El arte de la militancia. 1968

Movilizaciones sociales dan vuelta por todo el globo. En Argentina, el gobierno de Onganía sufre los golpes de variados levantamientos sociales. Mientras, un grupo de artistas se relaciona con la CGTA y organizan una muestra de arte bien social: Tucumán Arde. Ardió Tucumán.

1968. El Mundo en estado de ebullición. La Primavera de Praga, en los primeros días del año, sembró las flores que se van cosechando a lo largo y ancho de todo el planeta durante ese convulsionado `68. Las revueltas estudiantiles se reproducen en casi todos los puntos cardinales. En París estalla el Mayo Francés. En Polonia el movimiento universitario encabeza la lucha contra el autoritarismo soviético y es liquidado en tres semanas por la represión policial. En el D.F mexicano la movilización de la juventud contra la opulencia y el contraste que genera la organización de los Juegos Olímpicos en esa ciudad termina en una matanza en la plaza Tlatelolco. Son las mismas olimpíadas que quedarán en el recuerdo por el puño en alto de los atletas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos para alzar las banderas del Black Power y homenajear a Martin Luther King, asesinado en abril de ese año.

1968. Argentina en estado de ebullición. La marca que dejó el asesinato de Ernesto “Che” Guevara en octubre del `67 en Bolivia sigue irradiando su calor unos cuantos kilómetros más al sur. El Cordobazo, el Rosariazo y la irrupción de los primeros movimientos guerrilleros así lo demuestran. La vida política -en verdad, como siempre- está presente como nunca en lo cotidiano de cada habitante. La gran mayoría cae en la cuenta de que las ideologías y la vida de cada individuo no son cosas disgregables. Se forma la Confederación General del Trabajo de los Argentinos, donde confluyen los obreros cansados de la tradicional burocracia de la histórica CGT. El periodista Rodolfo Walsh, que se pone a cargo del diario de la CGTA, no es el único que comprende que la situación de los obreros y el pueblo están por delante de cualquier ambición profesional.

Un grupo de artistas de vanguardia, jóvenes porteños y rosarinos, en sintonía con el programa de la CGTA, forman un colectivo con el propósito de que sus inquietudes artísticas y la Revolución Social transiten el mismo camino. Constituyen la comisión de Agitación y Propaganda de aquella central gremial que dirige el sindicalista Raimundo Ongaro. A partir de sus declaraciones y del contenido de sus obras manifiestan su posición política e ideológica en relación a los hechos políticos que suceden en el país y en el mundo. Contra el gobierno de Onganía, en apoyo a las luchas estudiantiles en Francia, en contra de la guerra de Vietnam, en apoyo al Che Guevara. A partir de ese año comienzan a darse las condiciones de la emergencia de un pensamiento crítico respecto al papel de las artistas en relación con la sociedad y que incluye a las instituciones de la cultura oficial. “El artista se convierte en el propagandista de esos conceptos. El arte no tiene ninguna importancia: es la vida la que cuenta”, es una de las bases que sienta este colectivo de jóvenes, según Roberto Jacoby, uno de sus integrantes.

Los plásticos deciden hacer su irrupción con un hecho que denuncie todo lo que sucede en la provincia de Tucumán como consecuencia del llamado “Operativo Tucumán” encabezado por el gobierno de Onganía. En medio de una política de reconversión industrial, provocó el cierre de más de una docena de ingenios azucareros y la pérdida de numerosas fuentes de trabajo. La muestra la llamarán Tucumán Arde: una alianza entre obreros e intelectuales, una forma de lucha que sirve como agitación y propaganda en contra del Operativo montado por el presidente de facto

El colectivo de artistas, entre los que se destaca León Ferrari, realiza un extenso trabajo de campo en la ciudad que fue cuna de la Independencia y sus alrededores. Entrevistas a trabajadores de los ingenios, sindicalistas, desocupados, patrones de ingenios, funcionarios, estudiantes, periodistas, y recogen algunas fotos que grafican el contexto tucumano. Esa será la plataforma de la muestra. A la par de la recolección de datos e imágenes, en Rosario otro grupo se encarga de la promoción de la muestra en los espacios públicos: en los muros rosarinos pintan la leyenda “Tucumán Arde”, además de hacer una repartija de volantes en universidades, calles, salas de cine y algunos museos.

La muestra, que también se llamó “Primera Bienal de Arte de Vanguardia”, se inaugura el 3 de noviembre en el edificio de la CGTA de Rosario. La cultura, antes confinada a fríos museos o heladas galerías, ahora se exhibe en un local sindical, con el calor abrazador de un lugar de obreros. Una demostración de cómo entendían esos jóvenes que se debía encarar la relación entre el arte y la política. Una ruptura inédita con las instituciones artísticas para articularse con los procesos revolucionarios y la educación de las masas. Se presentan una gran variedad de soportes visuales, gráficos y sonoros. Así se denuncia la explotación obrera, la desocupación, la represión policial, el cierre de los ingenios. A cada visitante le entregan un folleto explicativo con una investigación sobre la situación económica y social de la provincia bajo el título “Tucumán Arde… ¿Por qué?”. De fondo se escuchan las entrevistas realizadas a distintos personajes con diferente injerencia en la situación social que se vive en la provincia más chica del país y se reparten transcripciones en papel de esas cintas grabadas. La muestra dura dos semanas, con una interesante cantidad de visitas. El colectivo decide trasladarse a Buenos Aires para reeditar la exposición en el local porteño de la CGTA. El 25 de noviembre se reestrena en la sede de la Avenida Paseo Colón. Su duración es efímera, su éxito parcial: la agitación y la propaganda duran apenas 24 horas, lo suficiente para que el gobierno de Onganía acuse el golpe y ordene levantar la muestra bajo amenaza de clausura del local de la central obrera.

Como muchos de los acontecimientos de ese efervescente 1968, “Tucumán Arde” fue sólo un chispazo que no terminó de encender la hoguera. A pesar de que la muestra logró su objetivo de agitar la problemática de la provincia y difundir lo siniestro del “Operativo Tucumán”, fue una articulación inédita entre la realidad social y el arte. Nunca volvió a verse una muestra así en la Argentina, una exposición que confunda profundamente en el mismo canal la cultura con la política.

Balvé, Beatriz: “¿La fusión del arte y la política o su ruptura? El caso de Tucumán Arde: Argentina 1968”, en Razón y Revolución nº 7, verano de 2001.

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