El grito de las periferias

Aunque estemos en tiempos de algarabía Mundial, ¡las pelotas qué el show debe continuar! Paremos la mano, que hace un año en Honduras las Fuerzas Armadas se alineaban al Congreso e instrumentaban un golpe militar. Como siempre, las consecuencias fueron, son y serán fatídicas. La violencia injustificada con que se ideó primero, y se ejecutó después no hizo otra cosa que sembrar espinas en una tierra fértil para asegurar los derechos de todos los humanos. Paremos la pelota, en plena Copa del Mundo, que Honduras está ensangrentada, censurada, agrietada por las esquirlas que no desaparecerán rápido, sobre todo, porque los gobernantes de turno, afines al golpe de Estado, prefieren este Estado de las cosas.
Paremos la bocha, aunque Argentina dé síntomas que puede seguir en carrera en Sudáfrica, porque a miles de kilómetros del continente negro, los síntomas son negativos. Haití está en coma, desde siempre, y ahora, más que nunca. A casi seis meses del terremoto, que mató a más de 700 mil personas y dejó en las calles, a la intemperie, a casi un millón, la situación se agrava a diario. La comida no alcanza, las condiciones de vida son inhumanas para gran parte de la población y la ayuda internacional continúa brillando por su ausencia. Consecuente con el Premio Nobel de la Paz recibido, Barack Obama prefirió enviar fuerzas de seguridad para contrarrestar tanta angustia y necesidad.
En las elecciones presidenciales en Colombia, Juan Manuel Santos, el delfín del actual presidente Álvaro Uribe, se impuso y asumirá la gobernación. Dime lo que piensas y te diré quién eres: “Al presidente Piñera lo conozco desde hace años y le tengo una gran admiración”. Piñera es la misma persona que defendió en múltiples oportunidades a Augusto Pinochet, uno de los mayores genocidas de la historia de la humanidad, conductor de la cruenta dictadura que azotó a Chile entre 1973 y 1990. “La verdad es que el hecho de haber trabajado para un gobierno, incluyendo el gobierno militar no es pecado, ni es delito”, dijo Piñera. Cuando Pinochet fue encarcelado en 1998, Piñera habló en su defensa: “Los Pinochet merecen toda nuestra solidaridad, la familia está viviendo momentos muy difíciles”, vociferó hace más de diez años.
África, hoy iluminada por los flashes alimentados por el negocio del fútbol. Latinoamérica, hoy olvidada por las cámaras que sólo enfocan el sur del salvaje continente. Ambos, vastos territorios opacados por las sombras de las luces apuntando al dinero concentrado. En las periferias del mundo, el grito es uno solo: “Las pelotas, el show no debe continuar”.