Medios de comunicación del odio

En un pequeño país de África Central, Rwanda, se cometió uno de los mayores genocidios en la historia de la humanidad: uno de cada ocho habitantes cayó en manos de la muerte. Años más tarde de estos hechos, se juzgó en un tribunal de la ONU a tres periodistas acusados de crímenes de lesa humanidad. Caso excepcional por ser la  primera vez que un personaje vinculado de los medios de comunicación fue llevado al banquillo de los acusados por incitar al exterminio.

La bomba de destrucción masiva fue arrojada mucho antes que se originaran las muertes, su onda expansiva abrigó el odio, la malicia y la irracionalidad de los ciudadanos, en su mayoría marginados de los sublimes beneficios del todopoderoso amo el Mercado. Sobre ellos pesaban la pobreza, y en ese momento de inestabilidad política resultaban cada vez más tormentosos los ecos del hambre. Entonces, ¿a quién culpar? Por demás, la cúpula dominante no se haría cargo ni de los explosivos hechos de violencia que se generaban a cada paso desde el norte hacia la capital del país, tampoco de los resultados de la sumisión colonial a Francia, y menos de su propia corrupción. No, la culpa era de la minoría tutsi. Vociferaban: “esas cucarachas”, “esos Inyenzi”, “estas víboras” que querían recuperar el poder y establecer su monarquía.

Un poco de Historia. El sonido de la Justicia

En 1994 se estaba dando una guerra civil dentro del territorio rwandés, como consecuencia del avance de las tropas del “Frente Patriótico Rwandés” –RPF por sus siglas en francés-, que para fin de año terminaría haciéndose con el poder. Las causas de este conflicto se remontan a 1959, cuando se generó una revolución armada popular con el fin de destronar a la monarquía tutsi que  venía desarrollándose desde hacía más de cuatro siglos. Apoyados por la ONU y su potencia colonizadora, Bélgica, los hutus lograron establecer una república democrática. En estas condiciones más de 150 mil tutsis debieron huir hacia territorios vecinos, en su mayoría, a los limítrofes Burundi y Uganda.

Ya en 1990, los exiliados conformaron el RPF y avanzaron hacia la capital del país para destronar al gobierno militar que se llevaba a cabo desde 1973. Frente a la situación de empate militar técnico, dos años más tarde de comenzada la guerra, se firmó bajo el amparo de las Naciones Unidas un acuerdo de cese al fuego. Como era de esperar, no tuvo larga duración. En 1994, fue derribado el avión que llevaba al presidente de Rwanda, Habyarimana, junto a su par de Burundi. A pesar de que existen grandes sospechas en cuanto a la traición de alguna facción de las fuerzas gubernamentales, la atribución de este hecho al RPF fue la voz de mando para que el Estado, junto con una indescriptible cantidad de civiles perpetraran uno de los genocidios mas terribles de la historia: entre 500 mil y un millón de muertos entre los meses de abril y julio, en una población de apenas 9 millones de personas. Todo tipo de acciones se llevaron a cabo: asesinatos –las armas de fuego eran pocas, así que generalmente la muerte sobrevenía a fuerza de machetes-, violaciones masivas, torturas…

Recién a fin de año el RPF seria capaz de detener estas matanzas, una vez que logró hacerse con el poder.

Con la renovación gubernamental, y la posterior llegada de la democracia, la sociedad literalmente diezmada, tenia que recorrer un largo terreno de autorreflexión y estudio sobre las condiciones que la motivaron como conjunto, ya sea a avalar, a participar o a ignorar las muertes que vestían la vida cotidiana de rojo sangre. Ante esto, más de cien mil personas fueron puestas en prisiones estatales y en otras instaladas por organismos tales como la ONU –a quien pesaba gran responsabilidad, ya que durante las matanzas solo decidió proteger a los blancos mirando al costado frente a las demás atrocidades- y la Cruz Roja, quien por primera vez en su historia montó un establecimiento para el confinamiento de prisioneros.

En los juicios, a paso de tortuga, que realizaron los miembros de las Naciones Unidas encargados de auxiliar al país en esta titánica tarea, se presentaron tres casos únicos en la historia: el juzgamiento por crímenes de lesa humanidad a tres periodistas por incitación al genocidio.

La voz de la muerte

La palabra Inyenzi es un recuerdo de la venerable serpiente

cuyo veneno es extremadamente poderoso

Kangura, nº 40, febrero 1993

Radio-Televisión de las Mil Colinas –RTML por sus siglas en francés- y la revista Kangura fueron los medios que  Jean-Bosco Barayagwiza, Ferdinand Nahimana y Hassan Ngeze, los periodistas del odio, se hicieron para diseminar el terror y la muerte.

A todos nos llega la pregunta de, ¿Cómo logró convencer a la

s mayorías de que el exterminio era la solución al problema que atravesaba el país?

Desde 1990, estos medios habían iniciado una fuerte campaña anti-tutsi, que terminaría por llegar a su punto mas demoníaco meses previos a los asesinatos en masa.

Antes que nada, le dieron a sus explicaciones tintes biologicistas. Primero la conformación de un ellos –donde también formaban parte los hutus moderados o defensores de la no discriminación entre sociedades- que eran cucarachas: “(…) en nuestro idioma a un tutsi se lo llama cucaracha porque toma ventaja de la noche para realizar sus objetivos” (Kangura, nº 40, 1993). “de las cucarachas no puede nacer una mariposa. Es verdad. De una cucaracha solo puede nacer otra cucaracha”. El escenario se hacía claro: matar un tutsi no era matar un humano, era matar algo, y quitar la vida debía ser general porque de algo malo solo puede nacer algo malo.

A su vez, los tutsis eran caracterizados como viles, que solo tenían la intención de aprovecharse de la riqueza ajena, para luego controlar a aquellos que tuviesen lo que el Inyenzi deseaba (por ejemplo, editorial de Kangura, nº4, noviembre de 1990).

Luego, crearon una suerte de teoría histórica donde se justificaba que los tutsis no eran naturalmente hijos de Rwanda, sino moradores, “pastores bebedores de leche”, que habían llegado al territorio a colonizar a los hutus (ídem).

Ya realizado un modelo científico natural-social sobre esta minoría, ahora quedaba el segundo y último paso: reducir la crisis política a un “conflicto étnico”. No eran fuerzas armadas las que se batían en el frente de batalla, eran dos “etnias”, el bien contra el mal.  Y era obligación abolir el mal de la Tierra.

“Cien mil jóvenes hombres deben ser reclutados rápidamente. Ellos deberán levantarse para matar a los Inkotanyi –miembros del RPF y exterminarlos (…) la razón será porque pertenecen a un grupo étnico –tutsi-.” (RTML, 4 de junio 1994).

“Alguien deberá firmar el contrato para exterminar a los tutsis de la faz de la tierra” (RTML, 13 de mayo de 1994).

Y bien que firmaron el contrato…cientos de miles salieron a las calles con sus herramientas agrícolas –machetes y hoces-, armas, picas, hasta botellas rotas para eliminar a todo aquel que se pareciese al enemigo. No importaba quien era, vecino, amigo u familiar (ya los medios se habían cerciorado de aclarar que los tutsis, todos ellos, se habían acercado a los hutus como espías del RPF y que en verdad no existía lazo sentimental entre ambos). Dos meses, sesenta días, bastaron para convertir en un reguero de sangre las calles, para hacer de la vida de millones de personas una tortura diaria, un estado de pánico permanente. La muerte los acechaba, la muerte violenta los estaba buscando.

Sentencia. Reflexiones

“El jurado unánimemente encuentra a:

–          Ferdinand Nahimana: culpable de conspirar para cometer genocidio, culpable de genocidio, culpable de dirigir y publicitar incitación al genocidio, culpable de crímenes contra la humanidad.

–          Jean-Bosco Barayagwiza: culpable

de conspirar para cometer genocidio, culpable de genocidio, culpable de dirigir y publicitar incitación al genocidio, culpable de crímenes contra la humanidad.

–          Hassan Ngeze: culpable de conspirar para cometer genocidio, culpable de genocidio, culpable de dirigir y publicitar incitación al genocidio, culpable de crímenes contra la humanidad.”

Se los condena a prisión perpetua (Sentencia del Juicio de la ONU, realizado el 3 de diciembre del 2003, a los tres acusados).”

Este veredicto nos acerca mas a comprender el carácter indispensable que poseen y poseyeron los medios de comunicación a la hora de la represión, persecución y muerte llevada a cabo por parte del Estado. No hay otra forma de aleccionar a los ciudadanos más que maquillándoles, creándoles aspectos de la realidad que los motiven a avalar actos de inusitada violencia. Así es como los nazis les hicieron creer a su población que los judíos eran la causa del hambre, la dictadura argentina, que los subversivos los generadores del caos y la violencia; Rwanda que los tutsis el mal supremo.

Los medios de comunicación son los que nos permiten conocer una fracción del mundo que nos rodea, por eso su poder, por eso su alcance. Estará en las manos de cada pueblo, sociedad e individuo la capacidad de diferenciar el relato de la realidad creada de la realidad misma, o tal vez, de la realidad creada por intereses económicos, de la realidad misma.

Dibujos originales Nos Digital