Por el fin de la colonización de las mentes

El colonialismo se ha inmiscuido en la supuesta “conciencia común” infectando nuestras valoraciones. Destapemos y veamos qué hay detrás de esta imposición histórica de apreciaciones. El caso emblemático de los kikuyu.

Si hay algo que no han logrado las independencias nacionales en los 60 y 70 ha sido descolonizar nuestro propio pensamiento. África –especialmente- decimos que es pobre, atrasada, tribal y primitiva. África, entonces, nos aparece homogénea. Y en estos términos es donde se mantiene el colonialismo, aquí es donde perdura la infame diferencia. Europa-África, civilización-barbarie, estado-tribu, desarrollada-primitiva. Será el objetivo de estas líneas marcar cómo la etnia, término tan usado por el periodismo para explicar las luchas al interior del continente negro, fue un invento de los colonialistas para partir y repartir los territorios a su antojo, como también para calificar y rebajar a los locales a una condición de inferioridad.

Igualdad diferenciada

En muchos medios, alguna vez, se habrán chocado con ideas como que “la etnia X se enfrenta con la etnia Y” o que “el dictador de la etnia J comienza persecución contra los W”. Todo conflicto es simplificado a una mera lucha étnica. Esto no sería tan grave si solo se redujese a los medios de comunicación. Pero cuando se extiende a los mismos africanos y se utilizan las diferencias étnicas para masacrar a una parte de la población, vemos el alcance de la problemática de definir por etnicidad.

Aún así hemos dicho casi una decena de veces la palabra etnia… ¡y ni siquiera parece quedar claro qué significa! El tema es que su propia definición es en si misma bien difusa, entre antropólogos no coinciden tampoco: Molar la denomina como “un área de paz entre colectividades de parentesco real o ficticio”, Mercier como “coincidencia de un grupo que ha realizado una unidad de identidad lingüística con un espacio”; por su lado, Nadel dijo que era un “grupo con una unidad ideológica y una unidad de identidad” y, finalmente, Honigmann (des)aclaró que una etnia la conforman aquellos grupos que comparten un territorio “común, descendencia común, lengua común, cultura común y nombre común”[1].

Resumiendo, vemos que poseen una igual cultura, lengua, valores, costumbres, territorio, etc. ¿No les recuerda esto a la clásica definición de colegio primario de “Estado-nación”? Más aún, si es así, ¿por qué no decimos la nación masai, la nación zulú, la nación inuit o la nación lapona? No, usamos etnia para estos casos, jamás nación. Frente a este problema, el antropólogo francés Jean Amselle aclara que “el denominador común de todas estas definiciones de etnia corresponde a un Estado-nación (pero) de carácter inferior. Distinguir rebajando era la preocupación del pensamiento colonial”[2].

Con esto, no se debe pensar que no hay etnias, sino que –y éste es el punto central- la etnia es una creación colonial fruto de la necesidad de centralizar políticamente a los pueblos, unirlos en un territorio y darles un jefe que los reúna y los gobierne. Y así, al mismo tiempo, logre que los separe, los divida y reparta a lo largo de la región, para tenerlos mejor controlados y evitar una acción conjunta contra el nuevo opresor colonial.

Por eso pasamos de un período colonial donde existían espacios incesantes de conexiones de todo tipo entre diversos pueblos, a una etapa colonial, con sociedades nucleadas o diferenciadas, pero ya convertidas en etnias.

De libres y dominados

La creación de la etnia kikuyu por el dominio inglés, nucleó a diferentes grupos que ocupaban el área de central de la actual Kenya durante el período pre-colonial. Éstos tenían en su forma de relacionarse un rasgo muy particular: ante necesidades comerciales o militares, arreglos matrimoniales, ayuda ante grandes cataclismos –guerras, epidemias, pestes, hambrunas- apelaban a una pertenencia familiar que les permitía facilitar las relaciones entre sí en cuanto al linaje, al clan o a un origen mítico. De esta forma, se aseguraban la subsistencia y reproducción de las familias. Pero junto al maleable uso de las identidades, había una constante disolución y modificación en los diversos grupos. Por ejemplo, si uno debía abandonar sus tierras por inundaciones, apelando a una determinada identidad, podía ser aceptado e incluido en el seno de otro grupo, aunque no necesariamente como iguales.

Entonces vemos que si bien éstos podían compartir ciertas similitudes como la lengua, la vestimenta, la alimentación, de ninguna manera quedarían englobados bajo la definición de etnia que ya hemos visto.

Toda esa realidad será absolutamente modificada con la llegada de los británicos a la región. La pérdida de tierras, el desplazamiento forzado de grupos, la unión para la defensa del territorio y más, hicieron que estas comunidades fuesen disminuyendo sus múltiples usos de la identidad, como también, de su desplazamiento dentro del espacio que habitaban. Una vez victoriosos los ingleses, los catalogarán como kikuyus, los reunirán en una porción de tierra fija y determinada bajo el gobierno de un jefe aliado. Así que los ahora nuevos kikuyus no tendrán más remedio que incorporar ésta única pertenencia, aceptando su condición étnica.

El uso de la palabra etnia es infundado para el estudio y lectura de diversas sociedades del pasado, como también es erróneo para la visión y entendimiento de los conflictos locales africanos, por no ser más que un resabio –que aún perdura- del nefasto período colonial.


[1] Amselle, Jean-Loup y E. M’Bokolo “En el corazón de la etnia”

[2] Ídem Amselle y M`Bokolo

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