¿Qué pasa por la cabeza de un tenista?

El pensamiento común de la sociedad sobre los tenistas profesionales es que se trata de una vida soñada y fácil: viajes constantes, sumas incontables de dinero y ser reconocidos mundialmente. Desde Nos comprendemos esa posición, pero nos preguntamos otras cosas acerca de ellos: ¿qué papel juega su estado mental a la hora de jugar un partido? ¿Les ejercerá alguna presión el hecho de estar constantemente en competencia para no perder su lugar de privilegio? ¿Son entendibles las actitudes violentas, como destruir raquetas, para canalizar esos malos momentos? Ex tenistas, tenistas y especialistas en el tema nos ayudan a entender un poco más este mundo de estos deportistas.

“Mirá a ese hijo de puta, se la pasa quejándose y está jugando por una cantidad de guita increíble”, se molesta un vecino del barrio porteño de Palermo al ver como queda destrozada en dos partes la segunda raqueta del tenista en el mismo partido. La pantalla marca 6-6, se juega un tie-break para desempatar y verificar quién debe ganar el set. Una volea que se va ancha, el set termina, la bronca aparece y una nueva raqueta se vuelve a romper. La admirable vida del tenista está contrastada por constantes presiones mentales por mantener sus lugares de privilegio, por llegar hacia ellos y por lograr sus objetivos. Esto, les repercute muchas veces en lo físico, generándoles inconvenientes en su nivel de juego, que lo intentan revertir con la ayuda de los psicólogos.

En un gran porcentaje, esas acciones son un denominador común de los profesionales de este deporte que, conciente o inconcientemente, las realizan en los momentos malos del partido, buscando una forma de desquitarse angustias y broncas. Esto genera que, en muchos casos, se aceleren, traten de terminar los puntos instantáneamente o se resignen a conseguir un resultado. Esos nervios se reflejan, claramente, cuando se destrozan raquetas, cuando se insulta al aire o a los jueces o cuando realizan actos desesperados y rápidos por conseguir puntos. Lo que este vecino de Palermo no sabe es que esas acciones tienen una razón y que está relacionada con la presión o tensión que pasa por sus cabezas y que actúa de diferente modo según cada tipo de jugador.

“Las descargas que realizan muchos de ellos al romper raquetas o en situaciones parecidas se dan porque no tienen una descarga física a mano. Es un deporte de errores más que de aciertos, fallás por muy poco y ya viene la frustración.”, describe Javier Frana, ex tenista y actual comentarista de Tenis para el canal ESPN.

Lo que sucede con cada jugador es diferente, no hay un patrón común para todos, lo que sí aparecen son elementos comunes. Para diferenciarlos, primero habría que separarlos entre los jugadores más jóvenes, que recién empiezan a transitar el camino del profesionalismo, y los que ya tienen su experiencia en el circuito. Los primeros viven otra realidad: luchan por ingresar a los torneos más importantes, por lograr que todo lo que sacrificaron de chicos no sea en vano, por conseguir alguien que los auspicie y por insertarse en esos lugares de privilegio, teniendo que jugar muchos torneos sin descanso para conseguir puntos o de defender los pocos que consiguieron anteriormente.

“El año pasado, tuve dos meses muy buenos, donde conseguí mis mejores resultados en lo que voy de carrera. Cuando los tuve que defender este año, me surgió una presión interna que me obligaba a pensar que si me iba mal, podía llegar a perder todo lo que había logrado y se me hizo complicado, pero traté de no especular en eso y dejar que lo que tenga que pasar vaya a pasar”, comenta Facundo Bagnis, un joven argentino de veinte años que actualmente está 310º en el ranking de la ATP.

Para los jugadores de mayor ranking, de una jerarquía superior o de una experiencia mucho más amplia, la situación se revierte: por su cabeza pasa que deben mantener su nivel, no perder ese enfoque, defender los puntos obtenidos para seguir estando en ese lugar de privilegio y mantener a los sponsors que los sustentan económicamente.

“Lo que más recuerdo que grafica esa situación lo escuché del serbio Novak Djokovic (actual número 3 del ranking mundial). Él contó cómo se sintió luego del primer encuentro que disputó del Abierto de Australia en 2009, después de haberlo ganado el año anterior. Relató que nunca había sentido un miedo y una presión semejante, porque decía que estaba jugándose todo lo que había conseguido, que le temblaban las piernas antes de entrar a la cancha”, cuenta Jorge Viale, periodista especialista en tenis.

Hay otros casos, donde los deportistas aprovechan de la mejor manera esos momentos de tensión y presión, que es donde o no tienen nada que perder o aparece el verdadero nivel del jugador. Un jugador particular con estas características es David Nalbandian, quien afirma que le gusta jugar esos partidos decisivos y vitales para él, como cuando representa a su país en la Copa Davis, porque siente que debe estar en su máximo nivel tenístico por una causa.

“Para salir a una cancha hay que estar mentalmente preparado para jugar, para cerrarlo y para mantener el nivel constante. Eso creo que hace la diferencia con los jugadores excelentes y los del montón, los que pueden mantener eso son los que se terminan destacando”, agrega la ex tenista argentina, Paola Suárez, campeona de dobles en ocho Grand Slams junto con la española Virginia Ruano Pascual.
Por su parte, Frana encuentra en lo mental casi la misma importancia que en lo físico: “La parte mental es predominante a la hora de jugar un partido tenis. Uno puede entrenarse para ser un mejor deportista desde lo físico, pero lo que pasa en la cabeza no se lo puede ayudar en la situación real de partido. Si el jugador entra pensando sólo en lo que pueda llegar a pasar, la cabeza le puede jugar una mala pasada”.

Uno de los partidos más particulares que regaló el tenis donde se reflejó la presión fue la conocida final de Roland Garros entre los argentinos Gastón Gaudio y Guillermo Coria en 2004. En esa definición, Coria arrastraba una diferencia de dos sets a cero, jugando a un nivel superlativo. A mitad del tercero, la ansiedad, el nerviosismo y una presión interna, le jugaron una mala pasada y su aductor derecho se puso duro, generándole un calambre, que lo obligó a disputar el resto del partido rengueando, de la única forma que pudo.

Ante esta situación, empezó a surgir una nueva figura para ayudar a revertir esa ansiedad, esa presión y ese nerviosismo: la del psicólogo. Muchos ya lo incorporaron como parte del staff normal de la vida joven del tenista, que juega en su plenitud un promedio de diez a doce años, junto con el preparador físico y el manager, para que constantemente incorporen conocimientos importantes de concentración y focalización en los momentos deseados.

El psicólogo Pablo Pécora afirma que todo lo que sucede en la mente, repercute en el cuerpo, y todo lo que pasa en el cuerpo, repercute en la mente directamente. Analizando esta interpretación se ve cómo un aspecto que no tiene que ver con la preparación física de un jugador puede influir negativamente en el juego del mismo.

“Cuando jugaba, el psicólogo me servía como una forma para salir de las situaciones tensas. Me hizo muy bien porque me hizo entender cómo jugar los puntos importantes desde lo mental, qué hacer para subirme el auto-estima en los momentos complicados y, principalmente, para traspasar los límites que uno se impone e ir por más”, señala Suárez. Y agrega un dato no menor para analizar estos momentos: el del agotamiento.

“A los jugadores se los acostumbra al agotamiento, juegan con un ritmo de cansancio aplastante, que influye notablemente en el rendimiento”, comenta Suárez. Los tenistas acuden a la ayuda externa de los psicólogos en buena medida para obtener una ayuda con esto y saber aprovechar los momentos en los que no se está corriendo e ir analizando cada punto.

Un tenista puede disputar encuentros muy largos o muy cortos. Pueden llegar a durar cinco horas a cinco sets, o finalizarse antes de lo esperado. Lo que sucede es que el desgaste no se analiza sólo desde la cantidad de tiempo, sino que en cada momento que no se está corriendo, la cabeza analiza qué va a realizar y qué es lo que puede venir luego.

Este tipo de presiones o de tensiones que se muestran en el tenis, no son sólo para este deporte, lo padece toda la sociedad, sea en el ámbito laboral o en la vida. Mariano Zabaleta, ex tenista retirado recientemente, agrega que es algo que se da en el tenis como en cualquier otro lugar, pero con una diferencia que lo hace fundamental para entenderlo: el hecho de ser algo público.

En el mundo del tenis, pero fundamentalmente en el ámbito deportivo, la opinión del periodismo genera controversias en los verdaderos protagonistas. Una resolución sin fundamentos, una crítica o presuntas premisas sobre situaciones que no las son, como actualmente sucede con el argentino Juan Martín del Potro, donde se presumieron hechos sin saber lo que estaba sucediendo, pueden influir desde lo mental para afectar en lo físico.

La vida de un tenista profesional y de elite es absolutamente soñada por todo lo que se vive y el dinero que reciben, pero no es la ideal porque no es fácil para ellos por las presiones que sufren todo el tiempo para mantenerse en ese nivel. Tal vez ahora, no haya tantos vecinos que se quejen por una raqueta que se rompe, o por algún insulto al pasar, porque sabe que en la cabeza de ellos no solo pasa una diminuta pelota amarilla, sino que pasa la vida.