El show del Diez

Diego dice y el mundo, indescifrablemente, habla. Diego dice y en cada uno de los puntos de su decir nacen genialidades y contradicciones, poemas y brutalidades, verdades y mentiras, razones e irracionalidades. Diego dice, siempre dice, y por eso es que se ha convertido, desde que su magnífica existencia con la pelota conoció la luz del día, en un eje noticioso y constante. Dueño de un notable talento para hacer declaraciones, uno de sus focos hablantes siempre fue el periodismo y una de sus frases más notable salió de su boca en 1994, mientras salía a dispararle a un conjunto de reporteros que hacían guardia para retratarlo: “A los periodistas que mienten hay que pegarles un fierrazo en la cabeza”. Repleto de micrófonos: Diego y los medios, los medio y Diego.

 “Acá estoy, Mauro (Viale), al servicio de la gente”, en 1997. En sintonía con una plena picardía llena de picantes, Diego ha sabido sentarse en cualquier conferencia de prensa de algún lugar de este mundo, y llenar de risas y de abrazos a cualquier auditorio. Fue fundamental para el periodismo cada vez que el show necesitó de su talento para saltar de la silla de declaraciones y ponerse a hacer jueguitos con un bollo de papel. Fue infinitamente reproducible los días en que conjugó su matrimonio, las tapas de las revistas y las transmisiones en vivo de la televisión. Y de la misma forma, pudo encontrar maneras perfectas para sacarse de encima a la prensa simplemente declarando: “No, muchachos, hoy tengo menos palabras que un telegrama”, en 2001.

 Diego supo ser noticia hasta en sus intentos de dejar de serlo. Arrastró a los medios hasta donde sea y los medios se arrastraron hacia él sin un suspiro de razón. Su constante exposición lo volvió una figura constante en el living de distintos periodistas y su libre posibilidad de expresión le dio espacio para opinar de los comunicadores, tanto como ellos lo hacían de él: “Yo lo llamo santuchito, porque siempre está cerca de la torta”, en 1994, sobre Bernardo Neustadt. “Neustadt tiene derecho a elegir a sus entrevistados, y yo tengo derecho a decir que no quiero ser entrevistado por un tipo como él”, en 1980. “(Marcelo) Araujo y (Enrique) Macaya Márquez son como dos vigilantes. Y mientras uno la va de policía bueno, el otro hace de malo”, en 1996. “Si para ser el técnico de la Selección hay que hacer lobby y hablar con periodistas como (Fernando) Niembro, yo abandono. Renuncio al cargo”, en 2004. 

 “Un día me voy a despertar y voy a leer en el diario que soy un asesino”, en 1996. Con la pelota en la cancha, los medios son una máquina de rebotar noticias hasta llegar a infinitos resultados. Diego, en todo su esplendor magnífico e híperpotente, supo simplificar en esa frase parte de lo que es el repulsivo trabajo mediático. Con sus verborragias y sus formar grotescas, Maradona, en todo lo mucho que dice, ha logrado acomodar en pocas sílabas grandes ideas. No es un académico. No es un científico. Pero sí es un hombre con el que todas las circunstancias periodísticas se magnifican y se multiplican cuando se vuelve el sujeto de las cosas. Lo que lo volvió un experto en sentir los abusos mediáticos.

 “Creo que hay una parte del periodismo que por una noticia mata a la madre. Esa gente existe”, en 2005. Diego dice siempre lo justo. Siempre lo preciso. Siempre lo brutal. Siempre lo dulce. Siempre lo grotesco. Siempre lo exagerado. Hablar de las experiencias de Diego con la prensa es un elemento inacabable porque, en sí, Diego es inacabable e inabarcable. Su último round con la prensa terminó en ese sutil poema que decía, luego de la clasificación de Argentina para el Mundial de Sudáfrica en Montevideo: “La tenés adentro, Pasman”. Tan importante es Diego para la prensa que este periodista, al que le apuntó la frase, hace unas semanas presentó su primer libro, La tenés adentro, de Juan Carlos Pasman, y en los primeros días de venta agotó los ejemplares.