Cine diferente: se cierra

El Complejo Tita Merello, promotor de películas no comerciales se cerró por no dar rédito económico. En enero el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales ya no alquilaba más el edificio. En julio sus dueños bajaron el telón.

Que se canse de luchar quien no haya visto la película Villera Soy o Nos fuimos, dos de todas esas películas que si no la ves en el Complejo Tita Merello, la ves en un centro cultural barrial o te pasás días caminando por la Ciudad buscándola. Que luche hasta vencer porque el Tita Merello cerró el 1 de julio. Era un espacio destacado por dedicarse a pasar filmes como ésos, muchas veces de industria nacional, con contenido social o político, con poco lugar para el pochocleo.
Fue inaugurado en 1928 bajo el nombre de Cine Suipacha. Desde 1997 hasta el 2009 fue un espacio del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales). Guardaba sus funciones para cine nacional e independiente, independiente de grandes productoras. Promocionaba y mantenía en cartelera a bajo precio películas no comerciales.
El INCAA no le renovó el contrato del año 2010. Según declaró Elena Suñé, la presidenta de la Federación Argentina de Exhibidores Cinematográficos a LatAmcinema.com, “el INCAA decidió dejarla y puso las fichas en la sala de Constitución”. Argumentó que tenía muy poco público y que se abrieron otros complejos más modernos en la Ciudad.
El edificio, además, presupone un gasto de mantenimiento de 432 mil pesos anuales.
Así, abrió la discusión.
Si no se encarga el Instituto de fomentar el cine menos taquillero, entonces, ¿quién lo hará si las principales salas apuntan principalmente a superproducciones del extranejero? ¿O no lo merece por no atrapar al público?
Hoy hay catorce mil estudiantes de medios audiovisuales que la industria no puede absorber. Catorce mil estudiantes de cine que tienen un lugar menos donde dar a conocer su trabajo.
Fernando Madedo, profesor de historia del cine y ariete, junto con el ex director del INCAA durante la presidencia de la Alianza, José Miguel Onaindia, en la lucha por la reapertura del Tita Merello, hace saber que el cine nacional está subsidiado por los propios espectadores: el diez por ciento del precio de una entrada, del alquiler o la compra de una película vuelve al cine por medio de un impuesto.
Madedo explica que hubiera iniciado la movida por la reapertura de la sala fueran cuales fueran los motivos del cierre. “Discutir quién tiene la culpa, o cosas por el estilo, es generar un clima de tensión innecesario para nosotros, por lo que fuimos muy cuidadosos en ningún momento responsabilizar a nadie de lo sucedido. Nuestra iniciativa pide que se preserve el edificio y la actividad cinematográfica que se venía llevando a cabo”.

¿Qué hicieron?

Además de llevar el tema a los medios, enviaron un petitorio a la Legislatura con más de 4500 firmas pidiendo la preservación del edificio para que se destine a otra actividad, dado su valor arquitectónico y los antecedentes de otros cines que terminaron siendo estacionamientos, templos o bingos.
Mientras tanto, a seguir en vigilia, estar atentos a qué pasa con el petitorio y seguir defendiendo los espacios artísticos que no tienen un empresario a sus espaldas.