Ernesto Guevara guerrillero

Un repaso por la historia guerrillera del Che. En sintonía para poder comprender su abrupto final. Del triunfo de la Revolución en Cuba al fusilamiento boliviano.


Enero de 1959. Luego de más de dos años de lucha armada llevada a cabo por los rebeldes, triunfa la Revolución Cubana que derroca al dictador Fulgencio Batista. Entre esos rebeldes –como se llama a los guerrilleros de aquella epopeya- se encuentra un joven médico argentino de apellido Guevara que será una de las figuras más representativas de la Revolución. Por sus proezas en el campo de batalla, su inteligencia, valentía y coraje. Por su sapiencia e intachable moral revolucionaria Ernesto “Che” Guevara se metió en el corazón de aquella Cuba que ya no era otra que la primera nación libre que daba a luz América Latina. Y Ernesto ya no era solo el Comandante Guevara, le decían cariñosamente el “Che”. Así lo hacían por lo extraño que sonaba para los cubanos este modismo típicamente argentino de decir che constantemente.

A pocos días de haberse hecho realidad la Revolución, el pueblo cubano le confirió a modo de premio y reconocimiento la nacionalidad cubana por sus logros y su compromiso para con la totalidad del proceso revolucionario.

A partir de allí el flamante argentino-cubano asumió diversos cargos. Servidor comprometido y fiel del proceso, un verdadero –como el mismo decía- soldado de la revolución. Fue nombrado director del Instituto de Reforma Agraria en 1959, luego presidente del Banco Nacional y ministro de Economía en 1960 y, finalmente, ministro de Industria en 1961.

¿Presidente del Banco Nacional? Si. Suena extraño pensar a un hombre como Ernesto allí sentado: el “Che” tenía un profundo desprecio por lo material y en contraposición de coquetos ministros de otros países que lucían sus trajes relucientes y corbatas de etiqueta, Guevara vestía siempre su uniforme verde olivo. Despreocupado por su apariencia, con la camisa abierta, la pistola en el cinturón y los cordones de sus botas mal atados, como de costumbre.

Hasta la victoria siempre

Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío (…) Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos (…)  En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo donde quiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura. Y finaliza con una de las frases más brillantes que quedarán en la historia: Hasta la victoria siempre, Patria o Muerte. El “Che”.

Se trata de un pequeño fragmento de la carta que escribió el “Che” a su amigo -y comandante en jefe cubano en ese momento- Fidel Castro. Así se despidió. A cinco años de haber estallado la Revolución, hacia fines de 1964, Ernesto Guevara dijo adiós. Su objetivo: encabezar un contingente de alrededor de 120 guerrilleros cubanos que tienen como destino la República Democrática del Congo. El plan, en marcha. Los servicios cubanos hacen una brillante tarea y dan una nueva identidad a Ernesto: Ramón Benítez, un anónimo pequeño burgués, calvo y miope de 46 años. Ni su gente más cercana podía identificarlo.

En 1961 un golpe de Estado llevado a cabo por Joseph Mobutu declara el fin del mandato de Patrice Lumumba y lo asesina. Guevara conoce la situación y sumado a que sabe que una guerrilla rebelde apoyada desde Tanzania estaba actuando, allí va. La idea era crear un foco revolucionario en el corazón de África que, a posteriori, logre liberar al resto del continente en su totalidad.

La experiencia estuvo lejos de ser exitosa. El mismo Guevara escribió: Esta es la historia de un fracaso. Las dificultades en la comunicación entre cubanos y africanos fueron un factor determinante. Por otra parte, la falta de disciplina de las tropas, la desorganización y las múltiples fracciones internas de los grupos guerrilleros condenaron a la Revolución al fracaso. Para colmo, su único aliado africano, Tanzania, bajó el pulgar, cesó el apoyo y la unidad revolucionaria sintió la desunión.

De vuelta en Latinoamérica

Tras un breve paso por Cuba, Guevara nuevamente se aventura en una nueva encrucijada. A fines de 1966, se calzó de nuevo la identidad de Ramón Benítez para viajar a Bolivia.

El Ejército de Liberación Nacional de Bolivia se conformó con unos veinte guerrilleros cubanos del riñón de confianza del “Che” que se trasladaron en distintos viajes. A ellos se sumó un grupo de treinta extranjeros más, entre los que se hallaban argentinos, bolivianos y peruanos. La misión era crear el foco revolucionario en el corazón de Latinoamérica, lugar estratégico ya que limita con Brasil, Perú, Argentina y Chile.

La tarea revolucionaria fue más compleja de lo pensado. El partido comunista de Bolivia a cargo de Mario Monje negó su apoyo e hizo aún más difícil la tarea de los rebeldes. Por otro lado, el campesinado boliviano era fácilmente manipulado por los medios de comunicación viciosos de las FF.AA. Los diarios hacían creer a estos que aquellos revolucionarios eran invasores extranjeros narcotraficantes. En medio de la selva, donde los guerrilleros necesitaban casi imperiosamente de la colaboración campesina, los pobladores rurales no hacían otra cosa que delatarlos. Y cuenta la historia que así sellaron su destino.

Solo cinco rebeldes lograron escapar a Chile. El resto fueron torturados y asesinados. Todo lo acontecido en esos meses de combate está anotados en lo que se conoce como El Diario del “Che” en Bolivia. Allí Ernesto cuenta minuciosamente cada uno de los días en territorio boliviano. A once meses de su inauguración guerrillera, Ernesto “Che” Guevara escribe su última página: (…) A las 17.30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja que tiene una hija postrada y una medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas. No se sabe hasta el día de hoy con certeza que fue lo que pasó, lo cierto es que al otro día, el 8 de octubre de 1967, en una emboscada el grupo es sorprendido por el ejército boliviano y Guevara capturado en la Quebrada del Yuro, a pocos metros de La Higuera. Allí es trasladado para al día siguiente, el 9 de octubre, por orden del presidente boliviano de la Junta Militar, René Barrientos, Ernesto Guevara fue ejecutado en una pequeña escuelita de La Higuera.

La tarde de ese mismo día el cuerpo del “Che” es llevado en helicóptero hasta Vallegrande y depositado en la lavandería del hospital Nuestro Señor de Malta. Allí las enfermeras lavaron su cuerpo y cientos de personas vieron el cadáver.

A los pocos días fue enterrado por las FF.AA. bolivianas sin especificar su ubicación. Desde ese mismo momento el gobierno cubano comenzó la investigación para hallarlo. No se supo nada de él hasta recién treinta años después. Fue encontrado e identificado con la colaboración de un grupo de científicos argentinos. Ese mismo año el cuerpo de Ernesto “Che” Guevara fue trasladado a Cuba, donde hoy descansa junto a la mayoría de los guerrilleros que lo acompañaron en sus batallas.

Fotos originales exclusivas para NosDigital. Enero 2010.