Ante las puertas del nuevo siglo

Por Guillermo Mignini

El capitalismo ha llegado a su límite y nos encontramos en el umbral de un nuevo período histórico. Ante la crisis financiera de 1929, muy comparable a la actual pero en un mundo menos globalizado, este sistema de organización social superó las mismas predicciones apocalípticas que se están haciendo ahora. Se reinventó y, gracias al intervencionismo estatal de las naciones keynesianas, el capital creció como nunca. Immanuel Wallerstein, ex presidente de la Asociación Internacional de Sociología, expresó en una entrevista al diario francés Le Monde que esta vez el capitalismo no se va a poder recuperar, ya que “las posibilidades de acumulación real del sistema han llegado a su límite, pienso realmente que entramos desde hace treinta años en la fase final del sistema capitalista”. No compara esta crisis con ninguna otra del siglo XX, sino con la que erradicó el feudalismo europeo.

El prestigioso sociólogo estadounidense nos permite pensar en un límite interno. Explica que el capitalismo, desde sus comienzos en el siglo XVI se alimentó del diferencial de riqueza entre un centro, donde convergen las ganancias, y de las periferias más empobrecidas. La caída del sistema de economía centralizada soviética significó que se había acabado la lucha entre los dos sistemas sociales. Estados Unidos, victorioso, pensó que sin este enemigo no habría más disputas, no sería necesaria la política y el libre mercado reinaría por sobre los hombres. Francis Fukuyama, estandarte del tan despreciado neoliberalismo, pronosticó el fin de la historia. Luego de ser uno de sus polos, EEUU logró ser el centro del mundo, pero por poco tiempo. El crecimiento actual de China, India, Europa y hasta de América Latina refuerza la periferia y “constituyen un desafío insuperable” para la economía mundial, ahora descentralizada según Wallerstein.

Es innegable que la hegemonía de nuestro vecino del norte se encuentra debilitada. El desempeño en sus guerras es un claro ejemplo de esto. La guerra de Afganistán ya es más larga que la de Vietnam, y su final parece cada vez más lejano. Además, los aliados estadounidenses lo son cada vez menos. El presidente afgano colocado por EEUU Hamid Karzai, ha descubierto, como muchos Jefes de Estados estos últimos años, el inmenso costo político que implica ser aliado del Imperio. Karzai se siente demasiado cómodo negociando con los Talibanes, quienes según información de inteligencia filtrada en un sitio de Internet, también están siendo ayudados por el gobierno paquistaní que ya no se sabe para qué lado patea.

Si la multiplicación de centros de poder pone en jaque el sistema, el medio ambiente define la partida. El límite externo es inexorable. La relación entre el sistema y el medio ambiente, infinito hasta este siglo, es la que lo va a obligar a cambiar. El petróleo y el carbón se van a acabar. Va a tener que surgir un nuevo sistema económico basado en la sustentabilidad. El crecimiento necesariamente exponencial y constante que requiere el capital por su esencia misma es incompatible con el cuidado de los recursos naturales no renovables. Por las características mismas del sistema que se nutre de un crecimiento infinito, no va a poder afrontar el nuevo siglo.

Un cambio del sistema de organización social mundial implica una crisis de poder. Una lucha política entre las empresas y las naciones occidentales, y los nuevos actores poderosos. Desde arriba intentan mantener el equilibrio político con recetas de ajuste del FMI. Los supuestos gobiernos socialistas de España y Grecia subieron el IVA y facilitaron el despido de la gente. Se busca proteger de un ataque especulativo los millones de euros de los banqueros, perjudicando al grueso de la sociedad con las mismas estrategias de estabilización que Domingo Cavallo aplicó en Argentina con resultados poco felices. Sí, se salvó el dinero de los capitalistas, para la sustentación del sistema; pero a la larga, la baja de consumo, la suba de desempleo y el caos social generado por los recortes provocará consecuencias mucho peores que la caída de acciones, tal como sucedió aquí. Cabe preguntar si Europa sigue el camino fallido de América Latina porque tiene poca imaginación o porque el sistema ya no da más y no hay solución dentro del mismo.

“La crisis y la impotencia de los poderosos dejan un espacio para el libre arbitrio de cada uno”. Según Wallerstein, mientras el sistema funciona, este determina las relaciones sociales, pero en una etapa de crisis, en donde hay una incertidumbre por el nuevo sistema que se va a implementar, hasta las acciones individuales más pequeñas pueden ser determinantes. “En cuarenta años, un nuevo sistema habrá emergido”. El capitalismo se termina, estamos construyendo la historia. Que se instale un sistema de explotación aún más violento del capitalismo u otro más igualitario y redistributivo depende de nosotros. Ojala que en vez de haber llegado al fin de la historia, seamos parte del principio de uno de sus nuevos capítulos.

Guillermo Mignini, joven trotamundos por excelencia, actualmente es estudiante de periodismo y sociología en la Ciudad de Buenos Aires.