No lo mires desde la ventana

En el mundo de las discusiones sobre la comunicación y la Argentina, el fútbol ha demostrado que no se queda afuera de nada. El Fútbol Para Todos y la transmisión de los partidos en le televisión pública fue una de las noticia claves del 2009. La historia, el pasado y el presenten, de una novela que nuclea empresarios, funcionarios y goles.


Joan Manuel Serrat canta de fondo Hoy puede ser un gran día. La voz de Víctor Hugo Morales corta el aire de la mañana en la radio. “Muy buenos días amigos. Nos ponemos en marcha con la sensación de que hoy es un gran día, y no creo que lo sea sólo para mí. Si usted, por ejemplo, es uno de los millones que nunca pudo ver fútbol por televisión porque no tiene cable, créame que hoy es un gran día”. Una pausa. El cantautor catalán retoma y sube: “No lo mires desde la ventana / y siéntate al festín”. El periodista continúa: “Si tenía cable y no se podía comprar el decodificador, y sé que le estoy hablando a millones de personas, hoy es un gran día”. La alegría de Víctor Hugo era esperable. Denunció la estafa -como la califica siempre- de los hoy ex dueños de la televisación a los clubes de fútbol. Hasta compareció en el Senado cuando se debatió en 2000 el proyecto de ley que obligaba a trasmitir en abierto y en directo los encuentros de la Selección argentina, ante el avance privatista de enviarlos también al cable. “Pelea por lo que quieres / y no desesperes / si algo no anda bien / Hoy puede ser un gran día / y mañana también”, se escurre la música. Víctor Hugo, calmo y atento, remarca ahora que sueña con una licitación de los derechos televisivos del fútbol para conocer su valor real. Sería la primera.

Los libros de historia no podrán obviar al fútbol: cuando se explique en el futuro la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual deberá marcarse la utilización de sus derechos televisivos como punta de lanza. Todo ocurrió en días. Del 20 de agosto al 10 de octubre últimos. “La ruptura del contrato que ligaba a los clubes de fútbol de la AFA con el Grupo Clarín tiene consecuencias económicas y políticas cuyo efecto no se agotará en el corto plazo -adelantaba en agosto el periodista Horacio Verbitsky en Página/12-. Esta vez no se trata de un producto de la factoría K, sino de un encadenamiento azaroso de hechos no generados por el gobierno, que sí tuvo oídos receptivos y vio la oportunidad. Por primera vez el gobierno nacional pisa terreno más firme que el conglomerado mediático”. Pero el fútbol y la TV tienen su particularidad. Fue Julio Grondona, presidente de la AFA desde 1979 y reelegido hasta 2011, quien firmó y prorrogó contratos. En 1985, acordó emitir un partido y el resumen de goles por televisión abierta con la productora Torneos y Competencias (TyC) del empresario Carlos Ávila. El arreglo inaugural era por tres meses. “¡Qué idea original, pasar un partido por televisión!”, bromeaba el periodista Ernesto Cherquis Bialo, actual vocero de la AFA y maestro de ceremonia del anuncio del divorcio, por la presentación del hoy extinto Fútbol de Primera, que incluía el célebre “una idea de Carlos Ávila”. En 1991, se incorporó la TV paga, en su pleno desarrollo. Se sumó el Grupo Clarín, para aunar Televisión Satelital Codificada (TSC). “En ese año se pondrá en marcha la gallina de los huevos de oro, que reproducirá los partidos y los dólares como los panes”, escribió el sociólogo Pablo de Biase en el libro Deporte y Sociedad. En 2007, es cierto, existió un reajuste y una tentativa de escisión. Pero, al final, acordaron trasmitir los diez partidos de Primera e incrementar el pago, siempre irrisorio e injusto. Para ejemplificar, TSC, compañía de TyC y Clarín, ex dueña de los derechos hasta 2014, llegó a ofertar como máxima 268 millones de pesos por la temporada 2009-2010 de Primera División, cuando gracias al producto fútbol generaba una rentabilidad multimillonaria, desproporcionada con el pago. Ahí radicaba la médula de la estafa, continuada por el “AFA rica, clubes pobres”.

El quiebre estuvo precedido por una deuda de los clubes a los futbolistas de 30 millones de pesos y la decisión de no iniciar el torneo Apertura. Las instituciones, una costumbre, una sumisión, recurrieron al poder de Grondona. Pensó primero en la implementación del Prode bancado -apuestas deportivas mediante telefonía e Internet- para acarrear dineros. No recibió aquella vez el espaldarazo del gobierno. Luego en un aumento considerable del cachet de la TV. Acabó en la ruptura del contrato con TSC y el acuerdo de 600 millones de pesos anuales durante una década entre el Estado y la AFA. “Cayó el Muro de Berlín del fútbol argentino”, dijo la entonces diputada por Solidaridad e Igualdad (SI) Delia Bisutti, quien apoyó la iniciativa pero además exigió una AFA “democrática” y “transparente” e instó a Grondona a explicar su responsabilidad en la crisis del fútbol doméstico ante el Congreso. “Me gustaba ver los partidos por televisión; hoy ya no puedo porque hay que pagar para verlos y no tengo ninguna intención de dejarle un mango a esta conducción mafiosa”, comentó un lector en la edición digital de un diario, cuando el conflicto estaba a punto de ebullición. En Internet, la página web rojadirecta.com, que facilita enlaces para la visualización de los partidos, fue intimidada en 2008 -amenaza legal- por Artear, propiedad del Grupo Clarín. El porcentaje de espectadores de deportes detrás de un monitor en la Argentina es ínfimo. Pero Marcelo Bombau, titular de TyC, el otro ex dueño de los derechos de TV, lo dejó clarito cuando paseaba por sus canales ante la caída inminente: “Lo más democrático es que el que quiera ver, pague”.

“Radio por televisión”, goles capturados hasta el domingo a la noche y una prepotencia que dejaba el mensaje de que si no se estaba adentro no se existía, dejaron, entre otras cosas, los años futboleros de TyC-Clarín. El dueto moldeó un estilo de práctica periodística y estableció directivas, como lo hace ahora el denominado programa “Fútbol para todos”. Algunos periodistas fueron despedidos por infringir los lineamientos. “Me sentía vigilado, como si trabajara en la KGB o en la CIA”, sostuvo uno de ellos. Alejandro Fabbri dijo el año pasado en una charla ante alumnos de la Universidad de Buenos Aires que en TyC Sports, canal del Grupo Clarín en el que trabaja desde su fundación, existe una “censura velada” y que “hay como una política empresarial de no criticar al (entonces) presidente de River, al sinvergüenza este de (José María) Aguilar”. “Podemos decir que (Mauricio) Macri es homosexual, que (Julio) Comparada (presidente de Independiente) es narcotraficante, que los dirigentes de Lanús son todos chorros, pero de Aguilar tratemos de no decir nada. Nadie sabe por qué”, agregó. En 2007, el propio Aguilar aclaró que el periodista Gastón Recondo, también de TyC Sports, cobraba 10.000 pesos mensuales en concepto de “asesoramiento institucional” y que a partir de que River dejó de pagarle comenzó a criticarlo. “Déficit de información, deformación del periodismo deportivo, un multimedio dominante que unificó estilo y, sobre todo, la obsecuencia con los protagonistas son los laureles que supimos conseguir”, opinó el periodista Juan Pablo Varsky. “Algunos forman parte de un esquema casi circense y toda esa cosa de ‘mirá qué amigos somos de los jugadores’ sin ningún sentido crítico”, sumó otro, el Ruso Norberto Verea. “Más apegado al cholulaje con los futbolistas y la complicidad y connivencia con los dirigentes, que al ejercicio riguroso del oficio de Panzeri, Fioravanti, Borocotó y Ardizzone”, definió a esta etapa el analista de medios Diego Igal, en la revista Contraeditorial.

TyC Sports, cuyo otro dueño es TyC, bajó línea ya hace un tiempo: entretener y no criticar a socios. Grondona, entonces, pasó de defendido eterno a atacado circunstancial, como en la mayoría del monopolio, aunque aún mantienen negocios y no es bueno tenerlo como enemigo total. No denunciar, no investigar: entretenimiento. El joven periodista Christian Rémoli no jugaba al fútbol en la pantalla. Le ninguneaban la emisión de un documental crítico del Mundial 78. Cansado de la falta de desarrollo profesional, pegó el portazo. También encontró obstáculos en Canal 7, que había acordado en 2007 con la AFA la emisión los viernes a la noche de un partido de Primera. Pero, al cabo, Mundial 78: Verdad o Mentira se estrenó a 30 años del campeonato en el refrescante Canal Encuentro. “No había que hablar mal de la AFA, ni de los socios, ni de política; había que entretener”, refuerza hoy Rémoli.

El investigador Pablo Alabarces sostiene que el mayor déficit -no el único- del estilo periodístico forjado durante estos años es la crítica y la distancia. Alabarces le cuenta a NOS: “En el momento en que el lenguaje se contamina con el lenguaje del hincha, el periodista se transforma también en hincha y, en consecuencia, pierde distancia crítica”. “Un periodista de Fox Sports -conjetura- se hace el que no sabe que la lógica de los intereses le veda afirmar y cuestionar ciertas cosas. Puede fingir que no lo sabe. En cambio lo otro es más perverso, porque además te la puede argumentar a favor. ‘Está bien ser hinchas, está bien ser pasional y sentimental, porque el fútbol no se piensa, se siente’. Y el hincha, por definición, no analiza y ni critica. Celebra, festeja”. El periodista Walter Vargas lo llamó “periodismo fierita”. “Asistimos al meteórico ascenso del ‘periodismo fierita’ -explica-, un indigesto cóctel de estudiantina tardía, ligereza y libertad mal entendida”. Pero, ¿qué lugar ocupa hoy la TV en la maquinaria fútbol-negocio-circo mediático? ¿Se puede imaginar un fútbol prescindible de las trasmisiones televisivas? Un par de definiciones que nos ayudan a comprender. Alabarces: “El deporte es hoy la principal mercancía massmediática, el género de mayor facturación de la industria cultural, el espectáculo de mayor audiencia de la historia de la televisión galáctica”. Jorge Valdano, ex futbolista y ex entrenador: “El mundo del fútbol tiene sus caprichos y el último es rendirse al espectáculo televisivo que, se sabe, tiene la vocación de divertir. Fútbol y televisión, una irrealidad elevada al cuadrado, una falta de seriedad redundante, cara y atractiva que conduce directamente al show”.

Consultados por el grupo universitario Eco Estudiantes de Comunicación, periodistas deportivos que cuestionaron históricamente el acuerdo AFA-TSC opinaron acerca de la escisión y el nuevo convenio con el Estado. Fueron ocho, elegidos tras la opinión de más 30 colegas. No podrían haber sido muchos, porque la recomendación era “de eso no se habla”. Cada uno dijo lo suyo.

Repasemos algunas respuestas.

Diego Bonadeo: “Es absolutamente obsceno de parte del gobierno hacer como que acude al ‘salvataje’ financiero del fútbol con la cantidad de carencias que el INDEK oculta con perversos dibujos. Lo que está haciendo es profundizar su pelea con el Grupo Clarín”.

Ezequiel Fernández Moores: “Es saludable que la AFA haya decidido por fin decirle basta al monopolio. Tengo reservas sobre si realmente se abrirá ahora una democratización de esos derechos. Esto es una batalla entre tres corporaciones que dicen representar a la gente, pero pocas veces lo hacen: la corporación mediática, la política y el fútbol”.

Pablo Llonto: “Es el fin de un contrato repugnante, entregador. Sólo eso. Mejor ni hablemos de los dirigentes del fútbol, encabezados por un pirata que ahora, también, recibe elogios. Resta conocer qué se viene. ¿Seguirá la fiesta y el despilfarro en los clubes o llegó la hora de la austeridad?”.

Gustavo Veiga: “Es una medida justa instrumentada por dirigentes que la acompañaron por inercia. Nada hicieron para merecer sus potenciales réditos. La promiscua relación de 18 años entre la AFA y las empresas que tenían los derechos tuvo un divorcio inesperado. Tengo reservas sobre si el mapa del fútbol televisado se modificará sustancialmente. Y si el dinero que ahora recibirían los clubes será bien usado”.

Pablo Vignone: “El fútbol es un espectáculo popular. Tiene que ser accesible. Lo pienso sin tener cuidado por la arista del negocio: no es mi responsabilidad periodística velar por las cuentas de otros. Si el cambio va en buen sentido, me parece adecuado. La situación monopólica no es beneficiosa en ningún aspecto ni tolerable bajo punto de vista alguno”.

Juan José Panno: “El cambio, a primera vista, es positivo. Toda medida que resulta beneficiosa para la gente (y esta me parece que lo es, porque los usuarios dejarán de ser esclavos de los cables) debe ser bienvenida. Nada de lo que haga con la televisión limpiará la responsabilidad de Grondona y de la mayoría de los dirigentes en los muchísimos males que aquejan al fútbol nacional”.

¿Cómo se desandaron estos casi diez meses posteriores a la ruptura, el inicio de la nueva era de la TV abierta y el fútbol? La disolución, está claro, fue un paso adelante. Pero estará bajo la lupa. El programa “Fútbol para todos” tendrá que rever algunas cuestiones. Canal 7 no llega a muchos sitios de la Argentina y en otros no se ve si no se contrata el cable. Es una deuda nacional, que acaso se salde con la digitalización futura. Marcelo Araujo, mediante su blog, dijo estar en contra del fútbol por televisión abierta antes de autopostularse “el relator del pueblo”. Explicó entonces que no leyó el proyecto para una nueva Ley de Medios y que jamás existió mayor libertad de expresión como en las presidencias de Carlos Menem. Araujo, hombre de Grondona en Canal 7, convocó a egresados de su escuela de periodismo -que dirige junto a Fernando Niembro- para tareas en las transmisiones. “Es un ilustre representante del pasado que se intenta dejar atrás”, escribió el periodista Alejandro Caravario en la revista Un Caño. El reparto de la inflada torta de dinero generó incertidumbre. Grondona aseguró una división “socialista” de la plata televisiva y Boca, River, San Lorenzo, Racing, Independiente y Vélez se parapetaron. Gran cantidad de clubes debían vender -en el mejor de los casos- a por lo menos un futbolista para cerrar arriba sus balances. La venta de jugadores era el principal ingreso. Ahora se pondrán a prueba sus manejos y la posibilidad de mermar deudas y un fútbol for export. “¿Por qué tengo que hacer una licitación? ¿A quién le tengo que rendir cuentas, si la AFA es un ente privado?”, se preguntaba Grondona en una entrevista de 1991. Ya se adelanta el lanzamiento del multimedio AFA TV, vía implementación de la Ley de Medios, aunque se encuentra frenada por la Justicia mendocina. Vivimos ahora un momento en el que “te muestran los goles antes de que lo hagan”, como escuché decir a un viejo hincha.

La comercialización de los partidos a manos del Estado, por ahora, entrega pérdidas. Pero si se asimila como un servicio -como lo hace el gobierno, entonces la comercialización sería administración-, no debe dar ganancias. “En este punto, le corresponde a cada ciudadano tomar partido sobre si está bien que, en este contexto del país, el Estado ponga 600 millones de pesos más el dinero de la producción para que el fútbol llegue gratis a los televisores argentinos”, exhortó a reflexionar Varsky. La promesa de usufructuar el producto y destinar un excedente al deporte olímpico parece esfumarse. Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández le imprimieron valor al rol del Estado. Eso exasperó a ciertos sectores. Con poco, se avanzó bastante. El fútbol se coló en la agenda al compás de la batalla por un nuevo y necesario ordenamiento de medios. Barcelona, la revista de análisis político más seria que hay en el país, tituló una de sus notas en las páginas de Fútbol y Deporte: “Optimismo entre los 10 mil desnutridos de Tucumán: ‘Al placer de ver por la TV abierta los partidos de Atlético no nos lo quita nadie’”. En realidad, eso también habla de una sociedad. La que se sienta al festín.