Nunca Muerto, sí dormido, nuestro Atahualpa.

Héctor Roberto Chavero Aramburo, conocido como Atahualpa Yupanqui (persona que viene de lejanas tierras para contar algo), probablemente pueda ser reconocido como una personalidad que ayude a pensar Latinoamérica. Hijo de padre con sangre Quechua y madre vasca, Atahualpa Yupanqui plantea la inacabada tarea que significa pensar un país. Siempre recordando al indio, al gaucho, al minero explotado, al arriero y a todo aquel que lucha por un pedazo de pan. Atahualpa Yupanqui poseía conocimientos de música clásica y tenía saberes acerca de la búsqueda estética, aplicándolos siempre a temas criollos y a otras cuestiones que identificaban su tierra querida. Música folclórica de una sensibilidad única, temas en su haber como: El arriero, Preguntitas sobre dios, Le tengo rabia al silencio, El poeta, Nada más y otros tantos tan recomendables y que seguramente perdurarán por mucho tiempo. Para la ocasión latinoamericanista que tiene este número probablemente su obra hable más que muchas notas,  la letra siguiente quizá sea la del tema más acorde para la ocasión. Tema que recuerda a sus dos abuelos de distinto origen y que inevitablemente forman el pasado, presente y futuro de Latinoamérica.

Los dos abuelos
 
Me galopan en la sangre
dos abuelos, si señor.
Uno lleno de silencios
y el otro, medio cantor.
 
Hace tiempo, mucho tiempo
que el indio ya se alejó,
con su lanza y su alarido,
su tobiano y su tambor.
 
El gaucho salió a buscarlo
por esos campos de Dios.
Se lo habrá traga’o la tierra,
porque tampoco volvió.
 
Volvió pero hecho leyenda
hecho canto y tradición.
Para que el hombre argentino
no pierda su condición.
 
Me galopan en la sangre
dos abuelos, si señor.
Uno lleno de silencios,
y el otro medio cantor.

 

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