Obama, un novel de la paz

Principiante, inexperto, significa novel, con v corta. Eso es el presidente de Estados Unidos. La B, larga, de Nobel, es de Luther King, es de la Madre Teresa, es de Nelson Mandela, pero no de Barack Obama, que es novel, ni Nobel ni noble. Su relación con la B, larga, no es sólo por su inicial de su nombre, también por su Bélico accionar.

“Ahora El Enemigo es uno solo: Al Qaeda”, garabateó en un discurso que lo intentaba poner, inútilmente, una vez más a las orillas de la violencia internacional. Día tras día, momento tras momento, Él sabe que se levanta, que se mira al espejo, que, quizás, se afeita y que, luego, tiene que salir a la calle a justificar de alguna manera ser el último Premio Nobel de la Paz. Le duele: por eso garabatea, por eso intenta sonreír, por eso dibuja, pero sabe que al ser el Presidente de los Estados Unidos nunca podrá gozar, con un criterio más o menos real, del calificativo paz. Así, su año y medio como mandatario lo viene mostrando.

Con esa mágica e inexplicable tranquilidad de esas que los hombres todopoderosos de este mundo saben mostrar, Él salió a dar el discurso sabiendo que en Colombia, en ese mismo instante, se jugaba una carta importantísima en las danzas electorales del país cafetero.Sabía que no iba a transpirar porque uno de sus fieles aliados en el continente, Álvaro Uribe, había seguido todo lo pautado: había criminalizado el narcotráfico, había convencido a los colombianos de que la droga era el problema, había certificado que él tenía todas las soluciones, había generado ese mediocre discurso que habla de pantalones bien puestos que saben pegar y, sobre todo, había legitimado las bases militares norteamericanas que controlaran cualquier avance que los amagues socialistas de Hugo Chávez en Venezuela y de Rafael Correa en Ecuador pudieran generar. Todos los “aciertos” de Uribe le aseguraban la victoria en la carrera presidencialista a Juan Manuel Santos, del Partido Social de Unidad Nacional (oficialista), y generaba las tranquilidades de poder seguir controlando y apretando las vertientes latinoamericanistas.

Con esas manos levantadas que saludan al cielo y que, en cierto modo, le piden disculpas a los dioses por anticipado, Él escupe palabras suaves y pacientes, de esas que sensibilizan a la prensa fundamentalista de la “libertad” yanqui, sin sentir las torturas de Guantánamo, sin conocer los dolores de las picanas y, sobre todo, sin admitir que en ese mismo momento, en que él dice eso, hay un sinfín de hombres golpeados y mujeres violadas que el mundo periodístico oculta, mete abajo de la alfombra y elimina de la realidad, tapando todas esas mentiras con las supuestas tiranías dictatoriales cubanas.

Con esa sonrisa tallada para los marcos de las fotos y de los pósters de campañas electorales, Él habla, sabiendo que un enorme puñado de soldados está, y seguirá, pisando cuerpos molidos de chicos desnutridos y dinamizados por el arte de los elementos nucleares en Irak, en una simulación de búsquedas pacíficas que siguen día tras día y que no se acabaron, como quieren hacer entender algunos hipócritas mediáticos, en las andanzas de George W. Bush.

Con una mezcla de seriedad y gentileza que se divide para llenar los gustos del violento Texas y del pacífico Nueva York, Él dice, sabiendo que gran parte de sus funcionarios y de sus consejeros que están parados cerca suyo distribuyen dólares y armas para financiar todos los ataques de la Israel aplanadora de palestinos y de los derechosos sectores latinoamericanos que, entre otras cosas, golpearon bien fuerte al Estado de Honduras (que Él ratificó el día que aceptó la existencia de un nuevo gobierno que reemplazaba al de Mel Zelaya) por si acaso la izquierda se sobrepasara mucho más.

Con todas esas circunstancias, y con muchas más que sus violentos servicios de inteligencia y sus sistemas informativos con efectividad hacen callar, Él, Barack Obama, termina la frase sabiendo que su sonrisa, su tranquilidad implacable, su mirada y sus brazos servirán para que nadie le pregunte si asegurar que el único enemigo es Al Qaeda quiere decir que Estados Unidos retirará todas las tropas de América del Sur, dejará de torturar en Guantánamo, se irá de Irak, no financiará los ataques israelitas, no ayudará a golpear bien fuerte en América y demases.

Él lo sabe: no.