A menos de un año para el Golpe

Un recorrido por nuestra sociedad durante los doce meses previos a la intervención militar del ´76. Las diversas alianzas en las disputas de las fuerzas sociales, y los hitos que marcaron a cada una en aquel final del proceso revolucionario. Mientras, las FF.AA. como el fiel instrumento de acción violenta de la gran burguesía en su Proceso de Reorganización del Capitalismo Nacional.

El Golpe de marzo del 1976 se articuló como el fin de un proceso revolucionario que se había precisado en mayo del `69 con el “Cordobazo”. Aunque posteriormente reprimido con éxito, ese suceso significó la demostración que en la realidad el poder  de la burguesía podía ser disputado.

Un proceso revolucionario implica un quiebre en la hegemonía burguesa que genera un contexto ideal para que la clase obrera piense por fuera del marco impuesto por el orden burgués. La clase obrera -o una facción de ésta- logra organizar la idea de una revolución en su conciencia de clase. Entiende que la solución a sus carencias, sus privaciones y su realidad de explotada no puede estar dentro del sistema capitalista, por lo que pretende un cambio del mismo.

No se trata de que en 1969 recién comiencen las dificultades para el control del dominio burgués, sino que estamos frente a un desarrollo de fuerzas desde décadas anteriores. Es que la crisis por la que transcurre la hegemonía de la gran burguesía está atravesada por las distintas recetas ineficaces que sostuvieron desde la década anterior a su propia pregunta de cómo desarmar al peronismo.

La agudización de la lucha de clases no implica una sociedad que se enfrenta en bloques de clase unificados. Sino que, se conformaron fuerzas sociales que representaban alianzas de facciones de distintas clases. No eran partidos políticos, eran otra cosa. A partir de 1969, el escenario social argentino estuvo formado por tres fuerzas sociales:

  • La fuerza revolucionaria, obrera y pequeño burguesa.
  • La fuerza reformista, pro-peronista tanto obrera como burguesa.
  • La fuerza contrarrevolucionaria, impulsada por la gran burguesía, impopular por excelencia.

Considerando que la fuerza social reformista estaba en una acelerada descomposición, acentuada exponencialmente con la muerte de Juan Perón en julio de 1974, será preciso entender cómo se desarrollaron las otras dos fuerzas sociales en los doce meses antes del Golpe.

Hubo una formación que se constituyó como la última resistencia de la fuerza revolucionaria a los avances del sistema capitalista: Las Coordinadoras Interfabriles. Se trató de la organización de las bases obreras independientes, totalmente autónomas de  la estructura sindical oficial. En su cuestionamiento al sistema, se formaron como antipatronales y antiburocráticos. Su objetivo era recuperar el control sobre los organismos de representación legítimos de clase dentro de las fábricas. La conducción sindical oficial era despreciada por su falta de compromiso social y su profunda alianza con el gobierno en perjuicio de la situación obrera.

La intensificación de la acción de las Coordinadoras y su protagonismo en el escenario político nacional tuvieron dos momentos cumbres. Ambos, como respuestas de desaprobación a programas del Ministerio de Economía de la Nación durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón. El primero fue entre junio y julio del `75, luego del plan de shock del ministro Celestino Rodríguez, conocido como “El Rodrigazo”. Las fervientes protestas incentivaron en forma rápida la renuncia del ministro de Bienestar Social José López Rega y del ministro de Economía. El segundo momento fue en torno a las protestas originadas por el paquete económico del ministro Emilio Mondelli lanzado en marzo del `76, días antes de la intervención castrense.

Lo valioso y original de este tipo de organización obrera fue su desconexión de la burocracia sindical, como ser de la CGT y de las 62 Organizaciones. Aunque no se hayan planteado suplantarlas, las bases habían rebalsado las conducciones tradicionales sindicales, y buscaban una organización a través de vínculos de clase que acentuaran principios de solidaridad y democracia obrera. Mismo la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires entendía en cuanto a esto la relevancia de “la alienación en la dirección de los sindicatos en Argentina por parte de las masas. (…) los actuales dirigentes sindicales están hoy en día virtualmente divorciados de los trabajadores que representan. Su autoridad se ha ido erosionando al punto que sindicatos paralelos de masas, por lo general denominados `comités de lucha`, o `comités coordinadores` han virtualmente remplazado a los dirigentes sindicales (…) estos comités de bases son mucho más militantes que sus dirigentes legítimos”[1].

Por el otro lado, la alianza contrarrevolucionaria reaccionó terminando de enlazarse con el personal técnico que llevaría a cabo las tareas planteadas: los militares. Para realizar el trabajo como fiel representante de la gran burguesía, las Fuerzas Armadas Argentinas se cohesionaron con muchos reacomodamientos internos. De esta forma, las FF.AA. no fueron un agente extraño, separado de la realidad social argentina a la que luego iba a avasallar, sino que fueron parte del mismo entramado social. Simplemente, las fuerzas militares tejieron una alianza con una de las fuerzas sociales para aniquilar a la adversaria.

Durante 1975 las divisiones en la gran burguesía tendieron fuertemente a desaparecer o atenuarse. La salida golpista los unificó en torno al peligro que para todos ellos suponía el triunfo revolucionario. La alianza contrarrevolucionaria, ya mejor cohesionada, además de contra la revolución, pasaron a estar en posición evidentemente crítica al gobierno nacional. La CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) y FAA (Federación Agraria Argentina), dos claros socios en la alianza contrarrevolucionaria descalificaron la condición del gobierno nacional: “Ante esto el gobierno aparece hasta ahora inoperante y vacilante, demostrando carencia de planes concretos, y se limita sólo al reconocimiento de la situación, sin encontrar los cauces que permitan afrontar con toda urgencia la corrección del proceso, que se agrava día tras día.”[2]

Dentro del proceso revolucionario abierto, la injerencia de la fuerza revolucionaria en la política nacional era indiscutible desde hacia ya largo tiempo. La gran burguesía enfrentada al gobierno nacional no podía encontrar otro instrumento que accione la profunda represión que necesitaba más que las FF.AA. El objetivo de relanzar el capitalismo en la búsqueda por continuar con la acumulación capitalista –con su implicada explotación obrera- requería el control de la base social explotada. Pero el simple objetivo de control parece haberles resultado insuficiente, ahora les era necesaria la aniquilación de la base social subversiva para poder llegar a someter al resto. Las FF.AA. fueron la herramienta con la que se valió la fuerza social contrarrevolucionaria en lo que se calificará mejor como Proceso de Reorganización del Capitalismo Nacional.

Dibujos originales de Nos.


[1] Documento emitido por la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires, el 2/12/75, para el Departamento de Defensa de EE.UU. y las embajadas de EE.UU. en los países latinoamericanos sobre “guerra de guerrillas” en las fábricas. Tema: “Terrorismo industrial: guerra de guerrillas en la fábrica”
[2]La Nación, 9/8/75.
Bibliografía utilizada:
Löbbe, Héctor: La guerrilla fabril, Ediciones ryr, Bs. As., 2006.
Balvé B. y Balvé B.: El 69. Huelga política de masas. Rosariazo-Cordobazo-Rosariazo, Ediciones ryr-CICSO, Buenos Aires 2005. “Introducción” y “Alianza de clases”.
Cotarelo, María Celia y Fernández, Fabián: Lucha del movimiento obrero y crisis de la alianza peronista argentina, junio y julio de 1975 y marzo de 1976. Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina.
Cotarelo, María Celia y Fernández, Fabián: Lucha del movimiento obrero en un momento de crisis de la sociedad: 1975-1976, Debate, en Razón y Revolución nro. 4, otoño de 1998.
Baudino, Verónica y Sanz Cerbino, Gonzalo: Las corporaciones agrarias e industriales frente al golpe del `76: apuntes para la reconstrucción de la Fuerza Social Contrarrevolucionaria. (Aún en prensa)
Colom, Yolanda y Salomone, Alicia: Las coordinadoras inter-fabriles de Capital Federal y Gran Bs.
As. 1975-1976, Debate, en Razón y Revolución nro. 4, otoño de 1998.