que “la aventura podría continuar…”
– (Risas) Hay muchos aspectos de esa suerte de pulpo con muchos brazos y muchos niveles de significado y de terrenos en los que se mueve él que quedaron inexplorados. Lo entiendo mejor, pero no del todo como quisiera.

– ¿Cómo sintió el encuentro cuando lo tuvo frente a frente en la entrevista?
– Ya había tenido varias conversaciones informales con él. Por un lado, me sorprendió que siempre tiene esa chispa que se ve en la tele, ese efecto de espontaneidad y esa cosa jocosa de alegría. Te transmitía una cosa de frescura por un lado y al mismo tiempo una cosa como muy de “cassette”, de respuestas contestadas siempre de la misma forma. En lo personal también fue un momento muy especial, una pequeña victoria. Cuando desplaza al periodista de la tele y me da esos veinte minutos a mí fue algo muy gracioso. Es como el tipo que tiene control de todo al mismo tiempo. Es interesante cómo conviven atributos, en mí opinión, contradictorios: esa cosa de la frescura, de la soltura y por otro lado el tipo que tiene todo bajo control y se maneja muy bien.

– ¿Por qué dice que tiene todo bajo control?
– Todo bajo control en su discurso. Hace poco le hicieron una nota en la tele y había de parte de la entrevistadora una suerte de implícito de decir “este es un pibe que viene de la villa, no la debe poder creer lo que le pasa”. Implícitamente estaba eso en juego, el “cabecita negra ignorante” entendí que le quería decir. A mi me parece todo lo contrario, para nada entra él en ese prejuicio.

– ¿La lucha de Tévez es un ejemplo de vida?
– A él siempre le preguntan si se considera un ejemplo, en el barrio es como una suerte de símbolo reivindicatorio. Su figura no sé si es un ejemplo, pero genera una suerte de orgullo de pertenencia en el barrio y a todos los argentinos en general. Leyéndolo a él, como si fuese un texto, se nota que tuvo que haber un cruce en que tuvo y tiene mucho talento, tuvo su oportunidad y no la desaprovechó y pudo ser consecuente con eso.

UNA FORMA DIFERENTE DE VER LAS COSAS

-Esta forma de realizar una crónica, esta forma de perfilar a un personaje es muy diferente a lo que los medios habituales piden para un evento deportivo o de otro tipo. ¿Deberían haber más crónicas de este estilo? ¿Debería asimilarse de otra forma?

 -La verdad es que es una discusión que está todavía muy en vilo. En general, los medios piden notas cortas y prevalece en general la primicia por sobre la historia, y aunque ya sea antiquísimo, muchos se siguen manejando con el típico recurso de la pirámide invertida. La verdad que ese formato, esa estética, se corresponde con una ética para mí, y es muy difícil poder intervenir y poder aportar desde el pequeño lugar que tiene quien escribe, el periodista, algo que sume a la representación social de la realidad. Esos formatos dejan muy relajados al lector, como que la noticia pasa muy rápido, una vez que la lee, quizás tenga un pequeño momento de catarsis, no le queda nada. Ese tipo de relatos no logran tener un efecto pregnante en el lector, que lo deje con más preguntas que respuestas. El periodismo sigue queriendo dar respuestas, y me parece que ese es un camino a revisar. Es mucho más interesante cuando un texto te deja preguntas y te hace pensar acerca de lo que sos vos y de lo que hacés en la sociedad y el lugar que ocupan en un montón de cosas.

– ¿Por qué se da así? ¿Un facilismo para hacer las cosas? ¿Una cuestión económica?
– La verdad que es muy complejo en mi opinión. Por un lado, está el tema del prejuicio de pensar que la gente no lee. En su momento, Crítica de la Argentina sacaba crónicas largas y yo creo que se leían mucho a pesar que no tenía mucha tirada el diario. Por otro lado hay siempre una pereza de las rutinas productivas del periodismo que hacen que quienes dirigen los medios tengan una tendencia de ir a lo seguro: “Si estamos bien así, para que cambiar, para que innovar”. En contrapunto con eso, veo que hay gente determinada que se preocupa por dar ese espacio en los medios, pero es un espacio que siempre está en disputa. También tiene que ver con una decadencia del periodismo, de los sueldos de los periodistas, que cada vez se quiere contratar a menos gente para que haga más cosas. Antes me han contado que existía el lugar para que una persona haga las crónicas largas de cualquier hecho, tomándose el tiempo que necesite para hacerlo. Ahora hay pocos medios que tienen los recursos y las ganas para eso.

• Sonia Budassi nació en Bahía Blanca, pero reside actualmente en Buenos Aires. Publicó el libro de relatos “Los domingos son para dormir” (Entropía, 2008) y la crónica “Mujeres de Dios. Como viven hoy las monjas y religiosas en Argentina” (Sudamericana, 2008). Sus textos fueron publicados en varias antologías, los últimos en “Un grito de corazón” (Mondadori, 2009); Autogol (Funesiana, 2009). Trabajó en el suplemento de cultura del diario Perfil; colaboró con reseñas y crónicas en la revista Brando, el diario Crítica de la Argentina, Ñ, Bazar Americano y la revista Gataflora, entre otras. Su último libro de ficción publicado recientemente se llama “Periodismo”.