“La Revolución se hace usando más la cabeza que las armas”

En una clandestinidad que no sostiene razones precisas, Néstor piensa sosteniendo un cigarrillo, analiza desde su condición eterna de Montonero y propone nuevas formas de pensar los espacios revolucionarios.

Rehacer la Revolución, otra vez y con constancia. Repensar lo pensado. Volver a empezar. Encontrar nuevas formas. Pensar. Ganar desde la inteligencia. Néstor se propone como un jugador de los difíciles, como un analista perfecto de todos los planos del ajedrez de la vida. Entrevistarlo es realmente complicado.

Muy complicado.

Néstor, de lejos, parece un tipo simple: vive en el oeste de la Capital Federal, en una casa con formas tradicionales. Habla con el mismo bozarrón que cualquier personaje de esas zonas, y tarda exactamente medio segundo en prender y apagar un nuevo cigarrillo. Todo lo lógico y cotidiano lo presenta como un hombre común.

Pero no lo es.

Psicoanalista, analista, pensador, Néstor camina rengueando y guarda en esos dolores de las piernas todas sus historias como militante de la organización Montoneros. Cuando el periodista pregunta, Néstor repregunta.

¿Por qué el peronismo fue un espacio desde donde pensar una posible Revolución?

– El peronismo era un espacio muy dinámico desde donde se podían impulsar muchas transformaciones. Pero el peronismo era un campo, no una idea en sí. No era un partido ni un movimiento directamente preparado para la Revolución. Nosotros lo pensamos como un espacio revolucionario. Por eso, se puede decir que nosotros éramos Montoneros, no peronistas. Lo que pasa es que es muy difícil armar espacios políticos en Argentina por fuera del peronismo.

–  ¿Pero a Juan Domingo Perón no lo pensaban como un líder revolucionario?

–  A mí me emocionaba leer al Ché, no a Perón. Perón era un líder gigantesco, pero no tenía los mismos intereses ni las mismas perspectivas que nosotros. El Ché, en cambio, era otra cosa. Un hombre absolutamente distinto, un conjunto de ideas impresionante

–  ¿Y qué lo llevó a la militancia?

–  ¿Qué te llevó a vos a hacerme esta pregunta?

–  Es interesante saber cuáles podían ser las razones que movilizaran a alguien a militar en algún lugar hace más de treinta años…

–  Creo que me movilizaron muchas cosas. Pero, sobre todo, el odio. Probablemente, a vos te pase lo mismo. Te molestarán las desigualdades sociales, el hambre, las miserias, las arrogancias. A mí me molestan esas cosas y muchas mas, eso me llevó acercó a la militancia. De todas formas, creo que no tiene demasiado sentido que vos vengas y me preguntes a mí. Yo soy un viejo, nada más que eso. Los jóvenes no tienen que buscar ni en Montoneros ni en el ERP ni en Marx ni en Trotsky ejemplos. Hay que crear cosas nuevas, nuevas formas de pensar.

–  ¿No piensa que su experiencia puede servir de modelo?

–  No, yo creo que no. No por la mía en particular sino porque el mundo cambió y hay que hacer uso de algunas ideas, pero, sobre todo, reformularlas. Hoy, en tal caso, tenemos que pensar y construir en conjunto. Pensar por qué si nosotros peleamos tanto, y seguimos haciéndolo, hay un discurso que sigue siendo el predominante y el nuestro no.

–  ¿Y por qué es que se genera esta necesidad de tomar fórmulas del pasado?

–  Es que revisar la historia es necesario. Yo no digo que no. Yo lo que planteo es que se hace un abuso. El trotskismo sigue citando a Trotsky en un mundo que hoy ya es muy distinto. Y tratan de pensar desde su cabeza. Lo mismo hacen otros sectores, por ejemplo, con el Ché. Creo que hay que generar otras ópticas y pensar desde nuevos lugares.

–  ¿Usted cree, entonces, que hoy las formas y los caminos para hacer una revolución deberían ser distintos a los pensados en la década del ’70?

–  Obviamente. Hoy, yo creo, que el uso de las armas no tiene sentido. Más allá de que es discutible si hace más de treinta años tenía o no sentido, servía o no. Creo que hoy la revolución se hace con la cabeza, no con las armas.

–  ¿A qué cosa se refiere, específicamente, con el uso de la cabeza?

–  Creo que ahora lo que hay que hacer es lograr armar y construir un nuevo lenguaje para ganarles el espacio predominante que tienen los otros. ¿Por qué González Oro hace tanto tiempo que habla en la radio, diciendo siempre las mismas boludeces, y la gente lo sigue escuchando? Yo creo que ahí, en parte, hay un gran error nuestro, que es que no pudimos plasmar lo que pensamos. Quizás, las armas no fueron la mejor manera. Hoy, seguro que no lo son.