Entrevista a Héctor Olivera

El mural, la ley de medios y el cine nacional en la actualidad, según el histórico director.

El Mural, última película del histórico director de cine argentino que da pie a muchas preguntas. El reportaje pasó por momentos en que Olivera se mostraba interesado en la opinión de la juventud acerca de la película, hubo lugar para respuestas contundentes acerca de temas de gran discusión y ratos que usa para recordar el contexto en el que se filmaban sus películas. Héctor Olivera piensa, opina y se compromete:

Desde reportajes de la época de La Patagonia Rebelde, y sobre todo, en la de El caso María Soledad, destaca mucho el tema del oportunismo en el cine. ¿Cómo explica ese concepto?

Te voy a corregir: oportunismo es una palabra que suena especulativa. No es eso de lo que hablo, sino de oportunidad. En el caso de la Patagonia Rebelde, después de siete años de gobiernos militares, teníamos uno democrático, lo que permitía hacer una película que censuraba un acto puntual del Ejército Argentino. En el Caso María Soledad era resaltar que cinco adolescentes habían movilizado a un pueblo y habían volteado a una dinastía como la de los Saadi en Catamarca.

¿Cuál es en el caso de El Mural?

Este proyecto venía de muchos años atrás y recién se pudo dar cuando yo encontré la posibilidad de hacer una coproducción con España y con México. El primer país se  cayó completamente por su economía, y el segundo se redujo bastante. Pero tuvimos un apoyo mayor del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales como para que pudiéramos hacer una muy buena reconstrucción de época.

Uno de los personajes protagonistas de El mural es Natalio Botana, el director del diario Crítica, de los años 30, capaz de decir que el periodismo no es el cuarto poder, sino el primero. ¿No fue oportuna la sanción de la Ley de Medios Audiovisuales en relación a la película?

En realidad, yo empecé a pensar en este proyecto vinculado exclusivamente a los Botana en los 60, cuando entré a trabajar a los estudios Baires que él había construido. Escuché hablar de ellos, conocí a Elvio, el hijo. En su momento no la pudimos hacer porque era muy cara. Recién cuando surgió la posibilidad de incorporar a David Alfaro Siqueiros, su mujer Blanca Luz Brum y a Pablo Neruda y de hacer una producción junto con España y México se aclaró el asunto. La Ley de Medios fue muy posterior.

¿Cómo ve la semejanza entre Botana y un empresario de los medios en la actualidad?

La diferencia es que Botana no volteó al gobierno de Hipólito Yrigoyen, contribuyó a hacerlo. Así como la revista Primera Plana ayudó a golpear al de Arturo Illia. Pero hasta que la tropa no ocupó la Casa Rosada, no hubo golpe. Hoy es imposible de imaginar que pase eso hoy. No es época de golpes. Toda la oposición ha ratificado permanentemente su deseo de que la señora Kirchner termine felizmente su mandato.

¿Qué le parece la parte de la Ley de Medios que se ocupa del cine?

Mal. Muy mal. Todo el mundo habla de La Patagonia Rebelde, ¿Sabés cuánto hace que no se pasa en la televisión argentina?  Veinticinco años. No hay un lugar. Está Volver, que pretendió comprar nuestras películas por una cantidad para nosotros pequeña a perpetuidad. No ocurre como en España que tiene una antena que pasa dos películas de 40 años atrás seleccionadas formidablemente. Tomás Volver y para ver una buena película te clavás con no sé cuántas cosas. No hay un espacio para el cine argentino en nuestra televisión.

Declaró que un joven a los 21 años se recibe con el título de Director, busca hacer una película y pretende que el INCAA lo subsidie.

Hace 20 años, digamos, Manuel Antín dejó la presidencia del Instituto y, como había tenido la experiencia de la escuela de cine del Instituto, se dio cuenta que había una enorme necesidad de tener un buen organismo institucional, educacional, etcétera. Por eso creó la Federación Universidad del Cine, que tuvo mucho éxito. A partir de ahí se crearon no sé cuántas escuelas de cine acá y en el interior del país. A tal punto que hoy hay 14 mil estudiantes de medios audiovisuales con una incapacidad absoluta de la industria de absorberlos. En la provincia de Córdoba hay más estudiantes que en toda Francia, que tiene una de las cinematografías más importantes del mundo. Para ser director de cine tenés que tener la experiencia de la vida o el talento de Orson Wells como para hacer el ciudadano Kane a los 22 años.

Creo que además de aprender a manejar una cámara, hay que saber contar historias. Uno de los problemas es que hay desprecio en muchos directores jóvenes a lo elemental, que para mi gusto es contar una historia en lenguaje audiovisual que le interese a alguien. No nos olvidemos que el cine nacional está subsidiado por el pueblo argentino. Cuando va al cine, paga un 10 por ciento de impuestos, cuando alquila o compra también. No es justo que no haya, por lo menos, intención de hacer una obra de arte, un mensaje ultural, un testimonio para la memoria colectiva o un entretenimiento.

¿Qué medida promovería?

Es muy difícil porque las medidas son muy generales. Sinceramente no tengo la panacea para este mal. Pero ocurrió también que antes era muy difícil hacer una película. Yo dirigí la primera a los 36, mi socio Fernando Ayala a los 35. Todos los grandes directores de los 40 tenían más de 30 años cuando empezaron a dirigir. Había que hacer las películas con un personal técnico muy rigurosamente controlado por el sindicato de industria cinematográfica, y además, con película virgen, que consumía el 20 por ciento del presupuesto de un largometraje. Hoy se puede hacer hasta con un celular. En Europa hubo festivales de películas grabadas así. De ahí a que eso lleve gente al cine, hay mucho trecho.

¿Cómo ve al cine argentino en cuanto a calidad?

En calidad de realización a nivel no vamos a tener. No hay presupuesto para lograrlo. El Mural es una excepción. Hace años que no se ve una película con tanta producción. En lo demás hay muy interesantes películas como Carancho, de Trapero.

En un clima más distendido de conversación, Hector Olivera recuerda su encuentro con Fellini en Moscu, junto a Bergman sus máximos ídolos de aquel entonces. La situación los encontró a ambos compartiendo unos vasos de champagne, aparentemente de no muy buena calidad, ya que Fellini lo describió en un perfecto italiano gritón como una “mierda”. Así queda este como uno de sus recuerdos de mayor simpatía tras tantos viajes que lo llevaron a recibir algunos premios, tantos rodajes con actores de gran talla y películas que sin duda quedarán como “clásicos” del cine nacional.