El deporte, según pasan los años

1810. Antes de la Revolución de Mayo se había jugado el picadito inaugural en la hoy Argentina. ¿Cómo? Sí, en 1806, soldados ingleses que participaron en la primera invasión jugaron durante su reclusión. En su estadía en la flexible cárcel, los invasores rompieron a pelotazos los techos del Cabildo de Luján. “Quebraron todas las tejas de la cárcel y calabozos, con motivo de bajar la pelota con que se divertían”, se lee en Los mitos de la historia argentina, del historiador Felipe Pigna.

También jugaron tenis. El general William Carr, vizconde de Beresford, raqueteó junto al teniente coronel Denis Pack. Incluía a soldados y armaba dobles. Los vecinos del Cabildo, como la señora del barrio del siglo XX, les devolvían las pelotitas. La anécdota la registra el periodista Eduardo Puppo y el historiador Roberto Andersen, en Historia del tenis en la Argentina.

Las corridas de toros dominaron los años del Virreinato. Luego de la Revolución, convertidas en insignias de la opresión colonial española, se diluyeron hasta desaparecer. Los criollos corrían cuadreras y jugaban a la sortija con sus caballos. Los gauchos, al pato, deporte nacional. Los británicos, ya no invasores sino comerciantes, crearon en 1825 la primera institución deportiva del país. Era de turf. Y años más tarde importarían los demás deportes anglófilos, institucionalizados.

Antes, los pueblos originarios ejercitaban sus cuerpos. Y a sus juegos les asignaban un carácter místico y social. Los indígenas que habitaban y habitan el actual suelo argentino practicaban juegos con pelotas, luchas y peleas, carreras, natación y tenis con las palmas de sus manos. Pero la chueca, un juego similar al hockey, era el deporte rey. Fue prohibido en 1602 por los conquistadores. Honraba a los dioses, evitaba guerras y era un modo de tomar decisiones en la tribu y entre tribus. Era el tiempo de la cruz y la espada.

1910. Argentina no tenía ningún campeón del mundo. Pero sí miles de inmigrantes. Y se registraban deportes que en la actualidad gozan de popularidad. El auto se consolida en la alta sociedad y se corre el Gran Premio de Buenos Aires. El fútbol y el rugby reciben visitas de los maestros ingleses. En 1912, arriba el básquetbol. Las trompadas de boxeo engalanan reuniones de la oligarquía y dan de comer a trabajadores portuarios gracias a las apuestas.

El fútbol, lejos del que se conoce, se juega por primera vez en 1867, en las cercanías donde hoy se emplaza el Planetario. Los ferrocarriles ingleses lo difunden, igual que al tenis. Lo practican los propietarios y sus hijos en las selectas Public School; luego los obreros y, más tarde, los hijos de italianos y de españoles. En el año del Centenario, el crack de la Selección es Jorge Brown, figura del mítico Alumni. Nacido en la Argentina, juega a lo inglés. Equipos fundados en 1910 se llaman San Martín, Moreno, Belgrano o 25 de Mayo.

En 1910 hubo Juegos Olímpicos del Centenario, organizados por la Sociedad Sportiva Argentina. Compiten en remo, equitación, atletismo, esgrima, boxeo, polo, rugby, fútbol, levantamiento de pesas, ciclismo, tiro y hockey sobre césped. En Villa Soldati, se exhiben vuelos en precarias avionetas y en los populares globos aerostáticos. La Sportiva, ubicada en el actual Campo Argentino de Polo, era la institución que aglutinaba al deporte porteño. El barón italiano Antonio De Marchi, años más tarde fascista, era su presidente.

Días antes de la apertura del certamen, frente a las protestas de obreros extranjeros, De Marchi y su allegada Policía Civil Auxiliar salen por las noches a reprimir. Atacan sindicatos socialistas y anarquistas, queman libros de sus bibliotecas y violan mujeres. Los Juegos son un éxito.

2010. El Bicentenario coincidió con el comienzo del Mundial de fútbol de Sudáfrica. El fútbol ya tiene dos títulos mundiales, Argentina 1978 y México 1986. Uno en dictadura. Otro en democracia. Diego Maradona, Guillermo Vilas, Juan Manuel Fangio, Roberto De Vicenzo, Carlos Monzón, Hugo Porta y Emanuel Ginóbili son íconos del deporte nacional e internacional. El básquet triunfa en el Mundial de Argentina de 1950. Gana el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. El boxeo, deporte más ganador de medallas, con 24, suma 42 campeones mundiales.

Los caprichos dicen que estos tiempos son para balances. Y entonces, ¿por qué Argentina no tiene hoy campeones olímpicos en atletismo, como los maratonistas Juan Carlos Zabala en Los Ángeles 1932 y Delfo Cabrera en Londres 1948? ¿Por qué los clubes fueron tan populares, estimularon el deporte criollo y afianzaron los vínculos sociales y hoy están en la ruina? ¿Qué significaron los ’90 -previo inicio del desmantelamiento del Estado de Bienestar, en 1976- y la imposición del neoliberalismo? ¿Existe real interés en revivirlos? ¿Los gimnasios reemplazaron a estos lugares de encuentro y ponderaron el individualismo? Cada barrio alberga su Luna de Avellaneda.

El deporte se circunscribe en la actualidad al show de la televisión. Fue paralelo su despegue y el de los medios de comunicación hacia las masas. El deporte como derecho social, es cierto, es aún deuda y anhelo. Sólo una pincelada: en 1950, la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) tenía un millón de jugadores afiliados. Hoy, 70.000. El deporte Bicentenario se redujo a espectáculos etiquetados para la ocasión. Como el amistoso del seleccionado de fútbol ante Canadá en el Monumental o el reciente Súper 4 de básquet en Salta. Ambos fueron por TV. En la cancha -kancha, palabra quechua que significa recinto, legado de la Argentina indígena-, sin embargo, perdura siempre la esencia del juego. El Homo Ludens. El “hombre que juega”.