Festival alternativo de Circo en Buenos Aires

Los primeros sábados de cada mes, en Dr. Gutiérrez 786 (Ramos Mejía), se realiza el festival alternativo de circo callejero de Buenos Aires. Los artistas dejan la vía pública para realizar un espectáculo en conjunto donde el compañerismo y la solidaridad son las principales estrellas.

Sábado 8 –primer día

Un otoño invernal azota la ciudad, son las diez de la noche y la gente se amontona en la puerta del circo Entre el cielo y la tierra. El frío, explican, es uno de los principales promotores del festival: con su presencia no se puede trabajar al aire libre. Los artistas, que en verano proliferan por las calles porteñas y de la costa, se ven forzados a recluirse.

Adentro, el frío se apacigua un poco, el amplio galpón fue decorado con telas de distintos colores y del techo cuelgan los instrumentos a usar: trapecios, cuerdas indiana y telas. Hay varios bancos de plástico y una alfombra donde se irán ubicando los presentes. Al fondo, una barra donde se sirven tragos y panes rellenos. Suena Calle 13, el público danza y ríe, la mayoría se conoce: son amigos de la casa.

El espectáculo planteado para la noche cuenta con seis compañías circenses locales e independientes, llevan años trabajando por su cuenta en la calle. Se conocen y se ayudan porque todas comparten una misma dificultad: la falta de un buen espacio físico y material técnico. “Todos nosotros sabemos muy bien lo que es colaborar, compartir el escenario, los parlantes, la utilería y ¡hasta las mujeres! con otros compañeros. Todos nosotros llegamos con nuestra valijita ajustada al cuerpo, armamos rápido y desarmamos igual. Pero amamos lo que hacemos, porque somos como una gran familia”, reflexiona Cocó Cuba, el presentador, ni bien arranca la función. Luego desenfunda una gran lista, cuenta dos chistes de pocas carcajadas en el público, y presenta a Mario Mey, el primer invitado.

Las luces se apagan.

Arrancan los flashes de luz blanca y de colores, Mario hace malabares rebote con pelotas que brillan. La gente aplaude y grita al ritmo de la música, pronto Mario parece mareado y una pelota mal calculada sale volando al público. La música no se detiene y la gente tampoco, el error es recibido con más aplausos incitándolo a seguir. Los flashes se aceleran y Mario vuelve a perder el control de las pelotas, de golpe se frena y pide al iluminador que paré un poco las luces. Entre risas explica: “Es vanguardia, quizá no toda la gente lo entienda, pero no es para nada una falla técnica o de preparación”.

El show continúa, “Esto no sería circo callejero sino invitáramos a alguien del público a participar”, dice y toman a la primera víctima de la noche. Risas, aplausos y la gran participación del público conforman el ambiente de este humilde festival.

Vuelve Cocó Cuba, que tras otros tres chistes del mismo tinte que los anteriores se retira agobiado dejándole lugar a Tarzán de los Monos, el primer número de la compañía A cielo abierto. Aparece en el escenario un hombre vestido de taparrabo arriba de un elefante de utilería, que sin decir ni una palabra -ni quitar su expresión de superioridad- hace tronar de risas al público con piruetas simuladas. Se retira campante y aparece Zopapa Knibal, un extraño hombre también vestido con harapos.

Knibal plantea la dificultad de sobrevivir siendo artista callejero en invierno, pero reafirma su amor a este tipo de disciplinas e invita a comportarse como si el espectáculo se estuviera desarrollando al exterior: “Quiero que hagan quilombo como si pudiéramos atraer más gente”.

Invita a una chica del público al azar y comenta su nueva invención para poder seguir “currando” en el invierno. Es pionero de una nueva forma de stripper que ofrece para despedidas de solteronas o fiestas de divorciadas. Pasa a mostrar su currículum, que no es más que una docena de  corpiños arrojados en los supuestos shows anteriores. Ceci, la segunda víctima participante de los espectáculos callejeros, se pone colorada al verse como la destinataria del stripper. Knibal coloca un cilindro sobre un baúl, y encima una tabla de madera. Se sube de un salto y haciendo equilibrio se despoja del saco, los tiradores, la camisa y, por último, el pantalón. Ceci atrapa las prendas en el aire, Knibal intenta seducirla con caras que asustarían a cualquiera. En la emoción del chiste, alguien revolea un corpiño animal print. Knibal queda estupefacto, es la primera vez que su baile funciona y se la guarda la prenda como trofeo. Las risas vuelven a estallar.

Llegan los griegos, el segundo número de A cielo abierto, que comienzan haciendo bailes típicos y destrezas acrobáticas. Luego un espectáculo de giro en la cuerda indiana que termina con un montón de brillos volando por el aire.

“El ingenio es otra característica típica del circo callejero -anuncia Cocó- los encontramos enroscados caminando y tenemos que mostrar cosas que atraigan sin mucho material”. Pide un aplauso para las Cabezas Huecas, a quienes esta característica parece sobrarles.

Ellas hacen una parodia de una primera cita de una pareja de cabezas de globos. Con sólo dos sillas, un par de globos, anteojos,  un tenedor y sin emitir palabra logran recrear secuencias típicas y graciosas de los primeros encuentros.

“Es muy divertido ver como, encuentro a encuentro, van cambiando los espectáculos. Siempre te sorprende lo que hacen con tan poco”, comenta una espectadora recurrente, en un “break” que se da para bailar, charlar y comer.

Retoma el festival Dj Capuzz y Señorita X con acrobacia y clown. Shampoo, último número de A cielo abierto, asombra con un espectáculo de antipodismo, que consiste en hacer malabares con los pies.

Cierra la noche Mario Mey con un intensivo show de cubismo.

Música, aplausos y gritos.

El escenario queda a oscuras, pero se ve como los artistas se abrazan emocionados con su muestra de circo puro. Una muestra que pone al circo mucho más cerca de sus orígenes que el festival organizado por el Gobierno de la ciudad. Una muestra de que la popularidad del circo sigue viva y un hermoso vínculo simbiótico que muestran artistas-espectadores.  El festival recién comienza y quedan muchas noches hasta el verano cuando cada uno vuelva a tomar su rumbo. “Vas a ver –dice otro espectador- el próximo sábado la rompen de vuelta”.