El profesor Vazeilles explica las crisis

Entrevista exclusiva con el legendario profesor y escritor de la Universidad de Buenos Aires.  Nos abrió las puertas de su casa para explicarnos las crisis pasadas, el futuro y las hegemonías de trascendencia mundial.

Mitad de julio. Invierno, invierno polar. Toda la gente muy abrigada con sacos, sobretodos, bufandas y hasta esos sweaters norteños con ese monótono dibujo de las llamas –que claramente han perdido cualquier conexión con lo autóctono– inundan el ambiente hasta llegar al hogar de José Arturo Vazeilles.

Él, antes militante revolucionario, actual profesor de Historia Social General –“¡ad honorem!”como señaló con solemnidad en la charla- en las carreras de Historia y Letras de la U.B.A; como también de Historia Argentina y Latinoamericana de Comunicación, de la misma universidad. Y, para ya convertirlo en un “polifuncional” de la sociedad y del cambio social, también autor de obras como Los socialistas, La revolución china y Platonismo, marxismo y comunicación social.

Nos abre la puerta y nos adentramos en su hogar pareciendo más concentrados en escapar del frío que en iniciar cualquier charla. Sentados, nos proponemos develar algo que nos atraviesa día a día, que lo vemos lejos, que los medios nos lo ubican lejos, y que sin embargo tiene el poder de helarnos la sangre más aún que las temperaturas bajo cero: la crisis mundial.

– En algunos de sus escritos, usted ha llamado a la crisis actual como la segunda Gran Crisis, ¿por qué la compara e iguala con la crisis del 30’?

-Por su envergadura mundial y por la profundidad de los cambios que va a traer. Porque, por un lado hay crisis, y  por el otro, hay ciclos de auge y depresión. O sea, la acumulación capitalista siempre está ubicada en medio en ciclos de auge y depresión, que ha caracterizado a la economía mundial desde la Segunda Guerra Mundial hasta la irrupción de esta crisis. En el siglo XIX, cuando se iniciaron estos fenómenos, había crisis que eran crisis porque eran abruptas, pero en menor medida, y se repetían varias veces cada corto tiempo. Es muy importante establecer la relación entre los ciclos en general y entre ellos, las crisis que son de un carácter salvaje: una especulación desenfrenada, quiebras y una caída espectacular. Así vemos que estas crisis recurrentes duraron hasta la Primera Guerra Mundial, produciendo el primer ocaso del imperialismo británico y el ascenso del imperialismo norteamericano, que se volvió  a repetir y consolidar el cambio de mando, con la Segunda Guerra Mundial.

Hoy en día, como en el mundo hay un desarrollo productivo y económico más equilibrado que entonces, esta crisis es más lerda, demora más y van a pasar más cosas. Ya, sin duda, ha cambiado el panorama del mundo.

-¿Qué cambios se han gestado en el capitalismo a nivel mundial durante estos años de crisis?

– En el orden de la orientación política, en nada. Lo único que ha hecho la intervención estatal ha sido salvar a los causantes de la crisis. Hoy no podes hablar del Primer Mundo, porque desde mayo de este año la tercera pata de los países desarrollados, que es la Unión Europea, ha entrado en crisis -acompañando entonces a Japón y Estados Unidos- en un proceso que va a su disolución, hecho que no tiene arreglo.

Por ejemplo, cuando el gobierno griego dijo que no podía pagar su deuda, pidió una refinanciación de 50 mil millones de euros. Inmediatamente, la jefa de Estado alemana puso el grito en el cielo; sin embargo, a la semana ya se estaba hablando de un refinanciamiento de 3 veces más. Y finalmente ahora, ¡la refinanciación de la deuda griega ha sido de 17 veces más! Y cuál es el secreto de ésto: si no refinanciaban la deuda al estado griego, quebraban los bancos alemanes y franceses. Y esto no se ha arreglado. Como tampoco la creciente deuda en bonos del tesoro de EE.UU. con China. O sea, que los desequilibrios que han estado en la raíz de la crisis, siguen y siguen. Así que en los próximos años veremos muchas novedades, entre ellas la disolución de la Unión Europea.

-Mucho se ha hablado del fin de la hegemonía norteamericana, sin embargo, ¿quién vendría a sucederlo?

– Yo creo que el mundo actual es ya multipolar, ya no habrá una potencia hegemónica, hecho que se ha acentuado mucho con el proceso de descolonización de la segunda posguerra. Hay zonas todavía muy atrasadas, pero irán entrando en el desarrollo. Igual ahora tienen mayor libertad para tomar decisiones porque quien arrojaba todo al tacho era Estados Unidos.

Eso en América Latina esto es notorio. Hay países, Venezuela sobre todo, que han aprovechado para introducir cambios en su interior; los demás todavía no, pero por lo menos no son mas genuflexos al poder de EE.UU.

Ya entramos en calor, y la charla fluye y fluye, y que mejor entonces que meternos y hablar sobre América latina. Entre la luz del flash de la cámara, Vazeilles nos va iluminando el camino para entender el mundo que estamos viviendo, pero que sin embargo, se nos aparece a veces tan lejano, a veces tan oscuro.

-¿Este mundo multipolar podría generar, entonces, mayores posibilidades de cambios sociales en América?

– Posibilidades, si. Hasta ahora, salvo ciertos avances en Venezuela y algunos en Bolivia no veo mucho. No veo todavía verdadera voluntad de cambio interno en los demás países.

-¿Por qué esto?

– Porque las propiedades de las grandes empresas son las mismas. Argentina es un modelo sojero-minero extractivo que parece del siglo XIX, como si hubiéramos vuelto a la estructura agro exportadora; a vivir de exportar trigo y carne, a vender soja. Se tuvo la suerte de que los chinos, como les salen los bonos del tesoro estadounidense por las orejas y no saben que comprar, decidieron mejorar las dietas de su burguesía y de su burocracia. Pero si mañana la China resuelve autoabastecerse de soja…Argentina vuelve al 2001.

Ahora como estructura somos tan dependientes como en 1890.

Con todo lo hablado, más que una entrevista, esto parece acercarse a una antigua tragedia donde no hay protagonista que quede vivo, ni siquiera un “y fueron felices para siempre”. Sin embargo, si hay crisis hay oportunidad de cambio, pero, ¿se viene el cambio?

-Más allá de las grandes movilizaciones populares en Islandia y Grecia, la clase obrera no ha tenido una participación tan activa, como si la tuvo en las crisis de 1873, 1930 o 1973, ¿a que cree que se deba ésto?

– Yo creo que lo que está pasando en Europa, la presencia de la clase obrera va a volver. Despunta en Grecia, un poquito en España, algo en Francia, pero va a volver.

Lo lógica es que la contradicción entre los capitalistas y la clase obrera vuelva a tener una mayor dinámica.

-¿Qué mundo imagina que surgirá de todo ésto?

-Yo creo que el capitalismo está agotado, que la tarea de la Humanidad en general es formar una sociedad mundial socialista, que es la que debe suceder al capitalismo. Para lo cual hay que hacer una autocrítica dentro del campo socialista.

-Pero, ¿qué responder frente a las voces que, una vez disuelta la Unión Soviética, marcaron el fin de la teoría marxista y la victoria total del capitalismo?

– Mirá, cuando vos tomás el poder para hacer muchas cosas, porque solo con el poder del Estado podés darle otra orientación al excedente económico. Yo no veo otra solución, por eso veo mucha necesidad de debate, investigación. Además, no observo a la burguesía progre argentina como opción para lograr este fin.

Ya el sol oscureció la sala –así que los flashes no hacen más que enceguecer al sonido de ¡clic!-, las preguntas se terminan en una distendida charla. Pero sería casi un grosero error irnos sin saber su mirada frente a quienes de lunes a viernes se sientan, lo miran y escuchan mientras toman frenéticamente nota para no perderse palabra: los jóvenes.

-¿Qué observa desde su posición en la juventud actual?

– Veo que hay minorías en la juventud que se interesan en este cambio. Yo trabajo para ellos, porque en el campo intelectual universitario y extra universitario yo no tengo ninguna confianza porque los veo muy entregados en su mayoría. Por eso le dedico mi esfuerzo a la juventud, porque creo que tienen la cabeza más abierta, y de acuerdo a los resultados que miro, y en su mayor parte, después de la crisis, han comenzado a pensar. Por otra parte, no tengo más opción, como me ves… ¡tengo 75 años! Por eso, les tocará a los jóvenes seguir el trabajo y en ellos deposito mi confianza.

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