Honduras ensangrentada

El 28 de junio de 2009 Honduras amaneció con un golpe de Estado. Casi un año después la violencia estatal y paraestatal es el denominador común. Para ejemplo basta una profesión: nueve periodistas fueron asesinados en 2010, y muchos trabajan con chaleco antibalas. Un comunicador del país centroamericano expresó: “Tras el golpe, se implementó un terrorismo de Estado para la prensa”.


Lejos de los flashes del mundo, Honduras es noticia en las páginas amarillas del planeta prensa, por los cada vez más a menudos asesinatos de periodistas. Los números, tan fríos como reales, provocan escalofrío. Nueve comunicadores sociales fueron asesinados en el 2010. La violencia que azota todos los rincones del país latinoamericano fue incitada desde las fuerzas políticas, cuando el Congreso con el siempre necesario apoyo de las Fuerzas Armadas produjo un golpe de Estado y destituyó del gobierno al presidente elegido de manera constitucional Manuel Zelaya.

Desde aquel día, triste, la imposición, la brutalidad, la armada de las fuerzas, despilfarraron en Honduras más imposición, mayor brutalidad, más desesperanza.

Luis Arturo Mondragón, periodista, fue asesinado el miércoles 16 de junio.

Luis Arturo Mondragón, periodista, fue asesinado luego de denunciar que había recibido amenazas.

Luis Arturo Mondragón, periodista, fue asesinado tras criticar a funcionarios locales y diputados por actos de corrupción.

Luis Arturo Mondragón, periodista, fue asesinado por evidenciar a los cómplices del golpe de Estado.

Luis Arturo Mondragón, periodista, fue asesinado, por comunicar. Por informar. Por no callar. Por hablar. Por decir. Por contar. Por concientizar. Por jugar en equipo. Por no jugársela solo. Por tanto, Luis Arturo Mondragón, periodista, fue asesinado.

Nicolás Asfura

Joseph Hernández Ochoa

David Meza

Nahum Palacios Arteaga

Bayardo Mairena

Manuel Juárez

Georgino Orellana

Luis Chévez Hernández

Son nombres y apellidos. Son hombres, periodistas, asesinados tras el golpe de Estado en Honduras.

Ningún crimen ha sido aclarado aún. En noviembre de 2009, elecciones antidemocráticas impuestas por los golpistas que tomaron el poder a la fuerza, decretaron la asunción de la presidencia de Porfirio Lobo, quien apoyó el golpe de Estado hace un año. Su ministro de Seguridad, Oscar Álvarez, aseguró que los reiterados crímenes en contra de los comunicadores sociales no se vinculan a la violación de la libertad de expresión. “La información que nosotros tenemos es que son cuestiones ajenas a las funciones periodísticas y no es una escalada que tenga como objetivo a los periodistas como tal”, explicó.

Hoy, muchos periodistas hondureños trabajan con chalecos antibalas.

En contacto telefónico con un periodista hondureño, director de una revista, él no puso reparos en publicar su nombre. Sin embargo, algunas respuestas finalizaban con “esto en off, por favor, tengo miedo”.

Ese miedo, lógico, es injusto. Lleva a la autocensura, nos lleva a Nos a no decir quién es el audaz entrevistado.

– ¿Qué cambió en la prensa hondureña, tras el golpe de Estado de junio de 2009?

– Hubo una división en la sociedad, y los periodistas, como parte integrante de ésta, tomaron un bando y otro. De ambos lados, los periodistas recibieron intimidaciones, hubo periodistas agredidos y asesinados, las investigaciones no han sido lo efectivas que se quisiera. Hubo bajas en ambos sectores, de los que estaban en contra del golpe, y también de quienes estaban a favor.

– ¿La mayoría de los periodistas asesinados o perseguidos estaban en contra del golpe?

– Sí es verdad, pero también hubo periodistas pro golpe que tuvieron problemas. Un caso puntual es el de una periodista que recibió dos atentados, en el primero murió su hija, que estaba embarazada y en el segundo un amigo. Ella estaba plenamente identificada con el golpe de Estado, Carol Cabrera, se llama. Ella no murió y se está recuperando, quizá se tenga que exiliar. Los ánimos están muy caldeados, porque los enfrentamientos entre el Ejército y el Movimiento Nacional no cesan, y todavía no hubo  esclarecimiento en ninguno de los atentados.

– ¿En todos los atentados contra la prensa tiene que ver el golpe de Estado?

– Uno presume que esa fue la causa de los asesinatos de los periodistas, aunque es imposible asegurarlo, porque no hay una investigación que lo confirme. Ya han fallecido nueve periodistas y nada parece indicar que esto mejore.

– ¿Hubo casos de censura de parte de quienes tomaron el poder a través del Golpe?

– El caso más emblemático fue el del Canal 36, que es uno de los principales medios de comunicación y que hizo el esfuerzo de transmitir todo lo que sucedía, con la verdad, y por eso mismo el gobierno de facto cerró el canal, implementó la ley mordaza, con el falaz argumento de que incitaba a la violencia. Les confiscaron el equipo, le tiraron una bomba, pusieron un trasmisor gemelo, para intervenir la señal. En definitiva, se implementó un terrorismo de Estado para la prensa. A Radio Globo le ocurrió algo similar, opositora al golpe, los militares empezaron con intimidaciones hasta sacarlos del aire.

– ¿Esta censura caracterizó a todos los medios de comunicación que se manifestaban a en contra del golpe?

– Sí, en absoluto. Tras el golpe, todas las radios y televisoras se la pasaban poniendo música, o hablando de deportes, como si nada ocurría alrededor, en un pleno acto de desinformación.

– ¿Cómo es hoy el panorama en Honduras?

– Hoy todo el mundo quiere volver a la normalidad, pero es un proceso tan traumático, que va a costar en disiparse, por la forma en que se dio. Pero la dictadura se mantiene viva, latente. Quien era el máximo jerarca de las Fuerzas Armadas, llamado Romero Vásquez Velázquez, y uno de los ideólogos del golpe, para alejarlo de esa imagen negativa pasó, nada menos que a ser el gerente de la empresa estatal de telecomunicaciones. Como actor en el golpe no puede ser funcionario público. Esta designación marca qué es hoy Honduras y cuál es el rol de la prensa. Inmerso en ella, reina la violencia.