Cómo se produce el milagro

Ambientado con una luz cruda que va ganando intensidad, “El Milagro” es una interpelación al absurdo, a la fugacidad, a la superposición de información y la virtualidad. Desde el humor, que no impide instantes intensos y dramáticos, se enfrenta a distintos momentos y modos de estar presente.  Pero sobre todo, es un debate sobre la vida en común y la relación con los otros.

Guilherme Morais llegó a Argentina desde Brasil, y aterrizó en el Centro Cultural de la Cooperación a través de un festival de danza independiente. Allí se cruzó con Gabily Anadón que dirigía un taller de investigación escénica. La curiosidad y el interés del bailarín brasilero lo acercaron al proyecto y finalmente se incorporó al equipo de trabajo. Recuerda que en los primeros momentos había en el grupo, sobre todo en aquellos con una formación específica de danza, bastante incertidumbre, y costaba imaginar el desarrollo de este taller de danza y política. “Al principio no bailábamos, teníamos encuentros con filósofos, sociólogos, mucho material de lectura y audiovisual. Era mucha información. De hecho, el nombre de la obra tiene que ver con eso, parecía que necesitábamos un milagro para poder integrar todo el material” confiesa Morais. Fue un camino que requirió tener presente que más allá de ser un bailarín, todos son personas involucradas en una sociedad.  Atravesadas por una vida cotidiana. Entre los artistas hay brasileros, argentinos, venezolanos y cubanos. Cada uno con su aporte particular, pero con un escenario indiscutible: Latinoamérica.

Entrar en la sala, más allá del rol a asumir, implica entrar en juego y aceptar el caos. Tiene un papel central la idea de fugacidad, la presencia de elementos que no llegan a ser y que se transforman en otras. Superposiciones de cosas que ocurren en un mismo instante, y otros momentos en los que pareciera no pasar nada, pero que en realidad es el vacío o la quietud que están teniendo lugar. “Se da una fuerte manipulación de la atención, porque creemos que la vida es así, te parás en una esquina de Av. Corrientes  y hay mil cosas alrededor tuyo y de repente te detenés en una única información, rápidamente pasas a otra, y de pronto te encerrás en tu mundo, luego otros focos, de pronto mil focos” reflexiona Morais.

“Manifiesto Coca-Cola” se llama el texto de una de las escenas, que consta de frases cliché que son lanzadas por los intérpretes mientras juegan al fútbol. “Tiene que ver con las contradicciones que tenemos todos dentro y sobre un modo de hacerse cargo de las cosas muy hipócrita, del estilo de `salvemos al mundo del calentamiento global´” dice Morais, autor de las líneas. Otra escena fuerte, que hace transitar al público por emociones contrapuestas en un lapso corto de tiempo, es la del Increíble Hulk. En un principio se escuchan risas, hasta que el silencio se va a apoderando de la situación, por el atroz reflejo de la violencia que nos acosa en las relaciones cotidianas.

El cuestionamiento disparador era el de ellos como artistas en el escenario. Rechazaban la idea de ser poseedores de una información que el público debía recibir. El objetivo era de ruptura, con las jerarquías escénicas, con el rol del público, con la estructura de una obra. “No queríamos bajar una determinada línea o representar algo acabado, no queríamos transmitir información, queríamos compartir sensaciones” afirma Morais. Pero el objetivo no era inicialmente crear un espectáculo, fue un proceso paulatino en que el trabajo fue cobrando un sentido (o varios) hasta llegar al escenario por decantación. “No nos proponíamos hacer una cosa distinta, súper radical. Ni tampoco queríamos que fuese un laburo que necesitara una charla posterior para explicarlo. Queríamos provocar algo en la gente, que no pudiesen abandonar la sala sintiéndose indiferentes. Porque nosotros mismos como intérpretes estamos presentes en cada momento de la obra a full, y nos vamos con mucha energía, queriendo más” confiesa Morais.

El jueves 17 de junio se desarrolló su última función en la  Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación, pero con el incentivo de ProTeatro, ya están en busca de un nuevo destino. El primer jueves de mayo cuando se estrenó “El Milagro” el público enmudeció por el impacto.  La prensa tardó en alzar la voz, pero los creadores estaban conformes, con la sensación de haber transitado una experiencia muy fuerte. A la semana siguiente, la historia fue otra. El público con cada función que pasa se anima a más y se involucra en el devenir de las escenas, y los intérpretes, relajados, dejan que florezca con intensidad la esencia del trabajo hecho. Las respuestas fueron muy positivas, como la de un maestro de danza que salió muy conmovido y les escribió que no podía hacerles una devolución, porque sentía que como público era tan responsable de la obra como ellos. Objetivo cumplido.

Creadores: Leandro Valle (Brasil); Lucía Lacabana (Venezuela); Guilherme Morais (Brasil); Santiago Dragani (Argentina); José Antonio Más Morales (Cuba)

Directora y creadora: Gabily Anadón (Argentina)

Cantante: Julieta Rosso (Argentina)

Para estar al tanto de los nuevos destinos de la obra y ver videos relacionados:

www.centrocultural.coop/videos/el-milagro.html

www.elmilagrolapieza.blogspot.com